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La población parisina se refresca en el Canal Saint-Martin en una de las olas de calor vividas este veranoEuropa Press

Medio ambiente

Qué son las redes de frío urbano que propone la izquierda francesa en lugar del aire acondicionado

Las sucesivas olas de calor en el país vecino han generado un intenso debate político sobre cómo afrontar las altas temperaturas

Este verano, Francia ha vivido varias olas de calor que comenzaron ya en el mes de mayo y que han achicharrado al país. La ministra de Deportes informó esta semana de que al menos 301 personas habían fallecido como consecuencia de las altas temperaturas este período estival, lo que supone un 14 % más que el año anterior.

Uno de los factores que explican esta mortalidad es el hecho de que el país no está preparado para soportar temperaturas por encima de 40 grados durante tantos días consecutivos. El aire acondicionado, muy común en España, es difícil de encontrar en el país vecino, que carece de esta forma de refrigeración en hogares, edificios públicos o transporte.

Además, en ciudades como París, las viviendas tampoco cuentan con persianas, contraventanas o toldos, por lo que era muy difícil mantener las casas frescas y algunos tiraron de ingenio cubriendo las ventanas con mantas térmicas o colchas.

Ante esta situación, el calor se ha instalado también en la conversación política y las soluciones para sobrellevarlo son diversas. Por un lado, la extrema derecha de Marine Le Pen defiende la instalación masiva de aire acondicionado como respuesta urgente al calor extremo. Su plan, valorado en unos 20.000 millones de euros, contempla la instalación de unos 20 millones de equipos en todo el país, incluidos colegios, hospitales y residencias de mayores. Le Pen ha llegado a afirmar que «es absurdo dejar que las personas se mueran de calor».

Por otro lado, la extrema izquierda de Jean-Luc Mélenchon sostiene que el aire acondicionado incrementa el consumo energético y expulsa calor al exterior, lo que contribuye a elevar las temperaturas urbanas. Su propuesta pasa por reforzar el aislamiento térmico de los edificios y apostar por redes de frío urbano, un sistema que funciona de forma similar a la calefacción central, pero en sentido inverso, mediante tuberías refrigeradas alimentadas por fuentes naturales como ríos. Esta tecnología, aunque poco conocida, ya se aplica en alrededor de 1.500 edificios en el país.

Desde el Gobierno francés del presidente Emmanuel Macron, por su parte, intentan navegar entre dos aguas. «El debate no es estar a favor o en contra. Sería absurdo oponerse al aire acondicionado por principio y dogmatismo, pero no puede ser el alfa y el omega de la adaptación al cambio climático», declaró el actual ministro delegado encargado de la Transición Ecológica, Mathieu Lefèvre, en la radio RMC.

¿Qué son las redes de frío urbano?

Visto que todo el mundo sabe ya qué es el aire acondicionado, vamos a centrarnos en la propuesta de la ultraizquierda francesa. Las redes de frío urbano que, como hemos dicho, ya están presentes en 1.500 edificios del país, consiste en sistemas centralizados que producen y distribuyen agua fría a través de tuberías subterráneas para climatizar múltiples edificios en barrios o ciudades enteras, evitando así la necesidad de instalar aires acondicionados individuales.

Su funcionamiento se basa en tres elementos principales: la central de generación, la red de tuberías y las subestaciones. La central de generación produce la energía térmica necesaria para cubrir la demanda de los usuarios. Para generar frío, lo habitual es emplear equipos de refrigeración alimentados con electricidad.

Una vez producida la energía, el frío se transporta mediante una red de tuberías aisladas, diseñada para reducir al mínimo las pérdidas térmicas. El agua actúa como vehículo de la energía y la distribuye hasta los edificios conectados. La infraestructura se organiza en redes troncales, ramales y acometidas que llegan directamente a cada inmueble. Además, incorpora sistemas para detectar posibles fugas.

El tercer elemento son las subestaciones, encargadas de adaptar la presión y la temperatura del fluido a las necesidades de cada edificio. También incorporan sistemas de regulación, control y medición del consumo, necesarios para gestionar el suministro y calcular la facturación.

Tal y como explican desde Engie, las redes de calor y frío se definen como eficientes por la Unión Europea cuando incorporan más de un 50 % de energía renovable o residual. Con este objetivo, estos sistemas han ido evolucionando, disminuyendo las temperaturas de suministro de calor para poder aumentar la eficiencia energética e incorporar energías renovables y locales.

Poe ende, esta solución se puede aplicar a las ciudades para mitigar el calor, pero su principal inconveniente reside en la altísima inversión inicial y la complejidad que implica su infraestructura. Aunque son sistemas muy eficientes para climatizar ciudades de forma sostenible, su despliegue masivo enfrenta barreras económicas, técnicas y urbanísticas muy estrictas, por lo que la propuesta francesa está condenada al fracaso.