Vista general del lecho del río Mandrare, en la región de Anosy, en Madagascar
El fenómeno El Niño se intensificará hasta alcanzar su máximo en diciembre
La ONU advierte de que no será una cuestión limitada al Pacífico, sino que alterará la circulación atmosférica a gran escala y modificará los patrones habituales de temperatura y precipitaciones en distintas partes del planeta
El fenómeno El Niño copa ya los titulares de medio mundo debido a su intensidad, que va ya in crescendo a gran velocidad y que en los próximos meses podría culminar con episodio extraordinario. La Organización Meteorológica Mundial (OMM) prevé que las aguas superficiales del Pacífico tropical central y oriental alcancen durante el último trimestre de 2026 temperaturas nunca vistas desde que existen registros, con una anomalía que podría llegar a 3,7 grados por encima de lo habitual.
El dato corresponde al periodo comprendido entre octubre y diciembre y convierte al actual episodio de El Niño en uno de los más extremos de las últimas décadas. De cumplirse las previsiones, la temperatura del océano alcanzaría su máximo alrededor de diciembre, superando ampliamente el anterior récord registrado durante el episodio de 2015-2016, cuando la anomalía llegó a 2,6 grados.
La OMM advierte además de que el fenómeno no será una cuestión limitada al Pacífico. El Niño altera la circulación atmosférica a gran escala y puede modificar los patrones habituales de temperatura y precipitaciones en distintas partes del planeta. El resultado puede traducirse en un aumento del riesgo de sequías e inundaciones, además de episodios de temperaturas especialmente elevadas.
La evolución de las aguas del Pacífico ya refleja la intensidad del fenómeno. El índice Niño 3.4, utilizado para medir la temperatura superficial del océano en la zona donde se desarrolla El Niño, pasó de registrar una anomalía de 1,6 grados en junio a 2,5 grados en agosto de 2026. Los modelos apuntan ahora a un nuevo y pronunciado ascenso.
La secretaria general de la OMM, Celeste Saulo, ha advertido de que el episodio podría encontrarse entre los más intensos observados desde, al menos, 1950. Según los pronósticos manejados por la organización, existe además una probabilidad cercana al 100 % de que El Niño continúe activo hasta febrero de 2027.
El océano como reserva de calor
Una de las claves para entender la posible intensidad de este episodio se encuentra en el enorme volumen de energía acumulado en el océano. El Niño no genera por sí mismo calor adicional para el planeta, sino que favorece que parte del calor almacenado en las capas profundas del océano ascienda hacia la superficie y pase a la atmósfera.
Esto explica por qué los grandes episodios de El Niño suelen coincidir con algunos de los años más cálidos registrados a escala mundial. Saulo recordó que algo similar ocurrió en 2024, cuando el fenómeno contribuyó a liberar parte de ese calor oceánico.
Ahora, además, las aguas del Pacífico donde se desarrolla El Niño presentan temperaturas extraordinariamente elevadas. «Hay más calor que puede liberarse», señaló la responsable de la OMM durante el Foro Mundial sobre el Calor celebrado en Bangkok.
El Pacífico no será, sin embargo, el único océano a vigilar durante los próximos meses. El dipolo del océano Índico también podría entrar en una fase positiva y alcanzar su máxima intensidad en octubre, antes de comenzar a debilitarse. Para el trimestre octubre-diciembre se espera una anomalía de alrededor de 0,5 grados. A esto se suma la previsión de que las aguas superficiales de la zona ecuatorial del Atlántico permanezcan también por encima de los valores habituales.
La combinación de estos patrones oceánicos ayudará a determinar cómo se comportará el clima durante los próximos meses. La OMM advierte de que El Niño suele elevar las temperaturas globales y modificar las precipitaciones, aunque sus efectos no son iguales en todas las regiones. Precisamente por ello, el seguimiento de estos fenómenos resulta fundamental para anticipar posibles episodios extremos y preparar a las poblaciones más expuestas.