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Punto SIGRE en una farmaciaSIGRE

La importancia de reciclar los medicamentos: «El desagüe es el principio de un nefasto viaje»

Su tratamiento incorrecto puede derivar en una mayor resistencia a los antibióticos o la contaminación de ríos y suelos

Un cajón lleno de medicamentos. A cualquiera le puede sonar este concepto, ya que en buena parte de los hogares se tiende a acumular tratamientos a medio terminar o pastillas que entran dentro del famoso «por si acaso». Y lo que acaba ocurriendo es que muchos de estos fármacos terminan por caducarse. Es aquí donde muchas personas yerran y se deshacen de los ellos como si de cualquier otro residuo se tratase, tirándolos por el desagüe, por el inodoro, a la basura orgánica o separándolo en los diferentes contenedores de reciclaje.

Pero el correcto tratamiento de estos residuos es más importante de lo que pensamos, ya que permite proteger nuestra salud, cuidar el medio ambiente y aprovechar mejor los recursos naturales. Miguel Vega, director general de Sigre, explica a El Debate que los ciudadanos deberían revisar periódicamente el botiquín doméstico y llevar al Punto Sigre de la farmacia los medicamentos caducados, los que ya no necesitamos y sus envases, aunque estén vacíos.

Sigre es una entidad sin ánimo de lucro creada precisamente por la industria farmacéutica –aunque con la colaboración de las farmacias y la distribución– para cerrar adecuadamente el ciclo de vida del medicamento y su envase, con todas las garantías medioambientales y sanitarias. Para ello, cuenta con puntos de reciclaje en todas las farmacias de España (más de 22.200), así como cooperación de 400 compañías y 145 almacenes de la distribución farmacéutica.

Pese a que esta institución lleva más de 25 años trabajando, aún muchas personas desconocen qué hacer con los medicamentos que no usan o están caducados, por ello insisten en la necesidad de hacer pedagogía.

Por ello, Vega recomienda retirar del hogar los medicamentos que ya no vamos a utilizar porque «reduce el riesgo de consumirlos por error, recurrir a la automedicación con restos de tratamientos anteriores o sufrir accidentes domésticos». Desde la perspectiva ambiental, si se reciclan correctamente «evitamos que los principios activos que contienen puedan llegar a nuestros ríos y suelos, al tiempo que facilitamos la recuperación y el reciclaje de los materiales de sus envases», destaca.

«El mensaje que queremos trasladar es sencillo: el uso responsable de un medicamento no termina cuando finaliza el tratamiento, sino cuando sus residuos se gestionan correctamente a través del Punto Sigre de la farmacia», sentencia Vega.

En la misma línea apunta el ambientólogo Javier Clemente, que es además divulgador medioambiental en redes sociales. Según explica a El Debate, reciclar los fármacos es de suma importancia porque estos «no dejan de ser sustancias activas cuando caducan o cuando ya no los necesitas». Ante la pregunta de qué ocurre cuando estos fármacos terminan arrojándose por el sumidero o el váter, el experto subraya que el desagüe «no es el final del camino para los medicamentos, sino el principio de un nefasto viaje», ya que lo que se tira por ahí llega a las depuradoras, que no están preparadas para tratar estos residuos. Esto hace que se hayan encontrado, por ejemplo, restos de diclofenaco, el principio activo de un antiinflamatorio muy común, en peces de ríos como el Ebro, el Llobregat, el Júcar o el Guadalquivir.

Gesto cotidiano para proteger la salud y el medio ambiente

Entre los riesgos que más preocupan a los especialistas se encuentra la propagación de las resistencias antimicrobianas. La presencia de residuos de antibióticos en el medio ambiente puede favorecer condiciones que contribuyan a la aparición y difusión de bacterias resistentes, uno de los grandes desafíos para la salud pública.

Miguel Aguado, titulado en Enfermería y divulgador ambiental, asegura a este periódico que el principal problema reside en que algunas sustancias farmacéuticas pueden afectar a organismos acuáticos, alterar procesos biológicos y contribuir a problemas como esa aparición y propagación de resistencias a los antibióticos. «No todos los medicamentos tienen el mismo impacto, pero la exposición continuada a determinadas sustancias, incluso en concentraciones bajas, puede generar efectos ambientales», expone.

El camino que siguen los fármacos

El sistema de reciclaje de Sigre permite, además, recuperar materiales de los envases. Según los datos facilitados por la entidad, en 2025 se recogieron 5.397.903 kilos de envases vacíos o con restos de medicamentos, un 5,16 % más que el año anterior. De los materiales de los envases recogidos, el 74,93 % se destinó a reciclaje, de modo que pudieron volver a utilizarse como materias primas.

El proceso comienza cuando los ciudadanos depositan los residuos en los contenedores de las farmacias. La distribución farmacéutica los recoge aprovechando sus rutas habituales de reparto y los traslada a instalaciones donde se clasifican los diferentes materiales. Los restos de medicamentos reciben un tratamiento específico para garantizar su eliminación segura. Vega aclara, además, que los fármacos depositados en estos puntos no se reutilizan ni se destinan a donaciones.

Sin embargo, persisten dudas sobre qué debe depositarse en estos contenedores. Los tres especialistas coinciden en que no solo hay que llevar los medicamentos caducados o los que han sobrado de un tratamiento: también deben depositarse sus envases, aunque estén vacíos, junto con las cajas y los prospectos. Por ello, no deben arrojarse al contenedor azul las cajas de cartón, al amarillo los blísteres ni al verde los frascos de medicamentos. Este punto es uno de los más conflictivos, y es que, según Aguado, el error más habitual es pensar que, si un medicamento está vacío, su envase puede ir al contenedor correspondiente cuando debe depositarse en el Punto Sigre.

En cambio, agujas, termómetros, radiografías, pilas y otros residuos sanitarios o domésticos no deben introducirse en el punto situado en las farmacias, salvo las excepciones específicas previstas para determinados dispositivos. Estos productos requieren otros canales de gestión.

La recomendación de Vega es revisar el botiquín cada seis meses y consultar al farmacéutico ante cualquier duda. Un hábito sencillo que evita que sustancias diseñadas para tratar enfermedades terminen contaminando el entorno y que permite aprovechar mejor los recursos. Porque, como recuerda Aguado, «proteger el agua también significa evitar que contaminantes que podemos controlar lleguen a ella».