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Rascacielos en Barcelona

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La mayor red urbana de calor y frío del sur de Europa está en España y funciona con agua del mar

Gracias a esta tecnología, el sistema permite reducir en torno a un 90 % el consumo energético de origen fósil respecto de los sistemas convencionales de climatización

Este verano, tras las elevadas temperaturas vividas en Europa, muchos países hicieron brainstorming de posibles medidas a tomar en las grandes urbes para mitigar los efectos del calor. En Francia, por ejemplo, la derecha política defendía la instalación masiva de aires acondicionados, mientras que la izquierda hacía lo propio con las redes de frío urbano, un concepto que no estaba del todo integrado en el conocimiento colectivo.

Se trata de un sistema que funciona de forma similar a la calefacción central, pero en sentido inverso, mediante tuberías refrigeradas alimentadas por fuentes naturales como ríos o el agua del mar.

En París, por ejemplo, ya se aplica en más de 1.500 edificios, pero son países como Finlandia y otros de su entorno los que más lo utilizan, sobre todo para calentar los hogares. En el sur de Europa, la mayor red urbana de calor y frío se sitúa en la ciudad española de Barcelona.

El sistema da servicio a algunos de los equipamientos más representativos de la ciudad, entre los cuales está el Hospital del Mar, el centro comercial Glòries, el Museo del Diseño, edificios del entorno del Fòrum y numerosos equipamientos empresariales, educativos y tecnológicos.

Esto ocurre gracias a la construcción de la nueva Central Bogatell, enclavada en pleno barrio de Poblenou y construida de forma subterránea para integrarse en el entorno urbano, según informan desde el Ayuntamiento de Barcelona. Esta acción ha supuesto una inversión de 47 millones de euros y genera frío de alta eficiencia mediante el aprovechamiento del agua del mar.

Según explica el consistorio de la Ciudad Condal, gracias a esta tecnología, el sistema permite reducir en torno a un 90 % el consumo energético de origen fósil respecto de los sistemas convencionales de climatización. Solo en el año 2025, Districlima evitó la emisión a la atmósfera de unas 36.000 toneladas de CO₂.

¿Qué son las redes de frío urbano?

Las redes de frío urbano son sistemas centralizados capaces de producir y distribuir agua fría mediante tuberías subterráneas para climatizar varios inmuebles de un mismo barrio o incluso zonas enteras de una ciudad. De este modo, se reduce la necesidad de que cada edificio disponga de sus propios equipos de aire acondicionado o calefacción.

Su funcionamiento se articula en torno a tres elementos principales: la central de generación, la red de distribución y las subestaciones. En la primera se produce la energía térmica necesaria para atender la demanda de los edificios conectados. En el caso del frío, lo habitual es recurrir a equipos de refrigeración que funcionan con electricidad.

Una vez generado, el frío o el calor se distribuyen a través de una red de tuberías aisladas, diseñada para minimizar las pérdidas térmicas durante el recorrido. El agua actúa como vehículo de esa energía y la transporta hasta los inmuebles conectados al sistema. La infraestructura se estructura en redes troncales, ramales y acometidas que permiten llevar el suministro directamente a cada edificio. Además, incorpora mecanismos destinados a detectar posibles fugas y garantizar el correcto funcionamiento de la instalación.

El último elemento son las subestaciones, situadas en los propios edificios. Su función es adaptar la presión y la temperatura del agua a las necesidades concretas de cada inmueble. También integran los sistemas de regulación, control y medición que permiten gestionar el suministro y determinar el consumo para su posterior facturación.

Según explica Engie, la Unión Europea considera eficientes las redes de calor y frío cuando incorporan más de un 50 % de energía renovable o residual. En los últimos años, estos sistemas han evolucionado precisamente en esa dirección, reduciendo las temperaturas de suministro en las redes de calor para mejorar su rendimiento e integrar fuentes de energía renovables y de proximidad.

Sobre el papel, estas infraestructuras pueden convertirse en una herramienta para reducir el consumo energético y combatir el calor y el frío en las ciudades. Sin embargo, su implantación también presenta importantes dificultades. La principal es la elevada inversión inicial, a la que se suma la complejidad técnica y urbanística de desplegar una red de tuberías bajo zonas ya construidas.

Aunque pueden ofrecer una alternativa eficiente para climatizar grandes áreas urbanas, extenderlas de forma masiva requiere adaptar calles, edificios e instalaciones existentes, además de asumir unos costes de construcción muy elevados. Por ello, trasladar este modelo a gran escala plantea importantes barreras económicas, técnicas y urbanísticas que dificultan su implantación generalizada.

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