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Embalse de Cortes (Valencia)

Embalse de Cortes (Valencia)Iberdrola

Dentro de la central de bombeo más grande de Europa: así funciona la gigantesca batería de agua escondida en una montaña

Cortes-La Muela es el complejo de energía hidroeléctrica más grande del Viejo Continente y es capaz de alimentar la demanda eléctrica anual de casi 600.000 hogares

Entre frondosos bosques de carrascas, enebros y pinos, típicos de la vegetación mediterránea interior, se encuentra en el occidente de la provincia de Valencia un embalse clave en España, pero que pocos conocen su funcionamiento. La gran masa de agua del río Júcar que constituye el embalse de Cortes abastece a la central de bombeo más grande de Europa, la de La Muela que, escondida en la montaña, ejerce como una gigantesca batería que almacena energía utilizando agua y la fuerza de la gravedad.

Coincidiendo con el Día Mundial del Almacenamiento de Energía, que se celebra este 22 de septiembre, El Debate ha pasado un día dentro de esta gran obra civil que representa la utilidad e importancia de las centrales de bombeo para avanzar en el camino hacia la energía limpia. Pero, ¿qué es exactamente este tipo de central y cómo funciona?

Las centrales hidroeléctricas de bombeo funcionan como enormes «baterías naturales» instaladas en el curso de un río: cuando la demanda eléctrica es baja, aprovechan ese excedente de energía para bombear agua desde un embalse inferior hasta otro embalse o depósito situado a mayor altura. Después, cuando el consumo eléctrico repunta, esa agua acumulada se deja caer de nuevo hacia abajo, poniendo en marcha las turbinas que generan electricidad. Al basarse simplemente en la gravedad y en el propio ciclo del agua, se trata de una tecnología renovable, eficiente y completamente limpia.

En el caso concreto de La Muela, se trata de una de las centrales de bombeo más grandes del mundo, en funcionamiento desde hace 40 años y ampliada por última vez en 2015. Cuenta con una potencia superior a los 1.800 MW y aprovecha un desnivel de 500 metros entre el depósito artificial de La Muela y el Embalse de Cortes de Pallás para generar energía eléctrica.

Embalse de Cortes visto desde el depósito situado en lo alto de la montaña

Embalse de Cortes visto desde el depósito situado en lo alto de la montañaIberdrola

En esta línea, durante el día –momento en el que suele haber excedente energético gracias sobre todo a la fotovoltaica– bombean esa agua desde el embalse hacia el depósito superior. Cuando hay menos producción verde, normalmente por las noches, se turbina el agua aprovechando ese desnivel y se genera igualmente energía renovable.

Lo más impresionante de esta central es el hecho de que esas turbinas que permiten aprovechar el desnivel se encuentran dentro de la montaña, en lo que se conoce como caverna, un gran espacio excavado en el interior del cerro. Una carretera se adentra en la montaña y, tras descender unos 800 metros, encontramos las centrales de La Muela I y La Muela II, para cuya construcción se horadaron 635.000 m3 y 270.000 m3, respectivamente.

Dentro de las cavernas, los operarios de la central –que tienen casas a su disposición en la zona para poder vivir– trabajan en las tres plantas que la componen. Los cuatro grupos de turbinas reversibles son las grandes protagonistas, y es que su gran velocidad de giro y el sonido que producen captan las miradas de todo aquel visitante no acostumbrado a ello.

Evita la emisión de 160.000 toneladas de CO2 cada año

En estas dos centrales hidroeléctricas, el embalse inferior se conecta con el depósito superior mediante dos tuberías forzadas que salvan el desnivel de 500 metros: una de 4,80 metros de diámetro y 950 metros de longitud en La Muela, y otra de 5,45 metros de diámetro y 850 metros de longitud en La Muela II.

En el caso concreto de la central de Cortes-La Muela, la energía que produce a lo largo de un año convierte al depósito superior en una auténtica gigabatería, capaz de cubrir la demanda eléctrica anual de casi 600.000 hogares y de evitar la emisión de 160.000 toneladas de CO2 cada año.

Gran inversión inicial

El potencial es considerable, pero levantar una central de bombeo exige tiempo y una inversión elevada. Según explican desde Iberdrola, empresa que explota el complejo valenciano, desde que comienza la tramitación de un proyecto hasta que la instalación entra en funcionamiento pueden transcurrir alrededor de diez años, de los que unos seis corresponden exclusivamente a las obras.

Además, en el caso de centrales ya existentes es necesario contar con un periodo de concesión suficientemente amplio para poder recuperar el coste de las nuevas infraestructuras. Una central de bombeo puede requerir una inversión cercana a los 1.000 millones de euros, de ahí la importancia de disponer de un marco regulatorio que proporcione estabilidad a largo plazo.

España cuenta actualmente con unos 6,5 GW de capacidad de almacenamiento mediante bombeo, pero la expansión de las energías renovables está aumentando la necesidad de disponer de sistemas capaces de almacenar la electricidad cuando la producción supera la demanda.

Su principal ventaja frente a las baterías convencionales está en la duración. Mientras las baterías suelen estar diseñadas para proporcionar energía durante unas pocas horas, una central de bombeo puede mantener su producción durante periodos mucho más prolongados. La Muela, por ejemplo, dispone de una autonomía de alrededor de 16 horas y una capacidad de almacenamiento de unos 24 GWh.

En un país con un enorme potencial renovable, el agua se convierte así en una pieza más del sistema de almacenamiento: una batería que no depende de combustibles fósiles, que puede funcionar durante largos periodos y que, además, puede aprovechar infraestructuras hidráulicas que ya forman parte del paisaje español.

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