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Paquetes de AmazonEuropa Press

Inundada por paquetes de Amazon que nunca encargó: el calvario de una vecina de 79 años

Pat Hurley de Elgin (Illinois) ha recibido más de cien paquetes de Amazon que nunca encargó, con otro nombre en las etiquetas y durante meses seguidos; la compañía ha pedido disculpas y ha abierto una investigación

La normalidad con la que un repartidor de Amazon llama a la puerta puede volverse una pesadilla como la que ha sufrido una vecina de Elgin, en el estado de Illinois (EE.UU.). Desde el verano pasado han llegado a la puerta de su casa más de un centenar de paquetes que ella nunca había pedido. La afectada, Pat Hurley, de 79 años, ni siquiera dispone de cuenta en esta plataforma de comercio electrónico, pero se ha visto desbordada por una avalancha de cajas con su dirección y el nombre de otra persona en la etiqueta. Amazon ya ha abierto una investigación interna después de la denuncia de la afectada que ha vivido una situación digna de un guion de película.

Según explicó la propia Hurley a la cadena ABC7 Chicago, los envíos comenzaron el pasado verano y, lejos de tratarse de un error aislado, se convirtieron en una rutina inquietante. En algunos días llegó a recibir hasta veinte paquetes, que se acumulaban en la entrada de su vivienda, lo que dificultaba la movilidad y la obligaba a convivir con un volumen de mercancía que no podía manejar por sí sola.

Problemas de movilidad

ABC7 Chicago explica que la mujer sufre una discapacidad física y los bultos eran demasiado pesados para levantarlos o moverlos con facilidad, lo que incrementó su sensación de vulnerabilidad. «Estoy discapacitada, sola en la casa, y todo esto está pasando. Empiezo a ponerme nerviosa. No sabes lo que ocurre en este mundo», relató, preocupada por la posibilidad de que alguien apareciera reclamando los paquetes o intentando aprovecharse de la situación.

Hurley asegura que avisó en varias ocasiones a Amazon para informar de lo que sucedía, pero, pese a sus quejas, durante meses siguieron llegando cajas a su domicilio con productos que ella no había solicitado. El goteo constante de entregas transformó lo que podría parecer una anécdota logística en un auténtico quebradero de cabeza, especialmente para una persona mayor y con movilidad reducida.

Dos furgonetas de reparto de AmazonEuropa Press

La situación empezó a reconducirse a finales de febrero de 2026, cuando un conductor de Amazon acudió por fin a su casa para recoger los paquetes acumulados, según imágenes facilitadas por el hijo de la afectada a ABC7. En esas fotografías se aprecia cómo el empleado carga varias cajas en el vehículo de reparto, poniendo fin, al menos de momento, a la escena de una puerta bloqueada por envíos ajenos.

En declaraciones a la cadena estadounidense, Amazon pidió disculpas a Pat Hurley por las molestias causadas y aseguró que ha iniciado una investigación para aclarar qué hay detrás de este inusual caso. La compañía ha señalado que trabaja en una «solución a largo plazo» que permita evitar que situaciones similares se repitan, aunque no ha ofrecido por ahora más detalles sobre el origen de los pedidos o sobre posibles fraudes asociados.

Indefensión

El misterio de los paquetes deja una inquietud tecnológica porque la afectada no usa la plataforma ni realizó compras, lo que abre la puerta a hipótesis como errores en la base de datos, perfiles mal configurados o incluso intentos de aprovechar direcciones reales para deshacerse de stock o manipular reseñas, un problema que expertos en comercio electrónico han detectado en otros mercados. En cualquier caso, el caso de Hurley pone el foco en la indefensión en la que pueden quedar los consumidores, especialmente los más mayores, ante errores o abusos en los sistemas de grandes plataformas globales.

Hurley y su hijo han mostrado alivio al ver cómo los paquetes abandonaban por fin la vivienda, después de meses de insistencia. Sin embargo, la familia espera que la investigación de Amazon arroje luz sobre lo sucedido y, sobre todo, que se implementen medidas para que ninguna otra persona se vea atrapada en una cadena interminable de envíos no solicitados que convierta su hogar en un improvisado almacén.

Mientras Amazon revisa el caso, la vecina de Elgin intenta recuperar la normalidad tras un episodio que muestra los riesgos de una logística automatizada que no siempre tiene en cuenta la fragilidad de quienes están al otro lado de la puerta.