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Calidad del aire en un domicilio de Madrid

Incendios en Madrid

«Huele a quemado hasta en el salón»: la tecnología que descubre el aire irrespirable en las casas alejadas del incendio

Mientras el fuego arrasa la Sierra Oeste de Madrid, a decenas de kilómetros de distancia, en Coslada, un purificador Dyson marca niveles altos de partículas de humo

Nada en el horizonte de Coslada recuerda a un incendio. No hay llamas, ni columnas de humo visibles a simple vista, quizá algo del resplandor naranja que sí se aprecia desde los pueblos de la Sierra Oeste. Y sin embargo, en el salón de una vivienda de este municipio del este de Madrid, un purificador Dyson enciende su pantalla circular y marca 58 microgramos por metro cúbico de PM2,5, en la franja amarilla de su medidor. El aparato, pensado para detectar en tiempo real la calidad del aire que se respira en casa, se ha convertido estos días en un testigo de algo que muchos madrileños se preguntan: ¿por qué, a más de 50 kilómetros del fuego, el aire también resulta irrespirable?

El polvo del humo de los incendios sobre un coche en CosladaCR

La respuesta está en el cielo. Los incendios que desde el jueves arden en Chapinería, Navas del Rey, Colmenar del Arroyo, Fresnedillas de la Oliva, Robledo de Chavela, Navalagamella, Valdemaqueda, Aldea del Fresno, Zarzalejo y Peralejo se han fusionado en un único frente que ya supera las 12.000 hectáreas calcinadas, según reconoció el consejero de Medio Ambiente, Carlos Novillo, quien admitió que el fuego se encuentra «fuera de capacidad de extinción». La columna de humo generada por este incendio y por el de Burgohondo, en Ávila, ha llegado a divisarse por satélite hasta el Mediterráneo, a la altura de Tarragona.

Un purificador Dyson que marca niveles altos por metro cúbico de PM2,5

El humo ha cubierto distritos tan alejados del foco como Chamartín, Vallecas, Moncloa o Carabanchel, y ha llegado a activar alarmas antiincendios en edificios de oficinas de la capital, a decenas de kilómetros de las llamas. «Es increíble el olor a quemado y el humo que hay ya en la ciudad de Madrid. Y estamos a 50 o 60 km», escribían en redes sociales varios usuarios el pasado viernes.

Ambiente irrespirable

En Coslada, vecinos consultados describen un ambiente «irrespirable» desde la noche del viernes. «Se nota un olor a humo muy fuerte, como si tuvieras una barbacoa encendida al lado de casa, y por la noche hemos visto pavesas pasar por delante de la ventana», relata una residente de la localidad. Otro vecino, que suele dormir con la ventana abierta por el calor, asegura que «el purificador se puso en rojo a medianoche, sin que hubiéramos notado nada raro hasta que miramos la pantalla». Es precisamente ahí donde entra en juego la tecnología ya que sensores capaces de medir partículas PM2,5 (las más peligrosas, por su capacidad de penetrar en el sistema respiratorio) y avisar cuando el aire de una vivienda, por lejana que esté del incendio, se ha degradado sin que sus ocupantes lo perciban a simple vista.

El problema es la disyuntiva de cada verano en la que con temperaturas de hasta 33 grados, muchos hogares dependen de la ventilación natural para refrescarse, justo lo que las autoridades desaconsejan durante este episodio de incendios. El Ayuntamiento de Madrid ha recomendado mantener puertas y ventanas cerradas y evitar «toda ventilación de la casa» para preservar un ambiente sano en el interior, mientras que el Ministerio de Sanidad alerta de que las partículas PM2,5 del humo pueden tener una toxicidad superior a la del tráfico rodado.

La marca británica Dyson es la única del mercado con purificadores equipados con sensores láser de partículas que sustituyen a la intuición del olfato y permiten decidir si conviene cerrar una ventana, activar la purificación o directamente evitar ventilar la vivienda. En un episodio como el actual, con la Comunidad de Madrid bajo aviso por deterioro de la calidad del aire y estaciones de la red autonómica marcando picos superiores a los 190 microgramos por metro cúbico en la Sierra, estos sensores domésticos se han convertido en un termómetro casero de una crisis que ha llegado a localidades muy lejanas a los municipios evacuados.