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Mark Zuckerberg se ha convertido en aliado de Trump

Mark Zuckerberg se ha convertido en aliado de TrumpDPA vía Europa Press

Crisis de la IA

La alianza sanitaria de Zuckerberg con Trump que explica su apuesta por acelerar la IA

El CEO de Meta rechaza ralentizar la inteligencia artificial mientras refuerza su colaboración científica con la Administración Trump. Su apuesta por acelerar contrasta con las cautelas de otros líderes tecnológicos y abre un debate sobre quién debe controlar una tecnología cada vez más poderosa

Mark Zuckerberg no quiere pisar el freno. El fundador de Meta asegura que su compañía ha alcanzado a sus principales rivales en inteligencia artificial y está dispuesto a seguir invirtiendo para disputarles el liderazgo. Su postura contrasta con la de otros nombres del sector, como Sam Altman, Elon Musk y Dario Amodei, que reclaman más tiempo para comprobar que los sistemas más potentes pueden desarrollarse con seguridad.

«Meta ha alcanzado a sus rivales». Esa es la idea que Zuckerberg ha trasladado en una entrevista con Financial Times coincidiendo con la presentación de Muse Wonder, su nuevo modelo. El empresario sitúa a la compañía en la «frontera» de la IA, una expresión con la que el sector identifica a las herramientas más avanzadas. Se trata, en cualquier caso, de una valoración del propio Zuckerberg, no de una certificación independiente de que Meta haya superado a sus competidores.

El mensaje hay que entenderlo como una reflexión empresarial. Después de invertir cantidades multimillonarias en infraestructura y contratar investigadores, Zuckerberg quiere demostrar que Meta puede competir con OpenAI y Anthropic. No considera que este esfuerzo deba desembocar ahora en una pausa colectiva, al contrario, anticipa que el desarrollo de sus modelos «probablemente se acelerará bastante a partir de ahora».

Los gigantes no se ponen de acuerdo

Zuckerberg sostiene que cada empresa debe responder por la seguridad de sus productos y decidir cuándo están preparados para salir al mercado. En septiembre explicó que Meta había retrasado durante meses el lanzamiento de su agente Muse para mejorar sus controles. Lo que rechaza es pedir a los demás laboratorios que se detengan mientras una compañía resuelve sus dificultades.

Zuckerberg sostiene que cada empresa debe responder por la seguridad de sus productos

Dario Amodei, consejero delegado de Anthropic, plantea una respuesta distinta. El pasado 12 de septiembre pidió reducir el ritmo al que aumentan las capacidades de los modelos para que las medidas de seguridad no queden rezagadas. Su propuesta incluye evaluaciones independientes y coordinación entre empresas y gobiernos. No reclama renunciar a la IA, sino ganar tiempo para entender y controlar sus avances antes de dar el siguiente salto.

Sam Altman, al frente de OpenAI, respaldó esa orientación y señaló que su compañía también había debatido cómo acompasar el progreso tecnológico. Elon Musk apoyó igualmente a Amodei, después de haber defendido en 2023 una pausa de seis meses. Demis Hassabis, responsable de Google DeepMind, se sumó a las llamadas a reducir el ritmo. La cautela procede, por tanto, de dirigentes cuyas empresas participan directamente en esta carrera.

Jensen Huang, consejero delegado de Nvidia, se encuentra más cerca de Zuckerberg. Ambos participaron en la preparación del acuerdo voluntario de seguridad promovido por la Casa Blanca. Huang considera que los problemas detectados en los agentes autónomos deben resolverse mediante mejoras técnicas. La discrepancia no está solo en reconocer los peligros, más bien está en decidir si afrontarlos exige una pausa de todos los actores o permite continuar mientras se perfeccionan los controles.

La apuesta sanitaria con Trump

Zuckerberg también tiene un argumento para defender los beneficios de avanzar: la investigación médica. El 7 de octubre, Biohub, la organización científica respaldada por él y su esposa, Priscilla Chan, anunció una colaboración con el Departamento de Energía estadounidense, los Institutos Nacionales de Salud (NIH) y varias compañías tecnológicas. El proyecto busca reunir datos biológicos abiertos que permitan entrenar modelos para comprender mejor el funcionamiento de las células y las enfermedades.

La iniciativa reúne compromisos por 1.800 millones de dólares, aunque no todo corresponde a nuevas aportaciones. Biohub destina 500 millones; el Departamento de Energía compromete más de 500 millones durante cinco años; y Google DeepMind, Isomorphic Labs y Meta aportarán conjuntamente 300 millones. Los NIH contribuirán con datos y recursos desarrollados gracias a una inversión federal previa superior a 500 millones.

El objetivo es construir una «célula virtual», un modelo informático que ayude a anticipar cómo responde una célula a distintas intervenciones. Los investigadores podrían utilizarlo para explorar hipótesis antes de llevarlas al laboratorio. La promesa es acelerar descubrimientos y facilitar la búsqueda de tratamientos.

Avanzar sin perder el control

La colaboración sanitaria es otro motivo por el que frenar también tendría costes potenciales ya que puede retrasar herramientas útiles para la ciencia.

La promesa médica no resuelve quién debe comprobar la seguridad de los sistemas

Zuckerberg defiende avanzar con compromisos empresariales y revisiones externas. Sus rivales piden más tiempo. La promesa médica no resuelve quién debe comprobar la seguridad de los sistemas ni qué autoridad puede exigir cambios cuando esos compromisos resulten insuficientes.

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