Maquinaria trabajando durante la cosecha de cereales en España
La tormenta perfecta que arruina al granero de España: «Nunca hemos tenido tantos problemas como ahora»
«La inmensa mayoría de la agricultura cerealista de Castilla y León trabaja a pérdidas o empatando», denuncia Donaciano Dujo, presidente regional de Asaja
La producción de cereal, ingrediente fundamental para la elaboración de todo tipo de alimentos –tanto para el consumo humano como para piensos–, depende principalmente de una región: Castilla y León.
El cereal encuentra en la comunidad castellanoleonesa su mejor entorno; sin embargo, de los 2 millones de hectáreas que se sembraban en años anteriores se ha pasado a los 1,6 millones de la última referencia
La feroz sequía que ha zarandeado las cosechas, la escalada de los costes de producción y el complejo panorama geopolítico expone a los agricultores cerealistas, que denuncian ser víctimas de un cúmulo de factores que arruina su trabajo.
«Desde la invasión de Rusia a Ucrania, las masivas importaciones que está haciendo España del cereal ucraniano libres de aranceles está tirando a la baja el precio de nuestra producción», explica en conversación con El Debate Donaciano Dujo, presidente de Asaja Castilla y León y uno de los rostros visibles de las protestas contra la tormenta perfecta que azota al sector.
La guerra no ha evitado que Ucrania mantenga su importancia agrícola. De hecho, las importaciones procedentes de Kiev se han triplicado y Ucrania se ha convertido en el primer proveedor de cereal de España.
«Por un lado se disparan los insumos y por otro hunden el precio. Sin rentabilidad cae la producción y esto hace que cada vez haya menos hectáreas en producción», explica Dujo, que habla de que están trabajando con precios de hace 40 años: «Sembrar una hectárea de cereal de secano vale alrededor de 750 euros y a lo que se paga necesitamos un rendimiento de 3.500 kilos por hectárea para no perder dinero. La mayoría de los años esto no se da».
El objetivo de levantar la rentabilidad para reducir los costes por hectárea implica, dentro de los límites establecidos, un mayor uso de fertilizantes. Europa tiene una necesidad de fertilizantes que no cubre con su producción, por lo que tiene que acudir al mercado. Rusia y Bielorrusia aparecen como dos de los vendedores recurrentes, pero la Comisión Europea ha presentado una propuesta para penalizar a estos rivales de la UE.
Según las previsiones de Asaja, la sanción a los fertilizantes rusos y bielorrusos aumentará entre 40 y 50 euros por tonelada el coste para los agrarios.
«La inmensa mayoría de la agricultura cerealista de Castilla y León trabaja a pérdidas o cubre costes, pero sin ganar dinero. El resultado es dramático. Nunca hemos tenido tantos problemas como ahora. Tampoco hay que pedir barbaridades, pero si a nosotros nos bajase la tonelada de fertilizante de 100 a 150 euros y el cereal se pagase más cerca de 300 euros por tonelada podríamos vivir dignamente. Así no, porque el cereal está casi 100 euros por debajo de lo que tenía que estar y los fertilizantes 100 euros por encima», asevera Dujo.
El portavoz de Asaja destaca la incertidumbre de los cerealistas, que desde que preparan la siembra hasta que cobran el fruto de su cosecha tienen que esperar año y medio. «Para el ganadero, los piensos subieron de precio cuando el cereal estuvo más caro al inicio de la guerra de Ucrania, pero luego no han bajado, o al menos en la misma proporción. Esto se traslada a todo lo que lleve cereal, como la barra de pan. Los únicos que pierden con esto son los productores y el consumidor, el resto de la cadena saca tajada», apunta.
La sensación para los cerealistas es que son ellos los que más sufren las consecuencias de la invasión rusa: «No es justo que se arruine al sector agrícola español. Con este panorama no salen las cuentas en los territorios basados en la agricultura profesional, como Castilla y León».
Dujo exige acción al Gobierno y que presione a las multinacionales, de fertilizantes, fitosanitarios y maquinaria para que no se enriquezcan a costa de los agricultores: «Necesitamos que los costes de producción bajen, que eso es bueno para todo el mundo y frenar la entrada masiva de cereales para que no se favorezcan productos de peor calidad que los nuestros y a precios tan bajos», concluye.