Porciones de sandía en un puesto de frutas y verduras en Sevilla
La maniobra de los supermercados para ganar más sin aumentar el precio en origen: «Pasa ahora con la sandía»
Los productores sostienen que la distribución distorsiona la demanda para mantener el coste de sus frutas en el campo
La llegada del calor es sinónimo de fruta de verano en España. El asentamiento de las altas temperaturas y el cambio de hábitos empuja al consumidor –aunque todavía reste casi un mes– a dos de los clásicos del estío, la sandía y el melón.
La mayor productividad y en consecuencia un menor coste de producción empuja a los agricultores a decantarse cada vez más por la sandía. La prolongación de las precipitaciones ha retrasado ligeramente la recepción de esta fruta en los lineales, aunque el estirón del mercurio de la última semana de mayo hace pensar en un comienzo de campaña positivo en cuestiones de demanda.
Esta ansiada llegada de las sandías a las grandes superficies ha desconcertado a los consumidores, que en muchos casos se han topado con precios que en términos totales colocarían a la fruta de interior rojo por encima de los 20 euros por unidad. «Eso es un robo», comenta en conversación con El Debate Andrés Góngora, responsable estatal de frutas y hortalizas de COAG (Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos) tras comprobar que media sandía rayada sin pepita alcanza los 10,42 euros en un supermercado de la capital del país.
Media sandía de 3,4 kilos a más de 10 euros en un supermercado en Madrid
El dirigente de COAG señala que la distribución ejerce acciones para manipular la demanda y así no generar un clima inflacionista en sus contratos con los agricultores: «Cuando los supermercados detectan que en origen hay suficiente fruta, aunque tampoco de sobra, temen que si bajan los precios se incremente la demanda y luego haya poca fruta en el campo, lo que les aumentaría el precio a pagar por el agricultor», explica el almeriense.
Algo que no pueden permitirse los supermercados es el desabastecimiento, por lo que su estrategia es que las frutas y hortalizas se sitúen a un precio con el que obtengan el mayor beneficio posible al tiempo que mantienen la demanda. «Su gran miedo es quedarse sin fruta porque eso les obligaría a pelear en origen, lo que significa más dinero para el agricultor, que es lo que no quieren», precisa Góngora.
Vender todo el género supondría tener que acudir con mayor urgencia a pie de cultivo; «Esa batalla es muy cara», por lo que la solución es poner un precio suficientemente alto para que al consumidor compre de manera controlada y sin que se produzca el desabastecimiento. «Así nadie puede acusar a las grandes superficies de que no tienen producto, porque fruta hay, pero al precio que ellos marca. Controlan la demanda y no generan en origen una sensación de pelea por el producto que implicaría una subida de precios a pagar al primer eslabón de la cadena», detalla el responsable de frutas y hortalizas de la organización agraria.
Góngora sostiene que los márgenes que defienden los supermercados «no tienen nada que ver con el diferencial que aplican en los lineales» y que todo responde a una maniobra para mantener el abastecimiento e inflar el precio sin tener que ir a la desesperada al origen. De esta manera, la distribución aplicaría un diferencial mayor sobre sus márgenes no solo para incrementar sus ganancias, sino para evitar que se genere sensación de necesidad cuando haya que negociar con los agricultores.
«Esto pasa ahora con la sandía», apunta Góngora, que alude a que países como Senegal o Marruecos, proveedores de relevancia de sandía para España, han sufrido esta temporada problemas de sequía, olas de calor, plagas o incluso granizadas que afectan a sus frutas.
«Esto es clave porque al haber menos producto barato de terceros países habrá que recurrir al agricultor nacional. Este año, las sandías de fuera no ofrecen por el momento la calidad ni la producción regular que exige el mercado europeo a estas alturas de la temporada, por lo que puede darse esa disputa en origen en España que recorte las ganancias de la distribución», advierte Góngora, que asevera que por eso ahora se ven sandías excesivamente caras en el supermercado, «para dosificar la demanda y que cuando la distribución tenga que ir al origen ya haya una cosecha más estable que les permita pagar menos».