Perdiz roja, french man

Personalmente he preferido siempre cobrar 3 pájaros cazando en mano con los perros, que 35 en un ojeo, aunque reconozco que he disfrutado mucho de éste último, especialmente en mi adolescencia y juventud

Act. 07 feb. 2026 - 09:01

Perdices rojas. John Gould (1804-1881).

Perdices rojas. John Gould (1804-1881).

Nada estimula mi instinto venador con más fuerza que el «prrrrr…» producido por el arranque vertiginoso de un pájaro perdiz, a excepción tal vez del cabeceo de un bando de rabudos sobre los cimbeles. A lo largo de los siglos las crónicas han catalogado siempre a esta especie como la quintaesencia en la lista de aves de caza menor. Y su habitual presencia abundante en casi todos los terrenos rurales, la han consagrado como la más popular pieza de caza de todos los tiempos. Además se ha considerado siempre como un símbolo de prosperidad y felicidad. En la mesa representa una señal indiscutible de buen nivel gastronómico.

En las postrimerías de la era victoriana, las batidas de perdices pardillas se instituyeron en Gran Bretaña como una especie de competición entre las propiedades rurales que pugnaban por alcanzar los mayores resultados. Lo mismo ocurrió en España –donde el ojeo había sido introducido por los comerciantes británicos en vinos de Jerez– a lo largo del siglo XX. De esa época se cuentan cifras récord de perdices rojas salvajes cazadas, especialmente en las regiones andaluzas y manchegas. Participar en batidas de perdices se convirtió en una actividad muy social donde se cerraban negocios, se alcanzaban favores y se amañaban matrimonios convenientes. Una actividad que proporciona un escenario muy satisfactorio para la práctica del tiro, más que de la caza. Personalmente he preferido siempre cobrar 3 pájaros cazando en mano con los perros, que 35 en un ojeo, aunque reconozco que he disfrutado mucho de éste último, especialmente en mi adolescencia y juventud. En Doñana, donde abundaban especialmente en las praderas del ecotono entre la marisma y las arenas dunares estabilizadas, conducíamos la mano en forma de arco hacia el borde de la marisma y cuando los pájaros llegaban a éste, arrancaban el vuelo y giraban 180 grados para volver al monte pasándonos por encima.

Bimba cobra impecablemente una perdiz

Bimba cobra impecablemente una perdizCedida por el autor

En Inglaterra se llama a nuestra patirroja French Partridge, lo cual puede parecer erróneo, pero se debe a que allí comenzaron a traerlas de Francia cuando la autóctona pardilla empezó a escasear. Alectoris rufa, la nuestra, tiene su mayor núcleo poblacional en la Península Ibérica, aunque también se distribuye por Francia, norte de Italia y las islas mediterráneas. En inglés, su nombre oficial es Redlegged Partridge, si bien en los más recalcitrantes círculos cinegéticos se la conoce familiarmente como French Man, es decir, francés. El origen de este apelativo lo encontramos en la Guerra Peninsular, nuestra Guerra de Independencia, cuando las tropas británicas unidas a las españolas y portuguesas, todas ellas comandadas por el general Arthur Wellesley, luego duque de Wellington, duque de Ciudad Rodrigo y marqués del Duero, combatían a las francesas de Napoleón. En los días libres, los oficiales y el general, quien también se había hecho traer de su patria una rehala de sabuesos de zorro, foxhounds, cazaban perdices rojas que abundaban en los campos de batalla alentejanos, extremeños y castellanos. Éstas, como se sabe y a diferencia de las perdices pardillas, tienen las patas de un vivo color encarnado, el mismo color que el de los pantalones del uniforme de los soldados franceses. Así pues, los militares de su Graciosa Majestad disparaban unos días a las perdices y otros a los soldados franceses, ambos caracterizados por exhibir extremidades de color rojo, de ahí que terminaran llamando a las perdices French Men, franceses…

Circulan muchas opiniones y versiones acerca de las razones por las que el censo de perdiz roja ha descendido hasta un 70 por ciento en sus hábitats tradicionales

Durante los últimos 30 años, la presencia y abundancia de la perdiz roja salvaje ha ido disminuyendo en los diferentes espacios que siempre ha ocupado, como hazas de labor, estepas, dehesas, monte bajo, olivares, viñedos, etc, en un proceso paralelo al experimentado por su parienta la perdiz pardilla en el Reino Unido unos 30 años antes. Y probablemente por las mismas causas. Aquí en España circulan muchas opiniones y versiones acerca de las razones por las que el censo de perdiz roja ha descendido hasta un 70 por ciento en sus hábitats tradicionales. Yo estoy convencido de que las agresivas prácticas de la agricultura moderna están en el origen del problema. Para empezar, las grandes extensiones de monocultivo a que tiende aquélla no ayudan, pero además el uso generalizado de productos fitosanitarios, tanto insecticidas como herbicidas y fungicidas, nos ha dejado unos campos sin vida natural. No hay saltamontes, ni lombrices, ni mariposas, ni grillos, ni hormigas ni pulgones. No quedan plantas salvajes en los linderos, ni queda una zona de transición con cobertura vegetal natural entre los diferentes cultivos. Todo ello contribuye a que las perdices no encuentren lugares adecuados para emplazar sus nidos y a una supervivencia muy limitada de los pollos que consiguen eclosionar, ya que necesitan una dieta exclusiva de insectos durante sus dos primeras semanas de vida. Por otra parte el uso de semillas tratadas químicamente, mata a los ejemplares adultos o limita seriamente su fertilidad. En este escenario resulta muy difícil el progreso de la especie reina de nuestra caza menor.

Una perdiz de la Sierra Morena de Andújar.

Una perdiz de la Sierra Morena de Andújar.

Una perdiz de la Sierra Morena de Andújar.Cedida por el autor

El caso de los predadores merece un análisis aparte. Muchos cazadores, gestores de terrenos cinegéticos y la gente del campo en general, atribuyen a los predadores –zorros, meloncillos y aves rapaces y no rapaces, como cigüeñas y garzas—la responsabilidad de la caída de la población de perdices. Pero ello no se sostiene cuando en cotos de caza mayor, donde abundan todos estos carnívoros y además los jabalíes, la presencia de la perdiz es abundante y tendente al alza. Conozco propiedades en la Sierra Morena de Andújar y en Hornachuelos, donde cada primavera veo florecer abundantes camadas de perdices en medio de una sólida comunidad de enemigos naturales, que ahora se ve ampliada con la adición del lince. En Doñana y hasta muy recientemente, cuando la falta de gestión ha propiciado que se cierre el monte y se eliminen las praderas, he sido testigo de una abundancia de patirrojas que resultaba chocante al tener en cuenta que allí los carnívoros y los jabalíes campan a sus anchas. En cambio en nuestras viñas, que están intercaladas entre un conjunto de cultivos de cereal, girasol y ahora olivos en régimen intensivo, donde se les prodiga toda clase de cuidados, no hay manera de recuperar las densidades perdiceras del pasado.

Investigadores de entidades como el Instituto de Recursos Cinegéticos, IREC, entre otras, han realizado estudios que prueban que la dispersión de productos fitosanitarios es la primera causa de extermino de las perdices, por mucho que gran parte del colectivo rural, basado en apreciaciones personales y sin base científica, adjudique a la predación esa responsabilidad.

  • Javier Hidalgo de Argüeso es cazador, ornitólogo y jinete

Temas

comentarios
tracking

Compartir

Herramientas