Imagen de archivo de un olivar afectado por el exceso de lluvias y el mal tiempo
Desesperación en el olivar: la lluvia y el viento abocan a una pérdida del 50 % de la aceituna
Muchos productores se han resignado y dan la campaña por pérdida
La fiereza del invierno se ha cebado con la región con mayor producción de aceite de oliva del mundo, Andalucía. La comunidad ha pasado de suspirar por la llegada de las precipitaciones y el descenso de las temperaturas en septiembre y octubre a mirar al cielo con desasosiego en diciembre, enero y febrero ante las incesantes tormentas.
La humedad se ha distinguido como el principal acompañante de los agricultores en una campaña aceitera 2025/2026 que, antes de comenzar, ya se esperaba ligeramente inferior a la precedente.
El aforo de producción publicado en octubre por el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación apuntaba a una variación a la baja del 5 % en el global de Andalucía y del 8 % y del 15 % en el mismo sentido para las provincias más productoras, Córdoba y Jaén. Desde el olivar se advirtió en diciembre la imposibilidad de cumplir con el aforo y, en Jaén, se ampliaba al 30 % la caída en volumen de aceitunas respecto a la cosecha de 2024/2025.
La acumulación de agua en las calles del olivar se ha convertido en una constante con el inicio de 2026. El encharcamiento ha impedido que los agrarios realizaran con normalidad las tareas de recolección, con un suelo convertido en fango inservible para acceder con máquinas y con unas aceitunas expuestas en exceso a las inclemencias del tiempo.
«La provincia de Jaén tiene, más o menos, un tercio de la campaña por delante y el 80 % de la aceituna está en el suelo. El fruto se ha arrancado del árbol por el aire y el agua y, cuando podamos entrar en las fincas, podremos cuantificar el daño real después de salvar la aceituna que quede viva», indica Francisco Elvira, responsable de Olivar de COAG Andalucía, en conversación con El Debate.
Elvira señala que la pérdida de aceituna apunta al menos al 50 %, aunque en algunas zonas sería prácticamente total y en muchos rincones puede situarse en torno al 80 %: «La reducción del 30 % la dábamos por hecha hace un mes y medio. Ahora hay que ver qué podemos recoger, que la aceituna no esté enterrada y que lo que resiste en el olivo no se haya podrido».
Los agricultores ahondan en que las repercusiones de estas condiciones atmosféricas desfavorables para su cultivo van más allá del impacto en el precio del aceite de oliva. «No tenemos los márgenes que manejan los supermercados. El campo no se beneficia cuando hay fuertes oscilaciones en el precio. Lo importante es que nuestra producción, como puede pasar este año, no se hunda en un porcentaje del 50 % como parece. Eso nos mata», lamenta Elvira.
Las consecuencias de esta sangría en el olivar trascienden al bolsillo de los empresarios agrícolas, ya que se trata de una producción estratégica en toda la región y, sobre todo, en Jaén. «La gente de aquí se sube por las paredes. La zona vive principalmente del aceite y, por ejemplo, en esta temporada del año hay una demanda de mano de obra que en este año apenas ha podido trabajar. Tenemos una media de 60 días de trabajo en campaña y hay trabajadores que en tres meses han trabajado solo 30 días. El resto del tiempo han estado parados», explica el dirigente de COAG, que entiende que los temporeros busquen otras producciones para asegurarse el jornal.
El suelo no acepta más agua. Cada gota que cae se hace hueco entre la tierra y la previsión no afloja, algo que los agricultores, aunque desesperados, acepta: «No podemos hacer nada con lo que no está en nuestra mano, pero lo que sí reclamamos es una mejor gestión hídrica con infraestructuras hidráulicas para acumular este excedente de agua que puede ser valioso en el futuro», asevera Elvira, que reprocha a los políticos una deficiente planificación que solo se enfoca en el corto plazo.