Lo que se hereda no se roba

En el campo nací, me crié y vivo. Ha condicionado mi forma de ser. Desde lo más sencillo y mundano a lo más complejo y espiritual. Crecer en el campo es una suerte, y no solo por el sano ambiente, sino por los principios y valores que lo rigen

ntequera, Año 1992. En la riza del Rincón. Manolo, Santi, el autor, sus hermanos Carlos y María, su padre Carlos Gómez-Arroyo Blázquez, Pepe, sus hijos Manolillo y Jose Mari y Juan Conde.

En la riza del Rincón. Manolo, Santi, el autor, sus hermanos Carlos y María, su padre Carlos Gómez-Arroyo Blázquez, Pepe, sus hijos Manolillo y Jose Mari y Juan Conde (Antequera,1992).Cedida por el autor

La última gran idea del Ministerio de Juventud e Infancia del Desgobierno de España es prohibir la participación de los menores de edad en acciones de caza, escudándose en una supuesta reprimenda por parte del Comité de los Derechos del Niño de la ONU. Esto es muy grave porque supone una nueva limitación de nuestras libertades y, en concreto, de las de nuestros hijos. No acaban con la caza con una prohibición clara, pero la extinguen impidiendo el renuevo.

Gobernar prohibiendo solo pretende controlar la conducta colectiva. Vetar, que no regular o incentivar. Ni el CDN ni nadie puede imponer a una familia cómo debe educar a sus hijos o exigir que se les aleje de sus costumbres y tradiciones.

Este nuevo disparate me ha trasladado a mi niñez y sucesiva mocedad. En el campo nací, me crié y vivo. Ha condicionado mi forma de ser. Desde lo más sencillo y mundano a lo más complejo y espiritual. Crecer en el campo es una suerte, y no solo por el sano ambiente, sino por los principios y valores que lo rigen.

El campo me enseñó a ser curioso. Un sinfín de preguntas me asaltaban y yo, con la impaciencia propia de la temprana edad, quería saberlo todo ya. A su vez, es tremendamente generoso pues no guarda secretos. Es un sabio maestro que tiene sus tiempos. Solo hace falta ser humilde para entenderlo y tener paciencia, porque todo no se hace en una siesta… Me ayudó a desarrollar la sensibilidad y a darme cuenta de lo que pasaba a mi alrededor. Sentir y percibir, en su máxima plenitud, el regalo que tenemos delante. Aquí me encontré con la soledad, que me reveló cuán importante es saber escucharse a uno mismo y saber estar solo. Hoy supone, además, un lujo al permitir apartarnos del mundanal ruido.

Me faltaba algo… Entonces aparecieron los mayores. Mi padre, principalmente, pero también las personas que en el campo vivían: guardas, pastores, perreros, muleros, arrieros…

Poco a poco iba dando respuesta a mis dilemas, pero me faltaba algo… Entonces aparecieron los mayores. Mi padre, principalmente, pero también las personas que en el campo vivían: guardas, pastores, perreros, muleros, arrieros… Me vienen muchos nombres a la cabeza. El Pichi, quien me descubrió la caza con perro y me enseñó a cuidar y querer a estos animales como a un amigo. Sobre campo y ganado aprendí del Plumas, de Angelillo, de Pepe, Juan Conde, Santi, Manolo, Quico, Ramón, Basilio, Antonio...

Jorge Torrubias y su hijo mayor, Marcos (ahijado del autor), esperando perros en la suelta.

Jorge Torrubias y su hijo mayor, Marcos (ahijado del autor), esperando perros en la suelta.Cedida por el autor

No estuve solo. Este camino lo recorrí siempre con la compañía de los perros. De todos ellos, recuerdo especialmente a Brandy, quien me enseñó los significados de lealtad y amor puro. A perdonar sin condiciones. A no enjuiciar. A ser feliz con todo. También con lo más insignificante. A expresar sentimientos sin complejos. Con su partida, me explicó cómo funciona la vida… Así de sencillo.

Con los años, con el gusanillo de la rehala metido muy dentro, apareció Miguel Calero. Me cuidó como a un hijo y me dio las primeras lecciones sobre lo que es un perro de rehala y lo importante que es el compañerismo en el monte. Luego llegó Juan Vicente Redondo, un portento que me dio otra visión de este mundo. Tras Juanvi, mi querido y admirado Jorge Torrubias, otro ejemplo de observación que me introdujo en modelos más esotéricos: comportamientos, actitudes, aptitudes, sensibilidades… Y cómo el éxito está en entender y saber interpretar cada perro. Conocer puntos fuertes y puntos débiles para sacar lo mejor de cada animal. Que cuánto más les des, más te van a devolver. Más tarde, llegó Sebastián Pérez Arjona, una persona especial con una cabeza y una sensibilidad sin igual. Un gran referente. Alguien tocado por la mano de Dios para este arte. Finalmente, el entrañable Pedro Pozuelo, una gran persona. Soy un privilegiado por haber contado con estos maestros. Por tener estos amigos.

Coque Torrubias con el Amuleto en una montería

Coque Torrubias con el Amuleto en una monteríaCedida por el autor

A la caza y la rehala les debo todo. Cuando murió María, mi hermana, me hundí. A mis siete años, nada tenía sentido. Mi padre, sabedor de mi afición, se apoyó en lo que más a mano tenía y que tan bien conocía. Además, era un pasatiempo maravilloso, sano y en el que estar juntos. Me presentó un resplandeciente nuevo mundo. Allí estaban sus amigos, quienes me recibieron como a un hijo y me aleccionaron en los principios que gobiernan este arte: respeto, nobleza, hermandad, sacrificio, esfuerzo, entrega… El cariño con el que me recibieron y me enseñaron con los años fue traduciéndose en confianza. Luego mi padre se fue, y sus amigos, hoy son los míos. Gran honor. Esa unión se crea en escenarios así, ante la afición compartida y en franco ambiente de camaradería donde llegas a conocer de verdad a las personas.

Mi yo de hoy está modelado por todas esas vivencias y personas mientras estaba en el campo. Que un niño tenga la fortuna de poder criarse en este medio significa que está en constante comunión con su propia naturaleza. ¿Qué mejor y más constante lección de valores enmarcada en algo tan bonito puede haber en la vida?

Uno de los mayores problemas de la sociedad actual es el desarraigo del hombre con la naturaleza. De ello surgen comportamientos que no son naturales ni humanos. Privar a un niño de conocer y respetar el campo y a sus gentes, es un egoísmo y una temeridad.

El campo es un gran legado y es nuestra obligación preservarlo. Para mantenerlo, es imprescindible que haya un renuevo constante. Un ideario ficticio, no puede cortarlo de raíz. Se lo debemos a quienes nos precedieron y a quienes quieren conocerlo.

  • Diego Gómez-Arroyo Oriol es perrero

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