Niños del Campamento Redescrubriendo la Caza en una actividad
Los cazadores del futuro se hacen en Gredos: «Estos valores tienen que estar en los colegios»
La práctica cinegética, lejos de asociarse como un elemento clave para el control de las especies, el equilibrio de los ecosistemas y un pilar económico en zonas con menos opciones, se etiqueta habitualmente en ambientes en los que pesa más la ideología que el rigor científico y la naturaleza como un ataque hacia la vida.
El estigma ensombrece a la caza y a los cazadores, que en innumerables ocasiones se resignan a hablar sobre su pasión. Esta situación hace que la caza, imprescindible para el desarrollo de la humanidad, se convierta en tabú.
La principal herramienta para acercar la caza y sus bondades a la sociedad es el conocimiento. Trasladar la necesidad de la caza a los jóvenes se antoja fundamental para garantizar la viabilidad de la cinegética que, como sucede con la agricultura y la ganadería, encuentra en la búsqueda del relevo generacional uno de sus grandes retos.
Javier Ceballos, director del Campamento Redescubriendo la Caza, emerge como una de las figuras decisivas para mantener vivo el vínculo con el entorno rural. «La pasión por la naturaleza me viene de familia. Desde pequeño he tenido la gran suerte de que mi padre me ha ido adentrando en el conocimiento del campo y lo que recibes, por lo menos, hay que devolverlo. Ese es mi planteamiento y la verdad que me gusta mucho lo que hago», apunta en conversación con El Debate el director de Redescubriendo la Caza, un campamento particular, que ensalza el valor y la importancia de caza en la vida, y que se mantiene en funcionamiento ininterrumpidamente desde 1992.
«A los 8 años empecé como scout, luego seguí como monitor y desde los 26 dirijo campamentos», indica Ceballos, que después de pasar por varias localizaciones en las provincias de Valladolid, Segovia y Burgos ha encontrado su hogar en la Reserva Regional de Caza Sierra de Gredos.
«Con la pandemia surgió la oportunidad de ir a lo que lo llamo 'el sitio': la Reserva Regional de Caza Sierra de Gredos, a un camping precioso integrado en la naturaleza al que era imposible acceder como campamento», señala el cetrero, que desvela que, pese a que la idea inicial era focalizar las actividades en la cetrería, el entorno le empujó a la cinegética: «Allí me di cuenta de que aquello es caza por todos lados».
Rececho de un macho montés en el Campamento Redescubriendo la Caza
Desde entonces, Redescubriendo la Caza ha crecido hasta el punto de poder extenderse hasta tres semanas, en las que los niños (7-17 años) entienden que el acto de matar, necesario en la caza, es casi lo de menos. «Los niños comprenden que cuando de verdad ponemos a prueba nuestros sentidos es en esta lucha de igual a igual en la naturaleza», destaca Ceballos, que cuenta con dos equipos para el campamento: uno de monitores de tiempo libre que se encargan de que los cuidados básicos de los niños; y otro de instructores de primer nivel con expertos del mundo cinegético como Juan Delibes, Pablo Ortega, Lolo De Juan, Isidro Borrego, Perico Castejón, Ángel Vadillo o Laureano de las Cuevas.
Ceballos subraya el bagaje que suponen estas vivencias para los chicos: «Vienen niños de procedencias muy distintas, desde el ámbito rural hasta familias con alta capacidad económica que se integran bajo el vínculo común de la afición por el campo y la caza. Conseguimos que niños de diferentes ubicaciones, edades y muy dispares se hagan amigos gracias a la caza. Eso en su futuro será clave, estos valores tienen que estar en los colegios, donde la caza es tabú y los niños se pueden sentir acomplejados, pero aquí hablamos abiertamente de ello e incorporamos ética y debate», defiende Ceballos, que se hable abiertamente de caza en los colegios como una de sus metas profesionales.
El campamento pretende enseñar a la gente ajena al campo los beneficios que la caza genera en las zonas rurales. «En estos sitios, la cinegética se ve como algo natural y positivo y no como algo censurable, como pasa en otros muchos ámbitos de la sociedad», explica el director, que ahonda en las lecciones que los más pequeños adquieren en la experiencia: «Es muy importante que los niños, sobre todo de grandes ciudades como Madrid, vean lo que es el campo. Integro a los guardas forestales en las actividades para que los urbanitas que llevamos al campamento vean que hay profesionales que viven de la caza y que, gracias a ella, se gestionan las especies, se controlan incendios y se mantienen los caminos».
Javier Ceballos junto a varios niños en el Campamento Redescubriendo la Caza
Talleres de montería, espera, rastreo, rececho a macho montés, caza con arco, cetrería, pesca, caza fotográfica, anatomía animal, gestión de cotos, homologación de trofeos, perros de caza, carabina, excursiones o vivacs engrosan la lista de actividades específicas que tienen como objetivo enseñar que la caza no es solo conseguir el trofeo, sino llegar hasta él.
Después de más de 30 años al frente de campamentos en los que todo gira alrededor de la naturaleza, Ceballos resalta lo que comparten los niños de la década de 1990 y los de la actualidad: «Tienen en común la inocencia y la curiosidad, aunque sí noto que cada vez tienen menos foco de atención. Los niños ahora están acostumbrados a saber todo rápido, a través del móvil y sin contrastar la fuente. En el campo les enseñamos a observar sonidos y rastros y en lugar de darles solo el nombre de un pájaro, les pedimos que lo busquen en nuestra biblioteca, que toquen los libros y hagan dibujos», reflexiona el director de Redescubriendo la Caza, que concluye que «no se puede dar estos valores a los niños si no viven lo que es la naturaleza».