Los perros

Los judíos dicen que quien no tiene hijos vive como un hombre y muere como un perro. Y quien los tiene, vive como un perro y muere como un hombre. A mí no me encaja. Las madres insufribles presumen de que sus hijos son los más guapos de España y sus nietos del mundo. Nosotros hablamos de perros y caballos

Jaime Patiño, conde de Teba, posa junto a sus perros

Jaime Patiño, conde de Teba, posa junto a sus perrosCedida

Queridos incautos: En mi familia estuvieron desde siempre. Tan arraigados, que tenemos cementerios donde las lápidas recuerdan sus vidas. El más impresionante el del jardín del palacio de Liria. Contaban que Doña Sol, la madre de mí abuelo, en su lecho de muerte le preguntó al cura si en el cielo había perros y caballos. Y que si no, que le buscara otro destino.

Cuando nací en casa estaba el entrañable «Pipo». Fue uno de los primeros Springer Spaniel que vinieron a España. Se lo regaló a mi padre, entonces novio de mi madre, un elegante pariente Mexicano que se llamaba Escandón. Pipo era inteligentísimo. Se picaba cuando mi padre iba de montería y no le llevaba. A su regreso, desde debajo de una cómoda, le ignoraba mirando para otro lado. Una vez llevó su correa junto a las escopetas para que no le olvidaran.

La nannie de mi madre le mandó desde Gran Bretaña a «Ira». Tan bonita como tonta. Su especialidad era morder a nuestra profesora de inglés. Competían con la perra de mi abuelo «Lolita». Era una auténtica máquina. Negra, preciosa y poco simpática. Cruce alto de labrador con algo de pointer. Mi abuelo nunca tuvo perros puros. Siempre cruzados. Pipo y Lolita le salvaron la vida.

En una cacería de perdices, escapó del pueblo un toro de lidia. El pequeño ejército de cargadores y secretarios se escondió tras las encinas. Él esperó la carga del toro y le disparó los seis tiros de sus tres escopetas, los dos últimos muy cerca... pero con perdigón de 7ª. El toro le atravesó el costado. Lolita y Pipo consiguieron agarrarlo y hacer el quite para que su gente pudiera arrastrarle inconsciente hasta lugar seguro. Tenía allí dos grandes amigos, el torero Luís Miguel Dominguín que le taponó la herida con un pañuelo y el conde de Caralt, corredor de rallies, que le llevó a toda velocidad hasta Madrid donde llegaron al hospital circulando por las aceras. Milagrosamente pudo salvar la vida.

Jaime Patiño, conde de Teba, a caballo ante la atenta mirada de uno de sus perros

Jaime Patiño, conde de Teba, a caballo ante la atenta mirada de uno de sus perrosCedida

Tras estos llegaron varias generaciones de Springers y Labradores a casa, que alternaban con los de mi abuelo. El más divertido, y por supuesto el más loco, el divertidísimo «Fox», un foxterrier cariñoso e indominable. Mi abuelo se echaba todos los días la siesta en su cuarto al final del interminable pasillo. Como un reloj despertaba, y se abría la puerta. El abo avanzaba desfilando con su sempiterna garrota a paso marcial. Simultáneamente, salía la exaltación ladrando, oídos sordos al vozarrón que gritaba ¡Fox!!!!

Le estábamos esperando al final, en el cuarto de baño del hall. Fox entraba furioso y mientras aguantábamos la risa metía medio cuerpo en el retrete y escarbaba como loco sacando el agua como si fuera una bomba. El número fuerte era cuando los pequeños tiraban de la cisterna y le dejaban caer encima la tapa del retrete. Entonces era el paroxismo. Gruñía sacaba agua como una fuente y mordía la tapa. La voz de trueno del Abo llegaba repartiendo bastonazos para el perro, y alguno para nosotros que no parábamos de reír.

Mi abuelo aparentaba furia, pero a la vez la locura le divertía mucho. En el Bautizo de mi hijo Diego, organizamos en el jardín en Segovia un gran almuerzo. Me agaché a hablar con mi abuelo, sentado en una mesa. De repente tras mi elegante traje claro, noté un vergonzante calorcillo. El maldito perro después de dos zalamerías había levantado la patita, ante las carcajadas de todos y el vozarrón del Abo regañándole. Furibundo por fuera y muerto de risa por dentro. Incontrolable y divertido, se subía a los árboles. Su final fue dramático. Inconsciente de su tamaño murió peleando contra «Scott», un labrador de Gonzalo Arión

Déjale que se lo trague. Luego le abres la boca y le metes un puñado de sal. Al tragarla, al poco devuelve todo y no lo vuelve a hacer

No puedo dejar de recordar a «Murci», nuestra adorada y desobediente Teckel, que esperaba muy atenta con la boca abierta, cuando caían del árbol los primeros pájaros de mi hijo Jacobo… y se lo tragaba como una boa. Jacobo a sus 7 años lloraba desconsolado. Mi buen amigo Vicente, me dijo: déjale que se lo trague. Luego le abres la boca y le metes un puñado de sal. Al tragarla, al poco devuelve todo y no lo vuelve a hacer. ¡Mano de santo ! La cura es muy efectiva si un perro comió algo peligroso.

Sophie, condesa de Teba

Sophie, condesa de TebaCedida

«Benito» fue el último desobediente terrier de mi excéntrica madre y «Adolfo» el precioso labrador negro que luego heredé. En una entrevista para una revista alemana Sophie fingió que se llamaba «chiquito» pues los alemanes son tan susceptibles a su pasado como carentes de sentido del humor. Tan adorable como bobalicón, estuvo poco con nosotros. Tras morir mi madre en el testamento me encontré una terrible sorpresa. Mi madre se me aparecía en sueños todas las noches llorando y pidiendo perdón. Que la habían engañado los abogados y que mis abuelos y tíos la regañaban mucho… lo atribuí a la descarga emocional de mi subconsciente. Hasta que una noche me dijo que se sentía muy sola y que necesitaba su perro. A los dos días le salió un bulto en el cuello y a la semana murió fulminantemente. Aún siento un estremecimiento.

Ahora convivimos con el perro más simpático y más feo que es «Filou», el único Carlino capaz de cobrar perdices, y el maravilloso labrador «Boris», que como Boris Johnson es rubio y le gusta la fiesta. Tan listo que es capaz de abrir las puertas, hacia afuera y hacia adentro. Para acompañarle y oportunamente volverle loco, como corresponde, acaba de llegar la cachorrita de labrador «Thatcher» (Maggie para los amigos) que esperamos nos alegre la vida tanto como los demás.

  • El conde de Teba, Jaime Patiño Mitjans, es ganadero y arquitecto.

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