Los resultados sirvieron para desmontar una hipótesis científica clásica conocida como el «grito de auxilio»
Agricultura
La sequía también afecta a la calidad nutricional de los alimentos, según un estudio
El ecosistema subterráneo se transforma de tal manera que la planta deja de ser un agente pasivo y pasa a sufrir una profunda reconfiguración
Los periodos de sequía prolongados no solo provocan una pérdida directa en el volumen de las cosechas y un desabastecimiento en los puntos de venta, sino que también alteran de forma drástica la calidad nutricional de los alimentos que sobreviven.
Un estudio científico publicado en la prestigiosa revista Cell ha revelado que el estrés hídrico reduce notablemente el contenido de hierro en las plantas, un mineral esencial cuya carencia representa el principal factor desencadenante de la anemia y afecta a millones de personas a nivel global.
De acuerdo con las conclusiones de la investigación, liderada por Connor Fitzpatrick, profesor en la Universidad de Calgary, la escasez de agua daña directamente el sistema radicular de los cultivos, impidiendo que las raíces absorban el hierro presente en el suelo. Como consecuencia de este bloqueo biológico, el mineral no se distribuye correctamente hacia los tallos y las semillas, disminuyendo el valor nutricional del producto final que llega al consumidor.
Para mitigar este problema, el experto propone dos vías de actuación: el desarrollo genético de variantes agrícolas con mayor capacidad de absorción en entornos hostiles o la aplicación de tratamientos bacterianos específicos.
Desmontando una hipótesis clásica
Durante el desarrollo del estudio, el equipo de científicos analizó el comportamiento de la planta Arabidopsis thaliana en 18 entornos con condiciones químicas y climáticas diferentes. Los resultados sirvieron para desmontar una hipótesis científica clásica conocida como el «grito de auxilio», la cual sostenía que un grupo de bacterias denominadas Streptomyces acudía en auxilio de la planta para aliviar su estrés hídrico.
Por el contrario, los investigadores comprobaron que la sequía desencadena una competencia bacteriana en la que solo sobreviven los microorganismos más fuertes, alterando por completo el microbioma del suelo.
En definitiva, el ecosistema subterráneo se transforma de tal manera que la planta deja de ser un agente pasivo y pasa a sufrir una profunda reconfiguración en la gestión de sus nutrientes.