(Foto de ARCHIVO)
Superficie forestal quemada durante el incendio forestal, a 19 de julio de 2026, en Muriel, Guadalajara, Castilla-La Mancha (España). Los trabajos de extinción están siendo muy complicados debido a la fuerza del viento, que está empujando las llamas hacia el interior del Parque Natural Sierra Norte.

Mateo Lanzuela / Europa Press
19/7/2026

Superficie forestal quemada durante el incendio forestal, a 19 de julio de 2026, en Muriel, GuadalajaraEuropa Press

INCENDIO FORESTAL LA MIERLA

El incendio de Guadalajara arrasa el futuro de los ganaderos: «Solo nos queda rezar»

Las llamas han destruido los pastos, obligado a desplazar cientos de reses y amenazan el sustento de numerosas familias de la Sierra Norte

El incendio forestal originado en La Mierla, que ha arrasado más de 26.000 hectáreas en la Sierra Norte de Guadalajara, no solo ha dejado un inmenso paisaje calcinado y numerosos municipios evacuados o confinados. El fuego también amenaza con llevarse por delante el modo de vida de decenas de familias ganaderas.

Mientras los equipos de extinción continúan luchando contra las llamas, los profesionales de la comarca viven una carrera contrarreloj para salvar a sus animales. Muchos han tenido que conducir las reses hacia terrenos ya quemados, convertidos paradójicamente en el único refugio posible frente al avance del incendio.

Otros ganaderos reconocen haber perdido ya parte de sus animales o temen que el fuego pueda alcanzarlos en las próximas horas.

«Lo único que nos queda es rezar». Así resume Fernando Moreno, conocido como Nano y presidente de la Agrupación de Ganaderos de la Sierra Norte de Guadalajara, la desesperación de un sector completamente desbordado por la magnitud del incendio.

Según explica, la situación es «horrible» y afecta prácticamente a todos los ganaderos de la zona, muchos de los cuales continúan recorriendo montes y caminos para impedir que las llamas alcancen a sus explotaciones.

Animales sin agua y pastos destruidos

La amenaza no termina cuando los animales son puestos a salvo. El fuego ha destruido miles de hectáreas de pastos y ha dejado a las reses sin alimento, por lo que las explotaciones tendrán que recurrir durante meses a la compra de pienso y forraje.

Este gasto extraordinario puede comprometer seriamente la viabilidad de unas ganaderías familiares que ya afrontaban importantes dificultades antes del incendio.

Algunos animales llevan hasta tres días sin poder beber agua, se encuentran cada vez más nerviosos y están siendo desplazados continuamente en busca de terrenos seguros. Varias naves ganaderas también han resultado afectadas por las llamas, agravando todavía más el drama.

«Se quema el pueblo, se quema el ganado y se quema la vida», lamenta Pilar, madre de uno de los ganaderos afectados. En su testimonio reclama más ayuda sobre el terreno para mover a los animales y evitar que el trabajo de varias generaciones desaparezca en cuestión de horas.

Desde Ujados, el ganadero David Santos ha conseguido poner a salvo a sus ovejas después de trasladarlas hasta zonas altas de la sierra. Sin embargo, advierte de que la destrucción de los pastos obligará a mantener durante mucho tiempo una alimentación artificial.

«La situación es desoladora», reconoce. Además del golpe económico inmediato, recuerda que muchos de los pinares arrasados necesitarán décadas para recuperarse.

Una herida que tardará décadas en cerrarse

El incendio también está dejando una profunda huella humana en una comarca marcada por el envejecimiento y la despoblación. A la incertidumbre de quienes permanecen confinados se suma el desgarro de numerosos vecinos, especialmente personas mayores, que han tenido que abandonar sus casas o contemplan cómo desaparece el paisaje que ayudaron a conservar durante toda su vida.

La evolución del fuego obligó este lunes a ampliar las medidas de protección civil. La dirección de la emergencia ordenó la evacuación de Alpedroches y el confinamiento de Hijes, Miedes de Atienza, Casillas, Bochones, Romanillos de Atienza y Bañuelos de Atienza, además del corte de varias carreteras.

Más allá de las hectáreas calcinadas, la Sierra Norte de Guadalajara afronta ahora una herida que tardará años en cicatrizar. Los ganaderos luchan por salvar a sus animales y preservar un modo de vida estrechamente ligado al territorio, conscientes de que la recuperación del monte y de sus explotaciones no se medirá en semanas ni en meses, sino probablemente en décadas.

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