El lobo acondicionado

Aprieta el verano. La noche fue dura, sin luna ni piedad. El sol inclemente abrasa las rocas. Nos resguarda alguna blanquísima nube que baila al viento y nos regala sombra. Momentánea, pero reconfortante

conde-teba

Hace 40 años trabajábamos para tener una ganadería y producir carne. Hoy somos sepultureros.conde-teba

Queridos incautos, aparejo a Aviador, el potro bayo. Hoy mi orgullo y mañana mi esperanza. Salimos Al paso, moviendo el mosquero, recordando a Pemán:

Por necesidad batallo,
y una vez puesto en mi silla,
se va ensanchando Castilla,
al paso de mi caballo

Huele a humo. El campo tiene una luz rojiza filtrada por ese agobiante aire que sale del infierno. Hace unos días anduvo por aquí Belcebú. Abrasando pinos y robando ilusiones. A toda una generación le arrebataron la vista de los verdes bosques mutados en miserias negras que se tornarán malezas en unos años. Y luego piornos.

Hay quien en su ingenuidad cree que el daño es al planeta. La tierra mira burlona carcajeándose de los grandilocuentes. En un par de siglos volverá a estar igual. O parecido. Los que no estaremos seremos nosotros. Nos han robado la belleza. No hay mayor canallada. La tragedia de cegar a un par de generaciones.

Otro recuerdo al mexicano Icaza. «Dale limosna, mujer, que no hay en la vida nada como la pena de ser ciego en Granada»… O en las sierras de Guadarrama añadiría yo.

Los infames decretos. Los redactan los de la mirada hastiada, mano blanda y papada bamboleante con su chaqueta colgada en el respaldo de la silla, que evidencia falta de disciplina. En sus despachos aterrorizados del frío o el calor con sus máquinas de aire acondicionado, salvan el mundo mientras ensucian la atmósfera. Despachos que sólo son cárceles donde vienen a fichar mientras cuentan los días que les faltan para las vacaciones. Y entretanto… 11 meses de prisión… pagada por todos nosotros.

Suena mi teléfono al cinto. Ese alma digital que nos regaló el diablo, y que se volvió imprescindible. Tengo la oficina encima de una montura. Y soy un privilegiado. El campo sequísimo. Las cuatro gotas de la tormenta mal alivian el polvo y remojan las charcas.

Me siguen los míos. Gentes parcas de palabras con la vista macerada de ventiscas y solaneras. Huérfanos de un mundo pasado donde imperaba la ley natural. Hoy andan con paso firme ante un mundo lleno de desorientados. Seguimos los criterios que nos enseñaron nuestros padres. Y a ellos a su vez los suyos. Lo que está bien y lo que está mal. Nosotros lo sabemos… aunque hoy lo difuminen.

Tras el careo de madrugada, sestea el ganado. Mal año de pastos. No pudimos segar. Hay que comprar paja para el invierno. Y está muy cara. Venimos dando la vuelta a los cuarteles de arriba. Los de verano. En invierno estarán cargados de nieves y hielos. La inexorable ley del tiempo

La piel vuelta. Los ojos vacíos. Al menos no tienen esa mirada de espanto que te recuerda su muerte horrible

Trasponiendo el collado, todos posados. Nos miran un ciento de buitres. Huyen con torpes saltos y echan a volar. Planean majestuosos ascendiendo en círculos. Hoy uno… ¿O habrá más?… Llevamos 30. Y llegaremos alrededor de 50. Y otros tantos desaparecidos. Los que no encontramos no se pueden reclamar. Llevamos unos 1.200.

El plumerío siempre hacia abajo. El rastro nos conduce a donde lo buitres arrastraron los despojos. La piel vuelta. Los ojos vacíos. Al menos no tienen esa mirada de espanto que te recuerda su muerte horrible.

Noche de lobos. Ahora con los cachorros su muerte es mucho peor. Les están enseñando a cazar y los muerden con más saña. La agonía dura más. Los majaderos animalistas callados como sus madres. Esto no cuenta. Ahora a buscar el ataque. Los raspones en el suelo. La carrera desesperada de la madre.

Encontramos un crotal. Se lo arrancaron lobos sujetándoles, mordiendo las orejas para que los cachorros entren a dentellear ferozmente. Era limusina. Tenía que haber llegado a ser una excelente madre. Ilusiones tronchadas. El futuro negro. Color incendio.

Ahora a esperar para que certifiquen el ataque. Y nos firmen la hoja para poder reclamar. La mañana perdida. Queríamos haber subido a arreglar la alambrera, pero ya no da tiempo. Una galopada a ver si las demás reses andan tranquilas o si hay algún otro. Llega el guarda. Abrumados por su trabajo. Corriendo de un lado a otro a verificar otro ataque.

Recojo papeles Y de vuelta a los mil trámites. Recoger los restos. Reclamar el daño en una insultante página web que se llama «pagos compensatorios»… A nosotros no nos compensa nada. Nos indemnizan mal y poco. Poniéndonos pegas. Y debemos recurrir a los tribunales año tras año para que nos paguen lo que en realidad vale.

Luego hay que darla de baja en el censo. Más tiempo perdido. ¿No bastaría la comunicación del daño en un departamento para que se pusieran de acuerdo todos simultáneamente? Pues no. A darlo de baja después en Ganadería. Y a ver si no hay algún desarreglo.

Hace 40 años trabajábamos para tener una ganadería y producir carne. Hoy somos sepultureros. Y hacemos telemáticamente el trabajo a la Junta. Dentro de unos meses, un pálido mentecato de papada sinuosa disfrazado de Mogambo, que no sabe distinguir un cernícalo de un abejaruco, vendrá a presentar como un éxito de gestión nuestra ruina. Ante el regocijo de los enemigos del jabón, los de rastas y bicicletas. A mayor gloria de esa onerosa asociación de pícaros que responde al pomposo nombre de la Junta de Castilla y León.

Ellos pasarán. Y nosotros quedaremos. Los quijotes somos eternos. Llevamos la esencia del pueblo español: «Bien podrán los encantadores quitarme la ventura, pero el esfuerzo y el ánimo será imposible»

Me reconfortan mis montañas. Y el saber que yo hago algo bueno. Y ellos no. Miro a mis antepasados entre las nubes. No os preocupéis. Jamás me rendiré. Pasarán. Y yo recordaré sus miserias en su jubilación. Mientras ellos se torturan obsesionados pensando si su existencia carcelaria valió para algo.

Y yo en mi malevolencia les deseo que el Diablo les reciba con la misma alegría que yo se los mando.

  • El conde de Teba, Jaime Patiño Mitjans, es arquitecto y ganadero
comentarios
tracking

Compartir

Herramientas