Olivar en la Sierra de Gata, Cáceres (Extremadura)
El olivar mira al cielo con ansia y preocupación: «O llueve en los próximos 10 días o se perderá mucho aceite»
Los factores que escapan al control de los agricultores y los ganaderos son, habitualmente, los que más determinan la viabilidad de sus producciones.
La dependencia de la meteorología es una constante en las labores agrarias. El riesgo es mayor en cultivos al aire libre, como el olivar, que vive expuesto a la escasez y a la abundancia de precipitaciones, o al calor extremo y al frío a destiempo.
El caso de los olivos guarda particularidades muy específicas, ya que la formación de precio del aceite de oliva se ve afectada por condicionantes más complejos que la ley de la oferta y la demanda. La campaña del oro líquido agoniza, aunque desde meses la industria se prepara el terreno para condicionar los valores de la cosecha 2026/2027.
El segundo eslabón de la cadena, con la vista puesta a reducir los precios en otoño, presume desde mitad de la primavera la bonanza de una producción de la que todavía hay mucho en juego; sin embargo, tal y como advierten los agricultores de Jaén, región con mayor producción del mundo y que aporta cerca de un 40 % del total del volumen de aceite de oliva nacional, la producción sigue por decidir.
«Hasta agosto los olivos iban muy bien, pero con el bajón de las temperaturas que hubo en los últimos días del mes los árboles se activaron y dieron fin al clásico parón estival», apunta en conversación con El Debate Francisco Elvira, responsable de Olivar de COAG, que ahonda en que durante el verano los olivos reducen su actividad para resistir mejor el calor y la escasez hídrica: «El problema es que el descenso de las temperaturas que se reactivaran. Luego ha vuelto el calor, más intenso y prolongado en el tiempo de lo esperado, y el fruto lo nota».
Elvira destaca que, gracias a las lluvias y el buen aporte hídrico de la pasada primavera, los olivos «venían muy cargados», por lo que las dificultades sufridas desde final de agosto dejan un daño muy apreciable en las aceitunas: «El año pasado fue similar, todo pintaba ideal hasta que en septiembre y octubre llegó un calor y una sequía exagerada que debilitó mucho el fruto».
El dirigente de COAG alerta de la urgencia en el olivar: «O llueve en los próximos 10 días o se perderá mucho aceite. Con las condiciones que hemos tenido los olivos pueden aguantar septiembre, pero no un octubre así de duro es demasiado».
Elvira precisa que el calor y la falta de lluvia que pone en jaque la lipogénesis de la aceituna –la transformación de sus azúcares en los ácidos grasos que luego dan lugar al aceite– es recuperable: «El aceite de oliva se está haciendo ahora, pero tiene solución porque el olivo es un árbol muy resistente. Eso sí, va a perder un mes, pero si llueve en los próximos días y no viene un frío que pare la lipogénesis, hay esperanza en que la pérdida no sea tan grande».
El agricultor jienense ahonda en que, además de una previsión prematura y exagerada, la entrada masiva de aceite de oliva de Túnez se diferencia como el gran condicionante de precios de este año: «Antes incluso de empezar con la campaña 2026/2027. La industria hunde tanto el precio que el precio que perciben los olivareros en España es similar al que se paga en el país africano».