Qué es un libro de caza
Si hubiera que intentar establecer una regla, quizá un libro de caza sea aquel del que un cazador puede salir sabiendo, entendiendo o sintiendo algo más sobre su propia afición
Ilustración sobre la lectura de libros de caza
La receta de la tortilla española tiene algunos aspectos en los que coinciden todos los cocineros: lleva huevo, patata, aceite y sal. Pero la cebolla divide al gremio en dos bandos irreconciliables. Con los aficionados a los libros de caza ocurre algo similar cuando se trata de definir qué libros pueden considerarse de caza y cuáles no. Nadie pone en duda el Libro de la Montería de Alfonso XI o Narraciones de un montero de Antonio Covarsí, obras fundamentales y absolutamente cinegéticas, pero a menudo se cuestionan otras obras que, teniendo con seguridad contenido de caza, pueden no ser consideradas como tales. ¿Es Orzowei un libro de caza? ¿Cuántas razas de perro de caza tiene que tener una obra generalista de cánidos para acabar en una biblioteca cinegética? ¿Un álbum de Mortadelo y Filemón en un safari puede estar en la biblioteca junto a Delibes? En resumen, ¿qué convierte a un libro en un libro de caza?
Cuando alguien pregunta sobre el tema, suelo articular la respuesta en torno a los distintos tipos de libros de caza que existen, intentando llegar a la respuesta por partes (como las integrales, para los que sean de ciencias): los didácticos, los de memorias, los que tratan un elemento concreto, los costumbristas o históricos, y las novelas.
Existen los libros didácticos sobre caza, que explican cómo se debe cazar, compartiendo lecciones aprendidas o los fundamentos básicos de determinadas modalidades. El Arte de Ballestería y Montería, de Martínez de Espinar o, más moderno, Cosas de corzos de Pablo Ortega, son libros de caza, se miren por donde se miren.
Los libros de memorias o reseñas de cacerías, en los que el autor narra anécdotas de jornadas concretas, haya participado en ellas o no, tampoco dejan demasiado lugar a la duda. En este sentido, Senderos de Caza del marqués de Laserna o El Pirineo y los Sarrios de Alfonso de Urquijo son libros de caza para cualquier lector o aficionado.
Otros libros revisan aspectos concretos de determinados elementos que forman parte de la cacería: desde las armas hasta las piezas, pasando por los caballos, los perros e incluso las fincas o las manchas. Aquí se empiezan a ver debates sobre si se pueden tratar de libros de caza o no. Un libro sobre el lobo podrá ser interesante para los cazadores, pero no tiene por qué ser estrictamente de caza. El tratado del lobo y su caza, publicado en 1799, es evidente que sí es un libro de caza, pero Carqueisa florida, loba parida, de Javier Talegón, publicado en 2021, es más bien un libro sobre cultura zamorana con algunas referencias cinegéticas… ¿es un libro de caza?
«La caza en la evolución humana» es una aportación imprescindible a cualquier biblioteca sobre el tema cinegético
Un cuarto tipo son los libros costumbristas o históricos, que estudian las formas de cazar en otras épocas –desde la prehistoria y las pinturas rupestres hasta la Edad Media–, o de determinados grupos sociales, con un enfoque geográfico o antropológico. La caza en la evolución humana, recientemente publicada con el apoyo de la Fundación Artemisan, es una aportación imprescindible a cualquier biblioteca sobre el tema cinegético, pero a lo mejor hay más dudas con Viajes de exploración por las selvas de la Indochina, de Hugo Bernatzik.
Por último tenemos el tipo que más controversias genera, las novelas. Hay algunas que sí parecen indudablemente de caza, como Solitario de Jaime de Foxá, o La caza del oso de William Faulkner (dentro del recopilatorio ¡Desciende, Moisés!), y sin embargo hay muchas otras que son mucho más cuestionables. ¿Dersu Uzala de Arseniev es una novela de aventuras con algo de caza o una novela de caza con aventuras?
Todas las bibliografías de caza han querido reflexionar sobre este aspecto. Gutiérrez Arrese, Castellano o Uhagón reconocían que decidir si una obra debía considerarse o no «de caza» tenía inevitablemente un componente subjetivo. Al final, la frontera dependía en buena medida del criterio de quien elaboraba la bibliografía, y otras interpretaciones podían ser igualmente defendibles. El mismo problema se da también en otros países, como reflejaron Thiébaud y sus continuadores, Mouchon y Kaps, al preparar sus bibliografías de libros franceses sobre el tema. Así nos encontramos con algunas obras que aparecen en las bibliografías de caza, pero que quizá no hubiesen llegado hasta ellas si quien hubiera elaborado la selección hubiese sido otro. Llanto por un lobo muerto, de Ernesto Méndez Luengo, es una gran novela y fue incluida en la Bibliografía del Círculo de Bibliofilia Venatoria por el conde de Priego en 2004, ¿pero hubiese sido incluida en otro momento? ¿Qué hizo que se incluyese?
Si hubiera que intentar establecer una regla, quizá un libro de caza sea aquel del que un cazador puede salir sabiendo, entendiendo o sintiendo algo más sobre su propia afición. Naturalmente, visto lo visto, parece un intento de poner puertas al campo, que está condenado al fracaso, porque intentar definir el libro de caza con precisión es como intentar definir al coleccionista de libros de caza (o al cazador) con precisión. La biblioteca de cada uno es un asunto personal: entran los libros que su dueño considera que deben estar y quedan fuera los que no. Y, al final, esa selección acaba reflejando la manera en que cada uno ha decidido entender la caza.
Habrá quien considere que Tintín en el Congo es perfectamente un libro cinegético y quien considere que Tartarín de Tarascón de Daudet de ninguna manera debería estar en la estantería junto a los libros del duque de Medinaceli. Ambos tendrán razón.
- Antón Riestra es vocal del Círculo de Bibliofilia Venatoria