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El superbólido, captado desde un cocheX

Por qué el bólido que surcó la Península fue «excepcional», según la ciencia

Fue muy distinto de otras bolas de fuego que de cuando en cuando se registran en distintos puntos del planeta

El espectacular superbólido que surcó el cielo del oeste peninsular en la noche del 19 mayo fue un hecho «excepcional» y muy distinto de otras bolas de fuego que de cuando en cuando se registran en distintos puntos del país.

Así lo expone el científico Josep Maria Trigo, investigador principal del Grupo de Meteoritos, Cuerpos Menores y Ciencias Planetarias del Instituto de Ciencias del Espacio (ICE-CSIC), en un artículo publicado en The Conversation.

Son varios, dice, los factores que lo elevan a la categoría de «excepcional». En primer lugar, el hecho de que fuera un «superbólido», en superlativo, lo que quiere decir que tuvo una luminosidad intermedia entre la Luna y el Sol.

Gracias a ese resplandor, y a la miríada de vídeos que se grabaron del momento, Trigo y sus colegas pudieron inferir propiedades físicas de los materiales del objeto incluyendo su densidad y consistencia dinámica.

Así, en lo relativo a estos detalles, el científico llama la atención sobre su tamaño «inusual». «Tras modelar la ablación del superbólido (pérdida progresiva de la masa del meteoroide a causa del calentamiento producido por fricción al atravesar la atmósfera), la primera sorpresa fue que su tamaño era inusual para una roca que fuera el fragmento de un cometa. Poseía un diámetro ligeramente inferior a un metro. Demasiado grande y masivo, unos 700 kg, para haberse desprendido por la sublimación de los hielos de un cometa, pero pequeño para ser detectado por los programas telescópicos de búsqueda automatizada», apunta Trigo.

El científico dice que «para explicar que alcance la Tierra una roca de esas dimensiones debemos invocar otro mecanismo físico: probablemente, el derrumbe de un frágil cometa al final de sus tortuosos y acalorados días de extrema cercanía al Sol, quizás cerca del llamado perihelio». El objeto fue «uno de los fragmentos supervivientes» de ese cometa.

«En base a la reconstrucción de las trayectorias desde las diversas estaciones y la velocidad obtenida –continúa Trigo–, pudimos obtener la órbita del meteoroide del 19 de mayo antes de su encuentro con la Tierra. La información revela que esa roca cometaria seguía una órbita de muy alta excentricidad y, además, se acercaba al astro rey a tan sólo una décima parte de la distancia Tierra-Sol.

Esto es sorprendente para una roca tan frágil y apunta a que procede del derrumbe de un cometa que se produjo hace relativamente poco tiempo, astronómicamente hablando. Lo más probable es que ese cuerpo poseyese una estructura de pila de escombros también típica de los asteroides desintegrados por impactos.

Así pues, el escenario que pensamos que explica lo que ocurrió en la madrugada del 19 de mayo apunta a que un cometa, en un paso próximo al Sol, se desintegró para producir ese meteoroide que al desintegrarse y producir una luminosa bola de fuego maravilló a millones de personas. Su fragilidad hizo que no profundizase por debajo de 55 km sobre el nivel del mar, por lo que probablemente no permitió la supervivencia de meteoritos», concluye.