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Ilustración del exoplaneta K2-18bESA/Hubble

Ciencia

Colosales océanos y un tamaño que triplica al de la Tierra: claves de 'K2-18b', el minineptuno extraterrestre

Este planeta se convirtió en la gran esperanza para los expertos, que demostraron con un 99,7 % de certeza la existencia de vida en este objeto celeste

desde que tenemos uso de razón, el gran objetivo de las principales entidades y agencias espaciales ha ido encaminado a la búsqueda de vida más allá de nuestro planeta. Esta misión alcanzaba su punto álgido hace escasos días, cuando el Telescopio Espacial James Webb (JWST) de la NASA detectó nuevos indicios de posible vida en un exoplaneta.

Bautizado como 'K2-18b', este planeta se convirtió en la gran esperanza para los expertos, que demostraron con un 99,7 % de certeza la existencia de vida gracias a la composición de su atmósfera. Según los investigadores, el James Webb pudo detectar sulfuro de dimetilo (DMS) y disulfuro de dimetilo (DMDS), gases que en la Tierra son generados por el fitoplancton marino y las bacterias. A diferencia de las cantidades que suelen registrarse en nuestro planeta, en el caso de K2-18b, la presencia de DMS y DMDS en la atmósfera –compuesta casi en su totalidad por hidrógeno– eran 20 veces superior a las de la terrestre.

El investigador principal, Nikku Madhusudhan, del Instituto de Astronomía de Cambridge, afirmó que el hallazgo acerca a la humanidad a demostrar que no estamos solos en el universo y sugirió que el planeta puede estar «rebosante de vida». «Si confirmamos que hay vida en K2-18b, básicamente confirmaríamos que la vida es muy común en la galaxia», dijo a la BBC.

Representación artística del exoplaneta K2-18bUniversidad de Cambridge

Situado a 124 años luz de la Tierra en la constelación de Leo, este exoplaneta –también conocido como EPIC 201912552 b– orbita alrededor de la estrella K2-18, concretamente en la zona habitable del sistema –en el que también se encuentra otro planeta–, con temperaturas que oscilan entre -23 ºC y 27 ºC.

Con un radio de aproximadamente 2,6 veces el de nuestro planeta –y casi nueve la masa de la Tierra–, K2-18b cuenta con la ventaja de que recibe la misma cantidad de luz solar que nuestro planeta con el Sol. De igual manera, tal como detallaron los investigadores, nos encontraríamos ante un exoplaneta cubierto por un océano templado y vivo. De hecho, la teoría que continúa imperando es que K2-18b podría ser un mundo hiceánico, sin ningún tipo de isla o continente ni en su superficie ni en sus profundidades.

Representación de la vista probable de un mundo HyceanoEuropa Press

Los últimos indicios de posible vida en K2-18b llegan tras años de investigación. Descubierto en el año 2017 por investigadores canadienses, este planeta se englobó dentro de los subneptunos o minineptunos –planetas más grandes que los terrestres pero más pequeños que Neptuno–. Ya en 2019 se reportó inicialmente la presencia de vapor de agua en su atmósfera, lo que intensificó la investigación científica sobre este exoplaneta. De igual manera, en 2023 el JWST detectó dióxido de carbono y metano, aunque en unas cantidades muy débiles en comparación con la investigación británica.

La gran duda que surge entre los expertos es, dado las diferencias en las muestras de DMS –en comparación con la Tierra–, si la evolución de nuestro planeta sería la única forma en la que se podría formar vida.

«La gran pregunta es si hubo algo en la Tierra que hizo posible esa evolución. ¿Necesitamos exactamente las mismas condiciones, nuestro tamaño, nuestros océanos y masas terrestres para que eso suceda en otros mundos, o sucede de todas formas?», destacó el doctor Robert Massey, subdirector ejecutivo de la Real Sociedad Astronómica de Reino Unido, en declaraciones a la BBC.