Álvaro Arbeloa se sienta en el banquillo antes de comenzar el partido ante el Benfica
Arbeloa trabaja el principal problema del Real Madrid: desatascar los cerrojos con fútbol fluido y movilidad
El técnico sabe que si consigue abrir las murallas ganará casi todos los partidos y Güler necesita la ayuda de Camavinga y Valverde por ambos flancos
Arbeloa no marca plazos para el regreso de Mbappé: «Volverá en cuanto se encuentre completamente recuperado»
Álvaro Arbeloa lo veía desde hace mucho tiempo. Desde que era entrenador del juvenil A y después del Castilla. No se perdía ningún partido del Real Madrid, fuera en directo o en diferido. Primero, porque es madridista. Segundo, porque es profesional y entrenador. Y tercero, porque un técnico del filial tiene que estar preparado para dar el salto y dirigir al Real Madrid en un santiamén.
Así sucedió. En junio del año pasado estaba al mando del juvenil. En agosto tenía al Castilla a sus órdenes. Cinco meses después fue nombrado responsable del Real Madrid. Y el salmantino tuvo claro el problema principal del primer equipo. Es un hándicap que soportaba Ancelotti, que continuó sufriendo su amigo Xabi Alonso y que él ha intentado corregir desde el primer día que llegó al vestuario que desde hace diez años ocupó como futbolista y ahora ocupa como entrenador.
El problema que Arbeloa vio siempre es la clave del sufrimiento del conjunto blanco en la mayoría de los partidos: saber desatascar los cerrojos que los rivales presentan cuando enfrente tienen a Vinicius y Mbappé.
Si miran hacia atrás se darán cuenta que casi todos los partidos que el Real Madrid no ha ganado ha sido por su falta de fútbol para romper las murallas defensivas y llegar al gol. Recuerden el reciente duelo contra el Rayo Vallecano y el penalti decisivo en el descuento. Esa ha sido la tónica de todos los encuentros que el Real Madrid no ha ganado: no saber entrar en el área con opciones de gol.
Mbappé y Vinicius han solventado bastantes encuentros con su calidad individual, pero esa clase genial solo la poseen pocos jugadores. Por eso Güler se ha convertido en imprescindible. Es el mago que da pases imposibles al francés y al brasileño para solucionar situaciones complicadas. El problema es que no siempre es suficiente. Arbeloa intenta que Valverde y Camavinga se sumen a esta misión y sean eficaces con el fin de romper los cerrojos con triangulaciones por raso y una movilidad muy rápida del balón.
El análisis de Arbeloa y de la dirección deportiva es coincidente, rotundo: es necesario un fútbol más fluido y una circulación más veloz de la pelota, con pases precisos y una mayor creatividad para entrar en el área. Arbeloa está trabajando desde el primer día este objetivo y el Real Madrid ha mejorado, pero hace falta más creación ofensiva para derrotar al Manchester y a otros importantes enemigos en esta fase decisiva de la temporada. El Getafe es un examen total en este sentido. Ningún equipo se cierra más y mejor que el dirigido por Bordalás. El cuadro azulón es el conjunto que menos disparos permite a los contrarios porque realiza los marcajes más estrechos de la Liga.
El Getafe pone a prueba el trabajo de Arbeloa
Analizamos los partidos del Real Madrid esta temporada y es evidente que mandaba el centrocuentismo horizontal. No pisaba habitualmente el área con el balón controlado porque no sabía cómo hacerlo. Solo Vinicius y Mbappé lo realizaban en acciones individuales. Había multitud de pasecitos horizontales de izquierda a derecha en busca de una profundidad difícil de plasmar ante diez adversarios echados atrás.
Estamos hablando de fútbol al más alto nivel y faltaban ideas para romper ese muro. Ancelotti y Xabi lo sufrieron. Arbeloa ha luchado desde el principio contra el inmovilismo y la falta de ideas. Por eso Güler se convirtió en esencial. Es el centrocampista más mágico de la plantilla. El entrenador salmantino quiere que Valverde y Camavinga se sumen a esa labor de triangulaciones y diagonales dentro del área. Que arriesguen en los pases. Sobre todo Camavinga. Valverde tiene el cometido prioritario de centrar y de disparar desde el borde del área.
Mbappé y Vinicius durante un partido del Real Madrid
El técnico le pide eso precisamente, disparar desde lejos, porque es complicado abrir las murallas que los adversarios plantan. El Getafe de Bordalás es el mejor tribunal examinador de ese trabajo que Arbeloa ha realizado durante cincuenta días. Ya hemos visto una evolución clara. Valverde juega por derecha e izquierda para ayudar en las combinaciones y paredes. Güler se mueve por los tres flancos del ataque para enlazar con Vinicius y Gonzalo o Mbappé, según quien juegue.
De hecho, el turco es el hombre que mejor balones envía al francés. El Getafe es una prueba de fuego para mejorar en este capítulo porque ahora llegan los tres meses decisivos del curso y este es el único hándicap importante del Real Madrid, aparte de las lesiones, ese enemigo traidor al que nunca se podrá vencer. Vinicius y Mbappé han sacado adelante muchos partidos gracias a su clase individual pero hace falta más para vencer al Manchester City. Incluso Mbappé puede faltar al primer duelo con Guardiola.
La clave es la rapidez en la circulación
Arbeloa ha centrado la solución en una circulación de balón mucho más rápida de derecha a izquierda y sin parar, con desmarques para generar pasillos en diagonal hacia el área que deben protagonizarlos Camavinga, Valverde y los laterales, además de los dos puntas. Los centrocampistas son aquí esenciales. A Güler no hay que decirle casi nada porque es el jefe en esta misión.
Para el turco no es un trabajo, es su forma de ver el fútbol, lo tiene muy fácil. Es un creador natural. Arriesga con centros medidos e impredecibles en el área, como Kroos destacaba. Arbeloa necesita que los laterales y los otros mediocampistas arriesguen también en los pases y se atrevan a ejecutar triangulaciones, aunque muchas veces no salgan bien porque el rival ha colocado nueve hombres en el área.
Arbeloa insiste mucho en ese sentido: arriesgad, que los pases horizontales los hace todo el mundo y no marcan la diferencia. Precisamente, Thiago Pitarch es un chaval que posee esas virtudes que marcan la diferencia: creatividad y velocidad. Por eso jugó frente al Benfica y por eso va a jugar cada vez más. Este muchacho de 18 años se sumará paulatinamente al primer equipo en esta labor de creación en el centro del campo. Atentos a su progresión. Es lo que necesita el Real Madrid.