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Los loros más sociales tienen un mejor vocabulario

Estos hallazgos aportan valiosas pistas sobre la evolución de la comunicación compleja, incluido el lenguaje humano

Investigadores del Instituto Max Planck de Comportamiento Animal (MPI-AB), en Alemania, han revelado cómo las relaciones sociales influyen directamente en la forma en que se comunican las cotorras argentinas en España. El estudio, centrado en 337 cotorras monje, ha demostrado que los lazos sociales de estas aves afectan tanto la variedad como la forma de sus vocalizaciones.

Durante dos años de trabajo de campo intensivo, el equipo científico observó detalladamente a cada una de estas aves, registrando un total de 5.599 vocalizaciones entre chillidos, graznidos y silbidos. Paralelamente, mapearon sus redes sociales, desde la frecuencia de interacción entre individuos hasta la solidez de sus vínculos. El análisis se enfocó en dos aspectos clave: la diversidad del repertorio (cuántos tipos diferentes de sonidos emite un ave) y las llamadas de contacto (diferencias entre cada tipo de vocalización).

Los resultados, publicados en la revista Royal Society Open Science, ofrecen nuevas perspectivas sobre la relación entre vida social y comunicación en animales. Aunque ya se sabía que las especies más sociables –como delfines y algunos primates– tienden a desarrollar sistemas de comunicación más complejos, este estudio aporta evidencia a nivel individual: las cotorras que ocupaban posiciones más centrales dentro de sus redes sociales –es decir, las más conectadas o influyentes– mostraban una mayor riqueza vocal.

Además, se descubrió que los periquitos que vivían en grupos grandes producían repertorios más variados y, de forma particularmente llamativa, que las hembras emitían un número mayor y más diverso de vocalizaciones que los machos, lo cual resulta poco común en aves. «Este es un primer paso muy importante», señala Simeon Smeele, autor principal del estudio. «Algunas llamadas parecen usarse exclusivamente en contextos sociales, y es muy interesante que sean las hembras quienes más las utilizan, lo que podría indicar que son el sexo más sociable».

El análisis también reveló que los vínculos estrechos influían en el estilo vocal. Aquellos individuos que mantenían relaciones de gran cercanía –como amigos que se permitían acercarse a una distancia mínima– tendían a sonar menos parecidos entre sí, como si buscaran diferenciarse dentro de su grupo más próximo.

Estos hallazgos aportan valiosas pistas sobre la evolución de la comunicación compleja, incluido el lenguaje humano. Estudios previos ya habían establecido vínculos entre sociabilidad y riqueza vocal en especies como los carboneros de Carolina o los titíes, pero esta investigación va un paso más allá, mostrando cómo la posición social individual puede moldear directamente la forma de comunicarse.

«El próximo gran desafío es descifrar el significado de cada tipo de sonido», adelanta Smeele, quien llevó a cabo esta investigación como parte de su doctorado en el MPI-AB. «Es una tarea titánica, porque la mayoría de los intercambios vocales se dan en contextos grupales densos, donde muchos individuos hablan a la vez». Aun así, el estudio sienta un precedente sobre cómo entender el papel de las redes sociales en la evolución del lenguaje animal –y, potencialmente, del humano–.

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