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¿Por qué vuelve el ser humano a la Luna? Diferencias entre el programa Artemis y Apolo

El próximo mes de marzo partirán hacia el satélite terrestre la primera mujer, la primera persona negra y el primer no americano

La humanidad se prepara para regresar a la Luna más de medio siglo después de la última misión del programa Apolo, que concluyó en 1972. Este nuevo hito se producirá en el marco del programa Artemis, impulsado por la NASA, cuyo planteamiento difiere de forma sustancial del desarrollado en los años 60. Entonces se trataba de llegar y volver; ahora, el objetivo es establecer una presencia duradera en el satélite natural de la Tierra.

La misión Artemis II, cuyo lanzamiento está previsto, según las estimaciones actuales, para marzo de este año, será la primera misión tripulada de este nuevo programa. En ella viajarán cuatro astronautas que realizarán un vuelo alrededor de la Luna, marcando un paso decisivo tras el éxito del vuelo de prueba sin tripulación de Artemis I.

La estrategia de la NASA pasa por regresar a la Luna con la intención de permanecer. Para ello, el programa contempla la creación de una infraestructura estable, conocida como Gateway, diseñada para operar durante al menos quince años. Esta plataforma orbital servirá como punto de apoyo para misiones tripuladas y robóticas, y como base para una presencia humana continuada en el entorno lunar.

A diferencia del programa Apolo, en el que los astronautas pasaron en conjunto alrededor de una quincena de días sobre la superficie lunar, Artemis aspira a algo mucho más ambicioso. El objetivo es que el ser humano aprenda a vivir y a trabajar durante periodos prolongados en otro mundo, además de desarrollar capacidades para aprovechar los recursos naturales de la Luna, un aprendizaje clave para futuras misiones de mayor alcance.

La tripulación de Artemis II estará formada por los astronautas de la NASA Reid Wiseman, Victor Glover y Christina Koch, junto al astronauta de la Agencia Espacial Canadiense Jeremy Hansen. Esta misión tendrá también un fuerte componente simbólico, ya que será la primera vez que viajen a la Luna una mujer, una persona negra y una persona no estadounidense.

El carácter internacional del programa es uno de sus pilares fundamentales. «Se irá a la Luna con un gran esfuerzo internacional liderado por Estados Unidos pero incluyendo multitud de países y haciendo uso de sectores tanto público como privado, creando las condiciones para una eventual Economía Lunar», ha explicado en un encuentro con los medios el jefe de producción de los módulos de servicio europeos de la nave Orion de la Agencia Espacial Europea (ESA), Guillermo González.

Desde la ESA se subraya que Artemis combinará misiones tripuladas con operaciones robóticas, una fórmula que permitirá avanzar de forma progresiva y segura. En palabras del propio González, este enfoque servirá para «inspirar a las futuras generaciones de ingenieros y científicos». «Para aprender y así un día poder ir a Marte», ha añadido.

El viaje de la nave Orion será un elemento central de Artemis II. Lanzada por el cohete del Sistema de Lanzamiento Espacial (SLS) desde el Centro Espacial Kennedy, en Florida, la nave orbitará inicialmente la Tierra antes de emprender un trayecto de cuatro días hacia la Luna. Tras sobrevolar el satélite, regresará a nuestro planeta en una misión con una duración estimada de diez días.

Durante la fase inicial en órbita terrestre, la tripulación comprobará el correcto funcionamiento de todos los sistemas. Además, los astronautas tomarán el control manual de la nave para realizar maniobras de proximidad utilizando los motores del Módulo de Servicio Europeo, capacidades esenciales para futuras misiones y para el posicionamiento de elementos de la Gateway, como el módulo lunar I-Hab de la ESA.

Una vez completadas estas pruebas, el segundo Módulo de Servicio Europeo impulsará a Orion hacia la órbita lunar, llevándola a volar a casi 7.500 kilómetros más allá de la Luna antes de rodearla y emprender el camino de regreso en una trayectoria segura.

El programa Artemis no solo supone un cambio en la duración y el enfoque de las misiones, sino también en el lugar elegido para operar. Las futuras misiones se dirigirán al Polo Sur lunar, una región que no fue explorada durante el programa Apolo. Allí se concentran importantes cantidades de agua en forma de hielo, un recurso desconocido en los años sesenta y considerado hoy clave para la exploración espacial a largo plazo.

Europa desempeña un papel relevante en este proyecto a través de la ESA, especialmente en el desarrollo de la nave Orion. Aproximadamente la mitad de la nave ha sido diseñada y construida en Europa, mientras que la parte superior se ha fabricado en Estados Unidos. Orion es una nave completamente distinta al antiguo Transbordador Espacial, mucho más pequeña y diseñada específicamente para escapar de la gravedad terrestre y viajar hasta la Luna.

«El Transbordador Espacial era demasiado pesado, no tenía las prestaciones para escapar de la fuerza gravitatoria de la Tierra y escapar de la órbita de la Tierra», ha explicado González. Por el contrario, Orion está pensada para transportar una tripulación más reducida, operar durante semanas en el espacio profundo y devolver a los astronautas a la Tierra de forma segura.

De toda la nave, solo la cápsula tripulada será recuperada tras la misión. Aun así, incorpora servicios inexistentes en las misiones Apolo, como un sistema para hacer ejercicio, un retrete y una pequeña cocina, elementos que reflejan el nuevo objetivo del programa: no solo llegar más lejos, sino hacerlo durante más tiempo y en mejores condiciones.

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