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Ciencia

El aviso de un Premio Nobel: «El lugar más infernal de la Tierra es un paraíso comparado con Marte»

A pesar del optimismo desplegado por personalidades como Elon Musk, la realidad es que se trata de una aventura extrema dadas las condiciones de vida que hay en el cuarto planeta del sistema solar

con la reactivación del programa lunar, la NASA va acercándose hacia uno de los grandes objetivos del siglo: llegar a Marte. Esta proeza, objetivamente posible a lo largo de la década de 2040, marcará un antes y un después en la exploración de nuestro sistema solar.

Aun así, a pesar del optimismo desplegado por personalidades como Elon Musk, la realidad es que se trata de una aventura extrema dadas las condiciones de vida que hay en el cuarto planeta del sistema solar.

En comparación con las agradables condiciones climáticas de nuestro planeta, las de Marte se diferencian notablemente. La NASA señala que la temperatura puede oscilar entre los 20 °C y los -153 °C, con una media de -65 °C.

En este contexto, el profesor suizo Michel Gustave Édouard Mayor, Premio Nobel de Física en el año 2019 por el descubrimiento del primer exoplaneta orbitando una estrella de tipo solar, ha detallado en una entrevista concedida a El País cómo la ambición de Elon Musk de llegar a Marte es prácticamente «irreal».

«Marte apenas tiene atmósfera. Es imposible terraformarlo para generar tanto oxígeno como sería necesario. El lugar más infernal de la Tierra es un paraíso comparado con Marte. Ni siquiera con el peor cambio climático que podamos imaginar, la Tierra va a seguir siendo mucho más habitable que Marte», señalaba el investigador.

La temperatura no es el único factor a tener en cuenta, ya que la radiación cósmica del planeta rojo es otro de los puntos más sensibles para el ser humano. Para hacernos una idea, según los informes de la NASA, una persona promedio en la Tierra está expuesta a aproximadamente 0,33 milisieverts de radiación cósmica por año. En Marte, esa exposición anual podría superar los 250 milisieverts. A esto hay que sumar, lógicamente, la ausencia de oxígeno, que representa menos del 0,2 % del aire marciano –compuesto mayoritariamente por dióxido de carbono (95 %) y argón (5 %)–.