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El dueño de SpaceX, Elon Musk

Ciencia

La reacción de Elon Musk tras el desastre de Blue Origin: «Los cohetes son difíciles»

La brutal explosión del cohete New Glenn beneficia directamente a SpaceX en la carrera lunar estadounidense

Varapalo para Blue Origin y para la NASA, oportunidad para SpaceX. El monopolio espacial plasmado por la compañía de Elon Musk en los últimos años era ligeramente trastocado tras la irrupción de Jeff Bezos en la carrera espacial.

Sin embargo, la reciente explosión del cohete New Glenn abre un nuevo horizonte para el multimillonario y para su empresa de cara al programa lunar de la NASA. Recordemos que esta misma semana el administrador de la NASA, Jared Isaacman, elegía a Blue Origin para comenzar a asentar los cimientos de la futura base lunar a finales de este 2026.

De igual manera, la destrucción del cohete New Glenn cambia por completo el programa lunar de la NASA. Recordemos que en tan solo un año la agencia intentará poner en marcha Artemis III, que realizará un experimento de acoplamiento en la órbita baja terrestre con los módulos lunares que están desarrollando SpaceX y Blue Origin: Starship HLS y Blue Moon respectivamente. Este experimento será clave de cara a la misión Artemis IV, prevista para principios de 2028, siendo el primer alunizaje del ser humano en el satélite desde 1972.

Sin embargo, la destrucción del New Glenn conllevará un cambio de planes en el calendario de Blue Origin, ya que será extremadamente complicado que tenga a punto su módulo lunar para Artemis III. Por ello, SpaceX se sitúa como la opción más viable de la agencia estadounidense.

En este contexto, el propio Musk se hacía eco del brutal desenlace en Cabo Cañaveral, señalando en un escueto mensaje de X la «verdadera lástima» de lo sucedido.

«Los cohetes son difíciles», añadía.

En líneas generales, la brutal explosión del New Glenn beneficia directamente a Musk por dos motivos. En primer lugar, su competidor más peligroso queda relegado, consolidando el monopolio absoluto de SpaceX en el mercado de lanzamientos pesados. De igual manera, obliga a Amazon a seguir pagando millones a empresas como United Launch Alliance (ULA), Arianespace y SpaceX para poner en órbita sus propios satélites, dado que el cohete destruido iba a lanzar a inicios de junio 48 satélites de la red de internet Leo de Amazon, competidor directo de la constelación Starlink de Musk.