Aún estoy aquí se estrena este viernes 21 de febrero en los cines de España
Crítica de cine
'Aún estoy aquí': la historia de una madre coraje basada en hechos reales que opta a tres Oscar
La película de Walter Salles (Estación Central de Brasil) transparenta el amor del director por sus personajes
Brasil, 1971. La familia de Rubens Paiva y su esposa Eunice llevan una vida feliz, a pesar de la dictadura que ellos rechazan, y que duró desde 1964 hasta 1985. Sus numerosos hijos llenan de vida la casa, cada uno con los problemas propios de su edad. Un buen día, un grupo de policías de paisano entran en su domicilio, y ante la mirada aterrada de Eunice (Fernanda Torres) y sus hijos, se llevan detenido a Rubens, arquitecto y exdiputado del Partido de los Trabajadores. No informan de a dónde se lo llevan, por qué ni por cuánto tiempo. Eunice se queda al frente de su familia, y pesar del miedo que la paraliza tiene que coger las riendas de la casa y seguir adelante.
Este es el argumento, escrito por Murilo Hauser y Heitor Lorega, y basado en las memorias de Marcelo Rubens Paiva, publicadas en 2015 y tituladas Aún estoy aquí. Detrás de la cámara está el veterano Walter Salles, cineasta brasileño que nos cautivó hace décadas con Estación Central de Brasil, protagonizada por Fernanda Montenegro, que ahora hace de Eunice en los últimos años de su vida. Aquella cinta también analizaba las relaciones familiares en un contexto difícil. Y en 2005 produjo Sisters, una cinta argentina sobre las consecuencias de la dictadura militar de Videla en la vida doméstica de una familia. El mismo tema que la película que nos ocupa.
Aunque la película tiene una clara intención de denuncia de las persecuciones y desapariciones que tuvieron lugar durante la larga dictadura brasileña, no cabe duda de que el foco dramático está puesto en el desarrollo de los personajes que forman la familia del diputado. La protagonista es, sin duda, la madre, convertida en una «madre coraje» que tiene que reinventarse y proteger a los suyos del fantasma del miedo. Estamos, pues, ante una película coral en la que todos los personajes tienen su drama particular y deben hacer su propio camino en función de su madurez y de sus circunstancias.
En ese sentido, Aún estoy aquí propone un retrato familiar en donde encontramos todos los ingredientes esperables, desde las adolescentes que empiezan a rebelarse y a ser independientes a los niños inocentes que no comprenden el mundo adulto. Toda la primera parte del metraje consiste en hacer convivir al espectador en esa casa familiar, sentir cercanos los afectos y las rutinas, encariñarse de la asistenta o de las hijas adolescentes que hacen sus pinitos de adultas. Y a eso ayuda una banda sonora con muchísimas canciones populares de la época. Por ello, cuando el inesperado terror irrumpe en sus vidas, el público se siente solidario en la angustia y la incertidumbre.
La película está rodada con minuciosidad y el resultado transparenta el amor de Walter Salles por sus personajes. No le interesa hacer un filme ideológico y reivindicativo, sino poner en primer plano a las personas; personas de carne y hueso impotentes ante un poder abstracto y sin rostro definido. Y ese es el gran mensaje político del filme: la irreductibilidad de la persona frente al Poder. La película ha recibido el Goya a la mejor película Iberoamericana, y su protagonista ha ganado el Globo de Oro a la mejor actriz dramática. Aún estoy aquí tiene tres nominaciones al Oscar: mejor película, mejor película internacional y mejor actriz.