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Rita HayworthGTRES

Cine

La triste vida de Rita Hayworth: abusos infantiles, alcoholismo y alzhéimer

La actriz más sensual y deseada de su tiempo escondía detrás de la poderosa imagen de ‘Gilda’ un montón de desgracias y complejos

Rita Hayworth es, seguramente, la estrella de cine que más heridas cosechó en su dificilísima vida, que mejor representa al juguete roto de Hollywood y que de manera más definitiva demuestra que la fama y la felicidad no tienen por qué ir de la mano.

Margarita Cansino nació en Nueva York en 1918. Hija de una italo-irlandesa y de un bailarín español que la violaba y pegaba sistemáticamente siendo niña, formó pareja artística con su padre que la sacó del colegio a los 6 años y que, ya con 12, la vestía de mujer para sexualizarla prematuramente. Después de años de explotación, a los 16, desesperada, deja el negocio familiar y huye a California para conseguir un modesto contrato con la Paramount de siete años. En ese momento, acosada por el director Harry Cohn y empujada por su primer marido y representante, el empresario Edward Judson, cambia el apellido paterno que sonaba demasiado mediterráneo por el de su madre, se quita varias muelas para afinar su rostro, se somete a un dolorosísimo tratamiento electrolítico para atrasar el nacimiento de su pelo y despejar su frente y se tiñe de pelirroja. Nacía Rita Hayworth.

Fred Astaire y Rita en Hayworth en la película Bailando nace el amor

Tras varios papeles menores, llama la atención de la industria gracias a su personaje secundario en Sólo los ángeles tienen alas de Howard Hawks en 1939. Eso, una portada de 1941 en la revista Life que la consolidó como una de las pin-up más deseadas de la época y un montón de películas entre 1940 y 1945 la convirtieron en estrella. Fue pareja de Douglas Fairbanks Jr. en Ángeles sobre Broadway, James Cagney en La pelirroja, Tyrone Power en Sangre y arena, Charles Boyer en Seis destinos y Víctor Mature en Mi chica favorita. Aunque de esos años, destacan especialmente, Desde aquel beso y Bailando nace el amor con Fred Astaire y Las modelos con Gene Kelly, donde pudo mostrar todo su talento como bailarina.

Pero lo que cambia radicalmente su vida fue la película que la convirtió en mito: Gilda. La Columbia la pone al frente de la película de Charles Vidor en la que hace de una incombustible y sensual femme fatale. Noir exitoso y definitivo, Hayworth enamoró al mundo entero con el vestido de satén negro diseñado por Jean Louis que lleva mientras canta Putt he blame on Mame y se quita sensualmente un guante, tras lo que Glenn Ford, humillado, la da una bofetada. Puro fuego. En España hubo avisos parroquiales que alertaban que el filme era «moralmente peligroso». Y el éxito fue tal que los estudios volvieron a unirla con Ford en Los amores de Carmen y La dama de Trinidad donde tratan de repetir la fórmula, sin lograrlo.

Rita Hayworth, en GildaGTRES

Hayworth intentó entonces huir de ese tipo de papeles desesperada ante la idea de ser únicamente una estrella sensual. Ello, junto al hecho de que pusieron su nombre a una de las bombas nucleares utilizadas en la Operación Crossroads aquel mismo año de 1946, la empujaron a cambiar de registro casi violentamente.

Estaba casada con Orson Welles desde 1943 y les llamaban «el cerebro y la bella» lo que incrementó el complejo de inferioridad intelectual que una Rita carente de educación tuvo toda su vida. Después de años de sufrimiento y autodestrucción en que ella le exigía constante presencia y atención, él empezó a serle infiel y Rita, que bebía ya en exceso, no lo aguantó más. Aun así, se aferró a lo que más les unía y a punto de divorciarse protagonizaría bajo sus órdenes el noir fundamental La dama de Shangai que fue un fracaso rotundo pues el público no aceptó a una Rita Hayworth rubia, de pelo corto y malvada.

En 1949 conoce en Cannes al príncipe Ali Khan y se casa con él estando embarazada, algo que la prensa tildó como «una ofensa para todas las mujeres decentes». Tras ello, rompe su contrato con la Columbia, se centra en sus dos hijas (había tenido una con Welles) y rechaza papel tras papel como el de la esposa adúltera en De aquí a la eternidad. Pero incapaz de aguantar la vida palaciega y las infidelidades de su marido, se divorcia de nuevo. Deprimida, regresa a Estados Unidos en 1953 y, entre el estreno de Salomé ese año, y Fuego escondido, de 1957, no trabaja.

Meses después se casaría con el cantante de segunda Dick Haymes del que se divorciaría en el 55 alegando crueldad extrema después de que él le propinara un puñetazo durante uno de sus conciertos dejándola inconsciente. Y entre 1958 y 1961 estuvo casada con el productor James Hill, seguramente, el más duro de todos sus matrimonios, pues además de alcohol y la violencia, estuvo marcado por las constantes humillaciones a las que la sometía en público. Cinco matrimonios, cinco divorcios que Hayworth resumiría con una de sus frases más famosas: «Los hombres se van a la cama con Gilda y se despiertan conmigo».

A finales de la década de los 50, la actriz se arruinó y desde varias revistas se propuso boicotear sus películas porque su fama de díscola, arpía y «borracha» era vox populi. Con todo, en 1958, a los 40 años, haría el que es seguramente su mejor trabajo, la espléndida Mesas separadas tras lo que intenta empezar una carrera teatral que abandona en plenos ensayos por anemia y agotamiento. En los siguientes 13 años interviene en once películas, entre las que destaca El fabuloso mundo del circo de 1964 rodada en España, y de todas ellas sale dejando un mal sabor de boca entre sus compañeros por sus olvidos constantes y su proceder errático.

Se pensaba que estaba demenciada por el alcohol y que su dependencia le provocaba ataques de ira, violencia y fobias como a quedarse sola o bajar escaleras. Pocos podían imaginar que en realidad llevaba años padeciendo alzhéimer sin diagnosticar hasta 1980. Antes de eso, como dijo su propia hija, Yasmin Aga Khan, «hubo dos décadas de infierno».