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Carla Simón, en el Festival de Cannes

Carla Simón, en el Festival de CannesEFE

Cine

El cine español se acerca a la Palma de Oro: Carla Simón recibe la ovación de Cannes con 'Romería'

Su película, al igual que Sirat, de Oliver Laxe, recibe una buena acogida en el certamen

Después de la buena acogida crítica de Sirat, del franco-gallego Oliver Laxe al principio de la manifestación, también se coloca al frente de los favoritos para la Palma de Oro del 78º Festival de Cannes, el segundo filme español del concurso, Romería, de la catalana Carla Simón, sí lo podemos juzgar por la larga ovación que saludó el fin de la proyección de la función oficial para el público a la que también asistió parte del jurado.

La acompañaban en esta jornada de la competición Affeksjonsverdi (Valor sentimental) del noruego Joachim Trier, drama de la relación conflictiva entre padre e hija a través de un viaje entre el cine y la realidad, y The History of Sound, del sudafricano Oliver Hermanus, historia de amor entre dos hombres que parten a la búsqueda de viejas baladas del folclore norteamericano en los albores del siglo XX.

Romería es la tercera parte de una trilogía de esta joven realizadora de 38 años después de Verano 1993, ganadora de dos premios en el Festival de Berlín en 2017, además del Goya a la mejor opera prima, y sobre todo de Alcarràs, Oso de Oro de la misma Berlinale en 2022, todas centradas en la búsqueda de las raíces y la identidad de la misma Carla Simón.

En Romería asistimos al viaje de una joven que indaga sobre vida y muerte de sus padres, reuniéndose con su familia paterna en Vigo, a la que no veía desde que era muy niña, descubriendo secretos ocultos por la vergüenza que en esa época rodeaba toda referencia al consumo de droga y la muerte por SIDA.

Simón, que reconoce haber cambiado parte de los detalles de la historia, pero manteniéndose fiel a la premisa de encarar su propia vivencia de hija huérfana por lo que se dio en llamar la peste del siglo, que conllevaba vergüenza y sufrimiento, crea un universo conflictivo en el que el tiempo pasado puede haber cicatrizado pero siempre puede ser abierto con la llegada de un extraño.

La debutante Llucía García Torras es una verdadera revelación en este filme iluminado por la francesa Hélène Louvart, que acaba de ser aplaudida en Cannes por la fotografía de Eleanor the Great, debut en la dirección de la actriz Scarlett Johansson.

Se puede decir que a pesar de su relativa juventud, 51 años cumplidos el pasado primero de marzo, Joachim Trier es un 'viejo' abonado de Cannes, habiendo participado con su segundo film, «Oslo 31 August», en la paralela oficial «Una cierta mirada» en 2011, seguido en 2015 por Louder than Bombs, presentado en concurso lo mismo que La peor persona del mundo en 2021.

Adaptado por Trier con su fiel Eskil Vogt y protagonizado por su actriz fetiche Renate Reinsve, Valor sentimental cuenta la historia de un veterano director de cine (Stellan Skarsgard) que intenta culminar su carrera con un filme autobiográfico y que propone a una de sus dos hijas, una actriz de teatro profesional, el papel protagónico.

Esta, que ha siempre reprochado a su padre haberla abandonado en pos de su carrera y de sus múltiples relaciones amorosas, rechaza el papel pero es convencido por su hermana en cambiar de idea.

Trier que, en cuanto noruego, no participa comúnmente de ese «angst» típico del cine sueco, se adentra en parte en ese clima dramático y esa teatralidad que hicieron la fortuna de un Ingmar Bergman, para concluir con una nota sentimental una historia que se distingue sobre todo por una mezcla entre ficción y realidad, no demasiado bien resuelta.

The History of Sound está inspirada en una novela corta del escritor norteamericano Ben Shattuck que habla de dos jóvenes atraídos por las antiguas baladas folklóricas de la zona rural de la Nueva Inglaterra para tratar de conservar ese patrimonio cultural en vías de extinción.

El viaje por pueblitos perdidos los acerca sentimental y sexualmente pero la relación terminará por varios motivos, hasta que muchos años después uno de ellos recuperará el recuerdo de su amor perdido, así como las bobinas de cera con las que habían grabado ese patrimonio musical, igualmente perdido. Pero la extrema morosidad del relato y la relativa monotonía de las baladas no ayudan mucho a digerir la película.

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