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Clint Eastwood, con su mítico poncho de la trilogía del dólar de Sergio LeoneGTRES

Historias de película

La condición que puso Clint Eastwood a Sergio Leone para rodar en España 'La muerte tenía un precio'

Para muchos es la mejor película de la Trilogía del Dólar de Sergio Leone que completan Por un puñado de dólares y El bueno, el feo y el malo

A principios de 1965, Clint Eastwood recibió la oferta de Sergio Leone de realizar una segunda película bajo sus órdenes, tal estaba siendo el éxito de Por un puñado de dólares que, estrenada en Italia en septiembre del 64 apenas en 25 salas, estaba ya en más de 400 y subiendo.

El actor americano, que había protagonizado el que es considerado el primer spaghetti wéstern de la historia, sin embargo, no lo veía claro. Le pidió a Leone que le mandara una copia de la película, en italiano por supuesto (en Estados Unidos no se estrenaría hasta 1967), y se la mostró a algunos amigos. Eastwood había rodado sus escenas en inglés y había sido posteriormente doblado, por lo que, en aquel histórico pase privado, los amigos del «personaje sin nombre» no entendieron una palabra. Empezaron a verla y el actor se llenó de dudas. No le estaba gustando demasiado. Algunos de sus amigos se reían sin parar ante los largos silencios, los rápidos zooms, la música estridente y la violencia exagerada de la cinta. Otros, precisamente por ello, estaban entusiasmados.

Sin mucho convencimiento, Eastwood llamó a su representante y le dijo que repetiría con Leone si le subían la minuta a 50.000 dólares (había percibido 15.000 por la anterior). Por un puñado de dólares llevaba por entonces recaudados más de un millón de dólares, por lo que el director contaba ahora con Alberto Grimaldi como productor de la segunda película que había puesto 600.000 dólares encima de la mesa para poder realizarla. Había más dinero, había más medios. Le dijeron que sí.

El nuevo guion llevaba por nombre Per qualche dollaro in più (Por un puñado de dólares más), pero en España se acabaría estrenando como La muerte tenía un precio, aunque no se trataba de una secuela. El personaje de Eastwood volvía a ser un pistolero sin nombre, pero Leone siempre se ocupó de repetir que la que hoy conocemos como «Trilogía del dólar» nunca fue una trilogía.

Rodada principalmente en el Desierto de Tabernas (Almería), Hoyo de Manzanares y Colmenar Viejo (Madrid) y Guadix (Granada), de nuevo con guion del propio Leone y Luciano Vincenzoni, el director volvió a contar con Eastwood como protagonista y el magnífico actor Gian María Volonté como repugnante y atractivo villano. El director intentó entonces que el siempre heroico Henry Fonda entrase en el proyecto, pero rehusó la oferta porque no conocía al director. Así que llamó a un secundario veterano del wéstern, el inquietante Lee Van Cleef, que se unió a la fiesta para no abandonar ya nunca el género, pues el público le adoró.

La muerte tenía un precio

La película se centra en dos personajes principales, el Manco (Eastwood) y el coronel Mortimer (Van Cleef) que siguen el paradero del bandolero llamado Indio (Volonté), el primero, para cobrar por él la recompensa y, el segundo, para vengar la muerte de su hija.

Con esta segunda incursión en el oeste, Leone terminó de perfilar los principales rasgos de lo que sería su estilo como cineasta, al tiempo conformaba definitivamente las bases del género que él configuró con una amoralidad, una aridez, una violencia explícita, una crudeza en la frontera y unos antihéroes que atravesarían todos los spaghetti wésterns de manera transversal.

La muerte tenía un precio es, para muchos, la mejor de la trilogía oficiosa de Leone ya que cuenta con algunos de los mayores aciertos de toda su filmografía. Uno de ellos es la importancia que da a la banda sonora en la que Ennio Morricone dio el do de pecho. Entre otras cosas porque el compositor contó con más tiempo y dinero para poder realizarla y porque empezó a componerla nada más leer el guion, lo que provocó que Leone decidiera rodar muchas escenas mientras los actores escuchaban la música en el propio set de rodaje. Algo que, a partir de entonces, haría ya en todas sus películas. El director de fotografía, Massimo Dallamano, también repetía con el cineasta por lo que pudo explorar de manera más explícita aquellos recursos que había empezado a utilizar en Por un puñado de dólares tales como el gran primer plano, el primerísimo primer plano, el crash zoom (zoom rápido) y la profundidad de campo, uno de los elementos formales más definitivos del spaghetti wéstern en el que los elementos más próximos al objetivo y los más alejados aparecen encuadrados y enfocados de manera nítida.

La muerte tenía un precio fue un éxito rotundo de taquilla, convirtió definitivamente a Clint Eastwood en estrella y la crítica fue más benévola con ella que con su predecesora, pues fue la confirmación de que el cine europeo estaba cambiando también en el género, también en el sacrosanto e intocable wéstern… Que no todo era Nouvelle vague y neorrealismo.

Aquel mismo año 1965 se estrenaron también Un dólar agujereado de Giorgio Ferroni, Una pistola para Ringo y El retorno de Ringo de Duccio Tessari, Sangre sobre Texas de Alberto De Martino, Adiós, gringo de Giorgio Stegani, 30 winchester para el diablo de Gianfranco Baldanello y Una tumba para el sheriff de Mario Caiano.

Sí, el subgénero bastardo, espurio y cutroso estaba a punto de convertirse en un fenómeno social. Y todo lo había empezado Sergio Leone con un puñado de dólares… más.