Imagen del castillo de Butrón
Cine
El castillo del País Vasco donde se rodó el 'Drácula' español con Anita Ekberg
La fortaleza gótica de la película existía de verdad, en pleno corazón de Vizcaya
En 1969, una hermosa mujer rubia llegaba a un castillo en algún rincón remoto de Europa. Acababa de heredar una imponente fortaleza familiar. Pero lo que parecía un golpe de suerte pronto se transformaba en una pesadilla gótica: un noble misterioso, mujeres hermosas con comportamientos inquietantes y una revelación escalofriante: ella misma era descendiente de una estirpe de vampiros. Así arrancaba Malenka: la sobrina del vampiro, película hispano-italiana dirigida por Amando de Ossorio y protagonizada por Anita Ekberg, la actriz escandinava que había brillado en La dolce vita y que años después acabó, literalmente, hasta el cuello en capas, niebla y sangre falsa.
La localización principal de este delirio gótico no fue un plató de cartón piedra, sino un lugar muy real y con una historia aún más tenebrosa: el castillo de Butrón, situado en la colina de Mendichu, en el municipio vizcaíno de Gatika.
Malenka
Pero Butrón no nació para el cine. Su base es una torre-fuerte medieval del siglo XIII, levantada por la poderosa familia de los Butrón, que necesitaba protegerse en los tiempos salvajes de los enfrentamientos entre oñacinos y gamboinos. Un siglo después, el V señor de Butrón decidió ampliar la estructura y convertirla en un castillo. Ahí empezó la leyenda.
La transformación total llegó siglos más tarde, en 1879, cuando y Narciso de Salabert y Pinedo, marqués de Torrecilla, encargó al arquitecto Francisco de Cubas una reforma que lo cambiara todo. Cubas, embriagado por el romanticismo arquitectónico y los delirios góticos de la Europa del XIX, se inspiró en los consejos del restaurador francés Viollet-le-Duc —el mismo que revivió Notre Dame en París— y levantó una fortaleza de fantasía: torres altísimas, muros recargados, pasillos imposibles. El interior fue diseñado más como una estructura defensiva que como una vivienda: una casa perfecta para un ejército tenebroso, pero un infierno logístico para instalar un salón decente.
No es extraño que en los años 60 alguien pensara: «Aquí rodamos una de vampiros». Y así lo hicieron. En la carátula de Malenka, la silueta de Butrón aparece en todo su esplendor.
Pero si lo que se veía en pantalla era ficción, lo que vino después es aún más surrealista.
Tras rodajes, abandono, alguna visita escolar y muchas leyendas, el castillo fue parcialmente remodelado entre 1989 y 1992 por Estudios Arriaga, que lo adaptaron como sede social. En 2005 pasó a manos de la inmobiliaria INBISA, y en 2014 salió a subasta por 3,5 millones de euros. ¿Resultado? En 2021, un comprador privado anónimo pagó cuatro millones para quedarse con él. Medio millón más de lo que se pedía.
Desde entonces, está cerrado al público, con la excusa oficial de una restauración de fachada que puede durar dos años... o los que hagan falta. Las visitas guiadas, que hasta hace poco permitían recorrer (a trompicones) sus estancias laberínticas, fueron suspendidas. ¿Quieres sobrevolarlo con un dron? Prohibido. ¿Te apetece aterrizar un helicóptero para hacer un vídeo viral? Ni lo sueñes. El castillo no es una atracción turística, ni un museo, ni un hotel de lujo: es propiedad privada con fauna protegida, normativas estrictas y un «uso personal» tan opaco como su nuevo dueño.
Eso sí, en redes sociales el castillo anuncia que es bien cultural protegido y que está «en restauración». No puedes entrar, no puedes grabar, no puedes volar. Puedes, eso sí, mirarlo desde fuera, a distancia.