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Sean Connery como James Bond

Cine

La magnífica película de 007 que Sean Connery hizo fuera de la saga de James Bond

Ese año se estrenó, además, otra película de James Bond protagonizada por Roger Moore, Octopussy

La saga de James Bond es una de las más largas y populares de la historia del cine. A la espera de que sepamos quién será el próximo agente 007, desde 1962 a 2021, hemos visto ya 25 películas y seis actores interpretando al personaje. Sean Connery lo hizo en las primeras seis ocasiones; le siguió George Lazenby solo con una película; Roger Moore se metió en la piel Bond siete veces; Timothy Dalton, sólo dos; en la década de los 90, volvió 007 en la piel Pierce Brosnan con cuatro películas y le siguió Daniel Craig con cinco.

Pero hay otra película, una que se ha visto muchísimo y que también protagonizó Sean Connery, aunque no forma parte del canon de James Bond. Se trata de Nunca digas nunca jamás, un 007 extraoficial, un 007 que no debería haber sido, pero fue.

La franquicia oficial del agente británico ha pertenecido siempre a EON Productions, compañía fundada por Harry Saltzman y Albert R. Broccoli que ha producido los veinticinco títulos de la saga. Pero la razón por la cual, en 1983 y plena era Roger Moore, se estrenó una película no oficial de James Bond es casi un thriller propio de una de sus películas.

Ian Fleming creó el personaje en 1953 con una novela tremendamente popular, Casino Royale, cuyos derechos vendió a la cadena de televisión americana CBS por algo más de 1.000 dólares. En 1961, el éxito de sus novelas sobre James Bond fue tal que EON compró los derechos de casi todas ellas para llevarlas al cine, excepto Casino Royale, claro, cuyos derechos no logró hasta 2006, momento en que la saga volvió con el Bond del siglo XXI, Daniel Craig.

El problema legal empezó cuando el propio Fleming quiso escribir un guion directamente para la pantalla en colaboración con Jack Whittingham y Kevin McClory que la iba a producir. Pero el proyecto no salió adelante y Fleming utilizó parte del material para escribir la novela Operación trueno en 1961, pero sin acreditar ni citar a sus compañeros como creadores también de la idea original.

McClory demandó a Fleming por plagio y consiguió que se le reconocieran los derechos sobre la historia y la trama de Operación trueno llegando a un acuerdo con EON por el cual el productor no podría sacar adelante ninguna película de 007 en al menos diez años. Y en esta batalla estuvo metido toda la década de los 70.

Ya en los 80, McClory se empeñó en producir la película que le habían boicoteado años atrás, Operación Trueno, y que EON había llevado al cine en 1965. Pero él quería hacer su versión. Así que consiguió financiación y convenció a Sean Connery para que la protagonizara doce años después de haberse metido por última vez en la piel del agente secreto en Diamantes para la eternidad. El título de la nueva película estuvo claro desde el primer momento y se debió a una broma protagonizada por el propio actor que, después de la sexta película en que encarnó a James Bond, juró que nunca jamás más volvería a interpretar al personaje. Así que McClory quiso hacerle un guiño dándole un título glorioso: Never say never again (Nunca digas nunca jamás).

Con todo, el productor no pudo utilizar todo el material preexistente del personaje. Para empezar, el filme no tiene la clásica melodía de James Bond de Monty Norman ni aparece el famoso gun barrel opening porque EON no le cedió los derechos para hacerlo. Además, hay algunas diferencias en cuanto a los gadgets habituales que usa Bond, el tipo coche que conduce o los personajes de M, Q y Moneypenny. Pero, pese a eso, el filme fue un éxito por lo que McClory intentó volver sobre 007 en varias ocasiones, pero EON le fue bloqueando todos los intentos hasta que el productor desistió. Es más, sus herederos, en 2013, vendieron a MGM/EON los derechos que su padre tenía sobre los términos de Spectre y Blofeld y que aparecen, ¡al fin!, en la película Spectre que protagonizó Craig en 2015.

Sean Connery como James Bond en Nunca digas nunca jamás (1983)

Nunca digas nunca jamás nos presenta un Connery de 52 años, todavía dócil y fuerte, aunque llevando un vergonzante bisoñé, que investiga el robo de unas armas nucleares por parte de la demoníaca organización Spectre. Junto a él, un villano tan repulsivo como icónico en la piel de Klaus Maria Brandauer y una Kim Basinger espectacular. La cinta, además, estuvo dirigida por Irvin Kershner, el de El imperio contraataca, que logró, como dijeron casi todos los críticos, elevar la película por encima de la original Operación Trueno y devolver al personaje la grandeza que, para muchos, Roger Moore no tenía. Y eso que el Bond oficial de ese momento, que además tenía tres años más que Connery, protagonizó ese año mismo año la sexta película de su reinado, Octopussy. Las dos cintas fueron de las más taquilleras de 1983, la no oficial recaudó 160 millones de dólares, y la canónica, 187. A día de hoy, MGM posee los derechos de distribución de la saga completa de Bond, incluyendo este Bond especial.

Lo cierto es que, oficial o no, Nunca digas nunca jamás es una de las mejores películas de James Bond protagonizada por el actor que, para muchos, sigue siendo el que mejor se ha metido en la piel del agente secreto más famoso de la historia del cine.