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Robert Redford ha fallecido a los 89 años

Cine

Las mejores (y peores) películas de Robert Redford como director

De sus nueve películas, todas ellas, intensos dramas, él protagonizaría sólo tres: El hombre que susurraba a los caballos, Leones por corderos y Pacto de silencio

Después de cosechar un éxito tras otro durante quince años, Robert Redford llegó a 1980 completamente agotado. Agotado de papeles con demasiado peso protagónico donde él era la estrella y ello nublaba, a veces, el interés del público en unos guiones que tenían mucho que decir y que por esa razón él elegía. El gran Gatsby, El carnaval de las águilas, Los tres días del cóndor o Todos los hombres del presidente fueron buena prueba de ello.

Así fue cómo decidió debutar como director en la adaptación de la novela de Judith Guest sobre una familia de clase media-alta marcada por la desgracia de la muerte de su hijo mayor. Gente corriente, totalmente alejada de los proyectos comerciales que le ofrecían a finales de los 70, era una película íntima y pequeña que tocó el corazón del público y que se hizo con el Oscar al mejor actor secundario para Timothy Hutton, al guion adaptado, a la película y al director. Robert Redford entraba en el oficio por la puerta grande.

Después de su fabuloso debut en el cine, tardaría ocho años en ponerse de nuevo detrás de la cámara mientras seguía cosechando éxitos delante de ella con filmes como Brubaker, El mejor o Memorias de África, cuando llegó a sus manos el guion de Un lugar llamado milagro. Visualmente fascinante y técnicamente encantadora, Redford se centró en uno de los grandes temas de su filmografía y de su vida personal: el amor por la naturaleza. En el filme, que le valió un montón de críticas favorables, cuenta la historia de un pequeño pueblo de Nuevo México devastado por la sequía donde se va a construir un centro de recreo que alterará su pacífica pero paupérrima existencia.

Su fascinación por la naturaleza sería también el tema central de su siguiente película, El río de la vida de 1992 donde dirigió a un jovencísimo Brad Pitt. Fue un proyecto enormemente personal que adaptaba la novela por la que Norman Maclean ganó el premio Pulitzer en que se regodea en la belleza de la pesca con mosca al tiempo que cuenta la vida de una familia que encuentra en esta disciplina un lugar de unión y crecimiento. Es una película sencilla, hermosa, elegante y lírica.

Fotograma de Gente Corriente

Ambos temas, las relaciones familiares y su fascinación por el mundo salvaje, estarían presentes en El hombre que susurraba a los caballos de 1998, primera película de las que dirigió que él mismo protagonizaba. Acompañado de un reparto de altura compuesto por Kristin Scott Thomas, Sam Neil, Dianne Wiest, Chris Cooper y una jovencísima Scarlett Johansson, Redford narraba el proceso de sanación de una niña que acabará desplegándose hacia una preciosa historia de amor y una magnificencia estética que lograron que una temática melodramática se tornara en un drama familiar profundamente humano.

El tercer gran tema de su filmografía fue la corrupción y la manipulación, ya sea en la política como en Leones por corderos de 2007 o en los concursos de televisión como en Quiz Show (El dilema) de 1994. En ésta, el director quiso contar, mediante la aparente historia naif del caso real de un concurso amañado, los problemas éticos de la cultura mediática y la fama. Los protagonistas, Ralph Fiennes y John Turturro, elevaron un guion apasionante y algo despiadado a la categoría de único. El filme es rabiosamente moderno y actual, lo que es más descorazonador aún.

Robert Redford, en Leones por corderos

Pero en la citada Leones por corderos Redford se puso mucho más afilado. La cinta cuenta tres historias en paralelo: la de la entrevista que concede un congresista (Tom Cruise) a una famosa periodista (Meryl Streep); la de un profesor apasionado e idealista (Redford) y la de unos soldados heridos en Afganistán. Con ella, el director hizo una crítica valiente, incómoda y necesaria sobre una realidad que, como dijo el crítico de New York Times, todos sabemos: «Los políticos mienten, los periodistas fracasan y la juventud anda descolocada». Es tan descorazonadora como la anterior, pero en tonos diametralmente opuestos.

Pero no todo fueron aciertos en la carrera de Redford como director. La conspiración y Pacto de silencio fueron películas bienintencionadas, pero de resultado algo fallido. La primera es un drama judicial sobre una de las acusadas de participar en el magnicidio de Lincoln que le quedó un poco acartonado, lento y previsible y, la segunda, un thriller político en torno a un antiguo activista sobre el que volverá el FBI después de años en la sombra.

La conspiración no tuvo los resultados esperados

Esta última fue la segunda de sus películas protagonizadas por él mismo que no logró, sin embargo, destilar la garra de otros de sus trabajos en el género y que le acabó quedando un poco insustancial. En ambos filmes resuena su interés por la memoria histórica, el idealismo político o juvenil y los derechos civiles, pero con sendos resultados olvidables.

Y hay otra película de Redford, otro drama sencillo sobre personajes sencillos, que conmovió y entretuvo especialmente. Se trata de su sexta película, La leyenda de Bagger Vance realizada en el año 2000 y protagonizada por Will Smith, Matt Damon y Charlize Theron. En ella, mediante una historia también aparentemente naif sobre el mundo del golf, Redford recrea una preciosa fábula sobre la amistad y la superación absolutamente conmovedora. Con estilos muy distintos, pero mensajes parecidos, Gente corriente y La leyenda de Bagger Vance son, sencillamente, sus películas más bonitas.

Y es que, mediante sus nueve trabajos como director, el maravilloso actor trató de mantenerse coherente con sus intereses en torno a la búsqueda personal, la ética y la integridad, su amor por la naturaleza y su deseo de justicia. No fue un director prolífico ni político, pero qué duda cabe que, mediante su cine, Robert Redford dijo quién fue.