Fundado en 1910

Paul Naschy, una de las figuras clave del fantaterror en España

Cine

Los reyes del cine de terror cutre en España: de Jesús Franco a Amando de Ossorio y Paul Naschy

Los responsables de lo que se llamó 'terror cutre español' demostraron que ni fue tan cutre ni siempre tan español

Muchos recuerdan todavía las Historias para no dormir de Chicho Ibáñez Serrador que, en plena década de los 60, cuando la televisión española aún estaba en pañales, rescató algunos cuentos aterradores, desde Edgar Allan Poe a Ray Bradbury, que llevaron aquel género inasequible para la mayoría a otro nivel. La popularidad que adquirieron aquellas historias horripilantes consolidó al director como uno de los creadores de terror más importantes de España. Pero, junto a él, no podemos olvidar a otros igual de significativos que dieron a nuestro cine un carácter propio. Un sello que hoy conocemos como el fantaterror.

En la cima de esa particularísima pirámide estará siempre Jesús Franco, director que también produjo, escribió, montó e intervino en buena parte de sus películas. Su cine, controvertido y singular, fue una combinación de serie B, terror y erotismo aún hoy inclasificable. Él fue el creador del mítico personaje Doctor Orloff, científico desquiciado y protagonista de Gritos en la noche, El secreto del Dr. Orloff, Los ojos siniestros del doctor Orloff o El siniestro doctor Orloff. Pero, entre medias, cultivó el género de aventuras, el policíaco y el fantástico, además del cine erótico en títulos como Vampyros Lesbos o Eugenie de Sade, para, una vez se asienta el cine del destape en España y en Europa en los años 70 y 80, dedicarse al porno soft. Con todo, las películas más importantes de su filmografía, hoy consideradas cine de culto, son El conde Drácula (protagonizada por Christopher Lee) y Las vampiras, de 1970 y 1971, respectivamente.

Jesús Franco recibió el Goya de Honor en 2009GTRES

Pero, aunque se le valora como el máximo exponente de lo que se denominó también cine cutre español, era un cineasta avezado, sabio a la hora de colocar la cámara y de optimizar recursos, que el propio Orson Welles fichó como director de segunda unidad en, nada menos, que Campanadas a medianoche en 1965. Además, cuando no encontraba dinero en España se iba a rodar a Francia, a Alemania, a Italia… A donde fuera con tal de seguir trabajando y haciendo películas desde Fu Manchú al Marqués de Sade sin olvidar nunca a Frankenstein ni Drácula.

Con el paso del tiempo, Franco fue olvidado y apartado. Pero, con el paso de aún más tiempo, fue reconocido y reparado, homenajeado y entendido, sobre todo en Europa y en el mundo del cine anglosajón, desde Joe Dante a Quentin Tarantino, como un director marginal y outsider que nunca paró de trabajar y que defendió siempre una libertad creativa única.

Otro de los directores sin los que no puede entenderse el fantaterror español es Amando Ossorio Rodríguez, conocido por su Tetralogía de los Templarios, películas realizadas entre 1972 y 1975 y compuesta por: La noche del terror ciego, El ataque de los muertos sin ojos, El buque maldito y La noche de las gaviotas. Protagonizadas por unos templarios ciegos en una mezcla de terror gótico, paganismo y erotismo en una atmósfera medieval decadente, su cine influyó en cineastas europeos posteriores como el popular Lucio Fulci.

Gallego educado en la Escuela Oficial de Cine, sus primeras películas incluyeron spaghetti wésterns, dramas y comedias musicales hasta que logró dedicarse al terror a partir de 1968 cuando realiza Malenka, la sobrina del vampiro. Su cine se caracterizó por ser barato y rápido de realizar, que sacaba adelante en apenas tres o cuatro semanas de rodaje, y que, en su modestia, funcionaron relativamente bien, lo que le permitió ir cubriendo costes. Tal es el caso de Las garras de Lorelei, La noche de los brujos, La endemoniada o Las alimañas.

Por su parte, Jacinto Molina Álvarez, más conocido como Paul Naschy, sigue siendo una de las figuras clave del fantaterror y es recordado como uno de los pioneros del género fantástico en Europa. Interpretó a casi todos los monstruos clásicos: momias, hombres lobo, vampiros o Jeckyll y Hyde en títulos tan indispensables como La marca del hombre lobo, El jorobado de la morgue, El gran amor del conde Drácula, Dr. Jeckyll y Hombre Lobo, El espanto surge de la tumba o La orgía de los muertos.

Paul Naschy, en una imagen de 2001GTRES

Naschy, que además fue productor y guionista, dirigió una quincena de películas como Inquisición, Latidos de pánico, El caminante, La bestia y la espada mágica o La noche del ejecutor. Actor en más de cien películas y series de televisión, guionista de cuarenta y director de más de quince, en 2001 se le reconoció su inagotable aportación al cine con la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes.

A este grupo aún hoy inclasificable de creadores españoles hay que añadir al argentino León Klimovsky ya que, desde mediados de los años 50, realizó el grueso de su filmografía en España con ideas y estéticas alineadas con estos cineastas del fantaterror que se convirtió en uno de los pilares del terror gótico europeo.

Dirigió a Paul Naschy en varias ocasiones, las más celebradas en La noche de Walpurgis y La rebelión de los muertos, y también realizó La orgía nocturna de los vampiros, El extraño amor de los vampiros, El vampiro de la autopista o Los pasajeros. Su estilo se caracterizó por la música inquietante, la neblina y los castillos con montajes poderosos y efectivos, donde se mezclaba fatalismo, erotismo y algo de religiosidad al más puro estilo del terror británico de la Hammer, pero con un sabor muy español.

Y cerramos este repaso mencionando a Eugenio Martín, director que cultivó de manera elegante el spaghetti wéstern, el cine bélico o el de aventuras, pero que aportó al terror gótico y psicológico los títulos fundamentales Pánico en el Transiberiano con Christopher Lee, Peter Cushing y Telly Savalas, y Una vela para el diablo con unas aterradoras Aurora Bautista y Esperanza Roy.

Ibáñez Serrador, Franco, Ossorio, Naschy, Klimovsky y Martín, los artífices de un género único español que merece ser reparado: el fantaterror.