Charlton Heston y Sophia Loren
Cine
La tensión entre Sophia Loren y Charlton Heston en el rodaje en España de 'El Cid'
Lo que debía ser una historia de amor y gloria medieval entre Rodrigo Díaz de Vivar y doña Jimena, terminó siendo también una Guerra Fría entre Charlton Heston y Sophia Loren
A veces, los grandes duelos del cine no se viven frente a la cámara, sino detrás de ella. Y eso fue justo lo que pasó durante el rodaje de El Cid (1961), aquella superproducción que llevó a Hollywood hasta la costa de Peñíscola y convirtió los castillos españoles en un enorme decorado medieval.
El responsable de todo fue Samuel Bronston, un productor norteamericano que se enamoró de España después de ver Bienvenido, Míster Marshall. Le encantaron los paisajes, claro, pero también los precios: rodar aquí costaba una fracción de lo que valía hacerlo en Hollywood. Con el apoyo del régimen franquista, que le prestó castillos, soldados y hasta el saludo de los entonces príncipes Don Juan Carlos y Doña Sofía, Bronston levantó un auténtico imperio cinematográfico en Madrid. Tras Rey de Reyes, quiso ir a por su gran proyecto: la historia del Cid Campeador, héroe, leyenda y orgullo nacional.
Para el papel principal no hubo dudas: Charlton Heston, el actor de Ben-Hur y Los diez mandamientos, el héroe por excelencia. Pero el papel de doña Jimena fue más complicado. Sara Montiel sonaba como candidata ideal —además, estaba casada con el director, Anthony Mann—, pero el productor italiano Roberto Haggiag propuso otro nombre: Sophia Loren, la estrella más deslumbrante del cine europeo. Y ahí empezó la historia... y también el conflicto.
Tensión en el rodaje
Heston, perfeccionista hasta el extremo, no paraba de pedir cambios en el guion. Loren, consciente de su poder de atracción, pedía más peso para su personaje, que en un principio era casi secundario. Todo cambió cuando ella apareció en el set vestida de doña Jimena: «Entró saludando a todos, derrochando simpatía… era exageradamente bella», recordaría años después un actor del reparto. A partir de ese momento, se reescribió medio guion para darle más protagonismo. Heston lo encajó mal: no soportaba perder plano.
El tira y afloja entre ambos fue creciendo. Él, acostumbrado a ser el héroe absoluto, se enfadaba con cada plano que la cámara dedicaba a su compañera. Ella, firme y segura, se negó a ser «una mujer florero». Quería profundidad, emoción, conflicto. «Si mi personaje no tiene fuerza, me voy», advirtió. Y nadie se atrevió a ponerlo a prueba.
Mientras tanto, el rodaje seguía adelante por media España: Torrelobatón, Toledo, Burgos y, sobre todo, Peñíscola, donde se filmaron las escenas de batalla con miles de soldados de reemplazo disfrazados de moros y cristianos. Se pusieron todos los medios: castillos, uniformes, caballos y hasta los burros del pueblo.
El rodaje en Peñíscola
La actriz italiana apareció en el set con más de cuatro horas de retraso. El intérprete estadounidense, furioso, juró no volver a dirigirle la palabra. Irónicamente, aquel día rodaban la escena final: el Cid, ya muerto, cabalga en su último acto heroico mientras ella, vestida de negro, lo despide entre lágrimas. La química fingida resultó tan creíble que nadie notó la tensión real. Pero el enfado fue tan profundo que, en una secuencia posterior, tuvieron que filmar por separado: los planos y contraplanos de su último abrazo en el campo de batalla pertenecen a momentos distintos. Ni siquiera compartieron el plató.
Cuando la película llegó a los cines, el enfrentamiento continuó fuera de cámara. La diva napolitana demandó al productor porque su nombre aparecía por debajo del de su compañero en los carteles luminosos de Times Square. «Esa afrenta puede dañar irreversiblemente mi prestigio profesional», alegó. Hollywood en estado puro.
El Cid se estrenó en España el 27 de diciembre de 1961, y fue recibida como una gesta nacional.