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Clint Eastwood, con el icónico poncho que lució en la trilogía del dólar de Sergio LeoneGTRES

Cine

El romance de Clint Eastwood en un rodaje que casi acaba con un duelo a muerte: «Estaba locamente enamorada»

Celos, un matrimonio roto y una aparición inesperada en el set marcaron uno de los episodios más tensos de la carrera del actor

«Estaba lo suficientemente loco como para intentar cualquier cosa en aquel entonces». Con esta frase, dicha años después en una entrevista con Empire, Clint Eastwood resumía una etapa de su carrera en la que aceptaba proyectos poco habituales, incluso aquellos que no terminaban de convencerle. Uno de ellos le dejó un recuerdo especialmente incómodo, no tanto por la película en sí como por lo que ocurrió fuera de la cámara.

En 1969 participó en La leyenda de la ciudad sin nombre, un western poco convencional que mezclaba comedia y números musicales. Compartía reparto con Lee Marvin y Jean Seberg, y desde el primer momento tuvo dudas. El guion no le entusiasmaba y la combinación de géneros le resultaba extraña. Aun así, aceptó el papel movido por la curiosidad y por esa mentalidad abierta que tenía entonces.

Uno de los aspectos que más le incomodaba era la parte musical. Aunque siempre le había interesado la música, nunca se sintió cómodo cantando en público. Su padre había sido cantante y eso despertó su curiosidad desde joven, pero Eastwood no se consideraba cantante ni quería parecerlo. «Siempre me ha interesado la música», explicaba, «pero lo que hice en la película no fue cantar». En realidad, detestaba la idea de verse interpretando canciones en pantalla porque sentía que no encajaba con su forma de actuar ni con la imagen que había construido hasta ese momento.

Sin embargo, lo verdaderamente difícil no fue el rodaje en sí, sino un episodio que se produjo al margen de la película. Durante el trabajo, Romain Gary, marido de Jean Seberg, apareció de forma inesperada en el set. Había descubierto que su esposa mantenía una relación con su compañero de reparto y decidió enfrentarse directamente a él. La situación fue tan incómoda como surrealista.

Gary, 24 años mayor que la actriz, llegó dispuesto a retar al actor a un duelo, como si la ficción del western se hubiera trasladado de golpe a la vida real. Además, se aseguró de que su presencia no pasara desapercibida y de que la prensa se enterara de lo ocurrido. En aquel momento, Eastwood estaba casado, pero mantenía una relación abierta con Margaret Neville Johnson, por lo que no vivía la situación con el mismo dramatismo. El matrimonio de Seberg y Gary, en cambio, atravesaba una crisis profunda.

Clint Eastwood y Jean Seberg, en La leyenda de la ciudad sin nombre

La reacción fue clara. Lejos de aceptar el desafío, el actor decidió no entrar en el juego. Rechazó el duelo y abandonó el lugar sin dar explicaciones. Poco después, Gary anunció su intención de divorciarse, dando por cerrada una etapa especialmente tensa.

Fue Karina Longworth quien destapó la supuesta confrontación en un episodio de su podcast You Must Remember This. La presentadora afirmó: «Romain se fue, y Jean llamó a su publicista para confesarle que estaba locamente enamorada de Clint Eastwood y que necesitaba ayuda para anunciar su divorcio». Sin embargo, los ambiciosos planes de Seberg para un futuro con Eastwood nunca se materializarían.

Clint Eastwood, Jean Seberg y Lee Marvin en La leyenda de la ciudad sin nombre

Cuando el rodaje se retomó en los estudios de Paramount, el ambiente ya no era el mismo. El intérprete optó por marcar distancia y trató a la actriz como si entre ellos no hubiera existido ninguna relación. Aquella frialdad afectó profundamente a Seberg, tal y como contó Jerry Pam, agente de ambos, en Played Out: The Jean Seberg Story, la biografía escrita por David Richards. «Cuando regresaron a Paramount, fue como si Clint ya no la conociera. Jean no podía creer que la dejara tan indiferente después de todo lo ocurrido. Era una mujer muy vulnerable y estaba verdaderamente traumatizada».