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Alberto San Juan y Mario Casas en 'La cena'

Alberto San Juan y Mario Casas, en 'La cena'A Contracorriente

Goya 2026

¿Vale la pena ver 'La cena', la nominada al Goya a la mejor película sobre Franco y el fin de la Guerra Civil?

Que a alguien le cuelgue una etiqueta en una prenda puede desatar la risa de cualquiera menos del despistado que la porta. Sobre La cena, la cinta dirigida con oficio por Manuel Gómez Pereira que opta al Goya a la mejor película, cuelga la etiqueta de comedia, pero risas, lo que se dice risas, uno encuentra pocas. Muy pocas, por no decir ninguna, en la siempre arriesgada mezcla de géneros que representa esta adaptación de la obra de José Luis Alonso de Santos con trazas, ficcionadas, de la Operación Valquiria.

Nos encontramos en los días que siguieron al final de la Guerra Civil y en el madrileño hotel Palace, reconvertido en hospital de campaña y alejado de todo rastro de lujo, se presenta un oficial (Mario Casas) para comunicar al metre (Alberto San Juan) que allí debe organizarse, en cuestión de horas y por expreso deseo de Franco, un banquete para celebrar la victoria del bando nacional. A la premura se une la escasez de recursos, no tanto materiales como humanos. Porque los encargados de conducir a la excelencia la cocina del Palace, republicanos ellos, son prisioneros que están a punto de ser fusilados. Tener que preparar la cena les salva de su destino, siquiera por un día. O ni eso en el caso de uno de los personajes, interpretado por uno de los actores españoles más queridos, que paga caro su insulto a Franco. La mezcla de géneros, la comedia y el drama, no empasta ni ahí ni después, cuando los encargados de preparar el banquete traman su huida durante la cena.

Tampoco lo hace, lo de empastar, la evolución del personaje de Alberto San Juan (merecida, eso sí, su nominación como mejor actor) ni el hercúleo torso desnudo que luce Mario Casas, impropio de una época como aquella y que, pese a tratarse de un mero detalle, resta verosimilitud a un conjunto que no aprovecha sus mayores virtudes: la dirección y los actores, con mención especial para Alberto San Juan, Elvira Mínguez y la frescura de Nora Hernández.

¿Resulta imprescindible ver La cena? No. ¿Supone una pérdida de tiempo verla? Tampoco. Pero, de la misma manera que las nominaciones al Goya a varios de sus actores son merecidas, no ocurre lo mismo con su candidatura al Goya a la mejor película.

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