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Dara, la representante de Bulgaria que ha ganado Eurovisión 2026EFE

Eurovisión 2026

Eurovisión 2026: Bulgaria gana la final, Israel roza el triunfo y España hace el ridículo por culpa de TVE

Bulgaria ha ganado este sábado por la noche la final de Eurovisión 2026 con su cantante Dara y el tema Bangaranga. Bulgaria ha sumado un total de 516 puntos entre la votación del jurado profesional y el televoto (ha sido primera en ambas), y se ha impuesto a Israel, segunda con 343 puntos; a Rumanía, tercera con 296; y Australia, cuarta, con 287. En el tramo final de las votaciones, Israel lideraba la clasificación a falta de conocer los puntos otorgados a Bulgaria por el televoto. Solo podían ganar una u otra. A RTVE, a su presidente José Pablo López, y a todos los que apoyaron el boicot de España a Eurovisión 2026 por la no exclusión de Israel les temblaban las piernas en ese instante, viendo (por YouTube, porque TVE no ha emitido el festival) la imagen dividida de los representantes de Israel y Bulgaria ante el momento decisivo. Ganó Bulgaria y hasta Viena debió de llegar el suspiro de alivio de José Pablo López.

Las 21:00 de este sábado 16 de mayo eran la hora y el día marcados para el inicio de la final de Eurovisión 2026 en Viena. Pero también la fecha y el momento marcados, subrayados, por el presidente de RTVE José Pablo López, para vengarse –una vez más y a buen seguro no la última– de Eurovisión. Meses atrás, José Pablo López lanzó un órdago a la Unión Europea de Radiodifusión (UER), organizadora del festival: si Israel concurría al certamen, España lo abandonaría. RTVE y su presidente perdieron el envite (junto a Irlanda, Islandia, Eslovenia y Países Bajos, que también renunciaron) y los españoles se han quedado este año sin representante en Eurovisión y sin la emisión del festival, a modo de venganza, en TVE.

Justo antes de que comenzara la final de este sábado, que ha podido verse en el canal oficial de Eurovisión en YouTube, con los artistas a punto de desfilar por el escenario vienés, RTVE lanzaba su ataque a Eurovisión. Como el año pasado, con un mensaje sobre fondo negro, en castellano y en inglés, en el que esta vez podía leerse: «El festival de Eurovisión es un concurso, pero los derechos humanos no lo son. No hay espacio para la indiferencia. Paz y Justicia para Palestina». El rótulo pedía paz, pero en el fondo representaba otra declaración de guerra.

Para reforzar la idea, TVE abría a continuación el Telediario repitiendo el mensaje. Y después completaba su afrenta con la emisión de La Casa de la Música, el programa especial presentado por Jesús Vázquez con las eclécticas actuaciones, entre otros, de Raphael, Mikel Erentxun, Chanel, Fangoria, Manu Carrasco y, cómo no tratándose de esta TVE alineada (y alienada) con la izquierda, de Ana Belén. Esta vez a España no le había hecho falta ir a Eurovisión para hacer el ridículo, como pasó con Nebulossa y su esperpéntico tema Zorra. El ridículo lo firmaba RTVE y sin salir de casa.

Pero vayamos a la final de Eurovisión. Del desfile inaugural se cayó Suecia porque su cantante, Felicia, había caído desmayada tras el ensayo previo a la final por las altas temperaturas en la sala de los artistas. No pudo desfilar con su bandera, por precaución, pero la sueca pudo actuar nuevamente con un pañuelo a modo de máscara cubriendo su nariz y su boca. Por un momento parecía que estábamos viendo Mask Singer en Antena 3 en lugar de Eurovisión por YouTube. Cómo ha cambiado el cuento. Cabe preguntarse si, además del calor, Felicia pudo desmayarse por la falta de oxígeno cantando con el pañuelo-mascarilla. Moverse, lo que se dice moverse, desde luego se movió poco. Tal vez también aquí por precaución.

Dinamarca abrió la final y Austria la cerró. Con su propuesta, paupérrima, quedó claro que no tenía la mínima intención de repetir el año que viene como anfitriona. Los pronósticos, de hecho, la colocaban en las últimas posiciones. No fallaron.

Sin España presente en el festival tocaba adoptar provisionalmente, por una noche, una doble nacionalidad. Elegir un país y un cantante a los que apoyar. A uno le gustó el clasicismo de Italia. El efectismo de las dos favoritas, Finlandia y Australia. La voz de las cantantes de Polonia, Ucrania y Alemania. Pero sobre todo el empeño personal era, por qué no reconocerlo, que le fuera mal en las votaciones a los países con las actuaciones más chirriantes. Y ahí, a la cabeza de los despropósitos musicales y en la cola del mal gusto, aposté por Serbia, Lavina y su satánico tema Kraj Mene. Tampoco deseaba que les fuera bien a Austria, a Reino Unido y a la patochada de Grecia, que las quinielas situaban en los primeros puestos.

Los pronósticos también apuntaban hacia arriba en el caso de Israel, cuyo cantante, Noam Bettam, al igual que los representantes israelíes de los años anteriores, había ensayado durante meses con simulaciones de abucheos mientras cantaba. Lo que se encontró en el escenario de Viena, como en la semifinal donde se ganó el acceso a la final, no fue un simulacro. Los gritos a favor de Palestina y los pitos contra Israel fueron reales, aunque no parecieron tan estruendosos como se esperaba a la vista de la polémica generada y arrastrada desde el año pasado.

Los primeros 12 puntos de un jurado, el de Suiza, se los llevó Ucrania. Extrañaba no ver a España en las votaciones. Como siempre. Aunque fuera en los últimos puestos. Como casi siempre, excepción hecha de Chanel y su portentosa actuación en 2022 con Slomo que nos brindó el tercer puesto.

Acabada la primera ronda de votaciones, la del jurado profesional, Bulgaria encabezaba la clasificación con 204 puntos y Australia y Dinamarca compartían el segundo puesto con 165. Francia, la favorita Finlandia, Italia, Polonia e Israel, en octavo lugar, formaban el grupo de persecución a no mucha distancia. Por abajo, Austria y Reino Unido se repartían la última posición con un punto cada una. A Serbia no le iba mucho mejor: decimonovena con 38 puntos. A falta de España, las alegrías venían desde la cola de la clasificación.

Quedaba el televoto y su consabida capacidad para catapultar a los que van mal y castigar a los que marchan bien. La catapulta se le quedó singularmente corta a los colistas, que eran provisionales y acabaron siendo definitivos: no proyectó ningún punto para Reino Unido, que terminó última, y tan solo cinco para Austria. La campeona del año anterior quedaba penúltima en el festival que había organizado (bien, salvo en lo importante, lo musical) durante todo un año.

Por arriba, Bulgaria necesitaba sumar 140 puntos con el televoto para superar a Israel y ganar Eurovisión 2026. Los reunió de sobra: los espectadores le otorgaron otros 312 para un total de 516. La edición más polémica de la historia de Eurovisión encontraba en Bulgaria a su ganadora. ¿Serbia? La decimoséptima de los 25 finalistas. En el fondo, como país y al contrario que por su actuación musical, no quería que le fuera tan mal. Es la tierra, entre otros ilustres, de Novak Djokovic.