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El Rey Felipe VI, en el documental Miguel Ángel Blanco: Las 48 horas que lo cambiaron todo

El Rey Felipe VI, en el documental Miguel Ángel Blanco: Las 48 horas que lo cambiaron todoNetflix

Televisión

Así es el documental de Netflix sobre Miguel Ángel Blanco con el Rey Felipe VI, Aznar y Mayor Oreja

Netflix estrena este viernes 10 de julio el documental Miguel Ángel Blanco: Las 48 horas que lo cambiaron todo

«Uf, madre mía. La verdad es que pienso en aquello y me entra la misma tristeza y la misma indignación. Todos nos acordamos prácticamente al detalle de dónde estábamos, qué hacíamos, qué sentíamos…». El primero de los valiosos testimonios que atesora el documental Miguel Ángel Blanco: Las 48 horas que lo cambiaron todo, que Netflix estrena este viernes 10 de julio, corresponde al primero de los españoles. Felipe VI pronuncia esas breves frases despacio. A una velocidad inversamente proporcional, se adivina por su semblante, a la que pasan por su mente los recuerdos de aquellos angustiosos y trágicos días de julio de 1997 que mantuvieron en vilo, con el corazón encogido, a la familia y los amigos de Miguel Ángel Blanco y, con ellos, a toda España. Todo ello desde el momento que se conoce su secuestro y el macabro y vil plazo de 48 horas marcado por ETA al Gobierno de José María Aznar para que reagrupe a los presos de la banda terrorista en el País Vasco.

No habían transcurrido ni 10 días desde el júbilo por la liberación de José Manuel Ortega Lara, el funcionario de prisiones al que ETA, en otro de sus múltiples actos inhumanos, mantuvo en un zulo durante 532 días. La venganza de la banda terrorista fue secuestrar y ejecutar a Miguel Ángel Blanco, concejal del PP en Ermua. Tenía 29 años. Los mismos que el entonces Príncipe de Asturias, quien reconoce en el documental dirigido por Jon Sistiaga y Juanjo López Lorenzo «una sensación más próxima de lo habitual. Es alguien de mi edad y nos iban relatando muchos aspectos de su vida que incorporamos en nuestra percepción. Aprendimos a conocerle, a conocer a su familia, sus aficiones, su vida prácticamente. Eso hizo que fuera mucho más próximo».

Felipe VI comparte su testimonio, cercano, reflexivo, humano, desde su despacho en el Palacio de la Zarzuela. Dos horas antes del horario fijado para la entrevista con Jon Sistiaga para el documental, Don Felipe ya se acerca al equipo, inmerso aún en la preparación técnica de la entrevista. Otro detalle viene a confirmar la naturaleza del Rey Felipe VI: pide, con su exquisita educación y sencillez, trabajar en su propio despacho mientras ellos instalan las cámaras y las luces y prueban el sonido.

El testimonio de Marimar Blanco, hermana de Miguel Ángel, sucede al del Rey Felipe VI. «Yo recuerdo cómo mi madre me contaba que Miguel Ángel salió de casa un poco antes porque tenía una reunión a las 16:00 y quería estar a esa hora». Miguel Ángel Blanco seguía las mismas rutinas cada día. Cogía el tren que le llevaba de Ermua a Eibar para acudir a su trabajo en Eman Consulting. A las 16:10, su madre recibe una llamada del trabajo de su hijo, que extrañamente no se ha presentado a la reunión. A las 16:30 la llamada se repite. «Mi madre se pensó ya en lo peor», rememora Marimar Blanco con una entereza admirable.

En ese momento es la madre de Miguel Ángel quien llama por teléfono. Al hospital más cercano a Ermua. Le dicen que su hijo no está allí. Otra llamada, en nombre de ETA al diario Egin, informa del secuestro de Miguel Ángel Blanco y del plazo límite de 48 horas al Gobierno de Aznar.

«Probablemente sea una de las decisiones más difíciles que he tomado como presidente del Gobierno pero la tomé muy consciente de lo que era mi responsabilidad», reflexiona José María Aznar en la primera de sus intervenciones en el documental de Netflix. Las comparaciones serán odiosas pero muchas veces también son inevitables, más aún en los tiempos que corren. Y en la comparación entre Aznar y Sánchez, como entre Aznar y Zapatero, y sus respectivos desempeños como presidentes del Gobierno y en su trabajo por el bien y la unidad de España, no hay color a favor del primero. Y de haberlo, está claro que sería azul y no rojo. A todos los niveles.

Lo mismo ocurre con el ministro del Interior de entonces, Jaime Mayor Oreja, y el actual, Grande-Marlaska. Mayor Oreja repasa en el documental aquellos días de julio de 1997 no solo como político sino también, por encima de todo, como persona que representa de manera intachable los valores del humanismo cristiano. El doctor que luchó, a sabiendas de que era improbable, por salvar la vida de Miguel Ángel Blanco con las dos heridas de bala en la cabeza, destaca en el documental la figura de Jaime Mayor Oreja. «Hubo muchas visitas y quizá la que más me impactó fue la de Mayor Oreja, que en aquel momento era el ministro del Interior. Me pidió: ‘doctor, ¿hay algún sitio donde pueda hablar confidencialmente con la familia?’ Mi percepción es que (la familia) estaba más calmada».

«Les abracé, les cuidé, les animé todo lo que pude, pero ni siquiera ellos me pidieron una explicación», comparte Mayor Oreja.

El último intento por salvar la vida de Miguel Ángel Blanco

Mediado el documental, que dura hora y media, conocemos los intentos que se produjeron para evitar el fatal desenlace. Iñaki Anasagasti admite que «teníamos un cierto canal caliente con ese mundo. Me consta que el presidente del PNV, Xabier Arzalluz, en ese momento encargó a Gorka Aguirre, que llevaba todo ese tipo de cosas, que sondeara a ver si había alguna posibilidad pero al final nos lanzaron un mensaje diciendo: 'lo van a matar'». Anasagasti, a diferencia del resto de participantes, no vuelve a intervenir en el documental.

Otro intento: la visita de la abogada donostiarra María José Gurruchaga a la cárcel francesa de La Santé para hablar con el exjefe ideológico de ETA, José Luis Álvarez Santacristina, alias Txelis. Gurruchaga pudo acceder a la prisión el sábado a la mañana, apenas unas horas antes del plazo límite. Al rato volvió un funcionario con Txelis y Kepa Pikabea, miembros destacados de ETA.

«Les dije que venía a ver si había alguna forma de parar esto. Me dijeron que no había nada que hacer. El comando que retenía a Miguel Ángel Blanco estaba esperando las noticias de la radio o de la televisión que dijeran que habían empezado a mover presos. Con que hiciera ese movimiento, ya está», detalla Gurruchaga, que reconoce en el documental lo mal que salió de la prisión, «hecha una porquería, pensando estos no habrán hecho nada y este pobre chaval estará muerto. Tanto correr, tanto moverte, para nada».

María José Gurruchaga falleció el pasado mes de enero, meses antes del estreno del documental, que recuerda en su final tanto a la abogada como a Fernando Ónega, que informó del asesinato de Miguel Ángel Blanco en Antena 3 y que, al igual que María José Gurruchaga, nos ha dejado estos últimos meses.

«Aquella gestión confirmó mi diagnóstico. Se lo explicó muy bien el miembro de ETA a María José Gurruchaga: los comandos, cuando secuestran, se encierran, se encapsulan. Y si hay un plazo de 48 horas, con más razón que nunca», apunta Mayor Oreja.

Aznar aporta su visión de aquel contacto que no se produjo en nombre del Gobierno. «Yo no entro en detalles, sino doy la instrucción de que se haga todo lo que sea necesario. Y sé que las personas que reciben esa instrucción lo van a hacer. Y que si me tienen que decir algo que produce un resultado como consecuencia de la gestión, me lo van a decir, pero yo no les pido detalles. Por lo tanto, yo no sé lo que usted me dice. Pero si me dice es posible que se hiciera, pues es posible que se hiciera, pero yo no lo sé», asegura Aznar con firmeza.

Don Felipe y Miguel Ángel Blanco tenían la misma edad

Poco después volvemos a ver a Don Felipe. «Tampoco era fácil decir: 'bueno, ¿simplemente la presencia o debo decir algo? No era habitual tampoco, era la primera vez que hacía algo así». El testimonio de Felipe VI como Rey de España se entrelaza con sus palabras aún como Príncipe de Asturias en el cementerio de Ermua. «Vengo a Ermua para expresar el apoyo de la Familia Real a la sociedad vasca, al pueblo vasco…»

«Me sentía muy comprometido –relata el Rey– para decir algo por ese valor generacional, prácticamente teníamos la misma edad, 28-29 años, y a la vez transmitir un mensaje no simplemente de pésame, no algo formal o leído, sino algo que resultara próximo física y emocionalmente a lo que eso representaba».

El documental de Netflix muestra más imágenes y palabras, sentidas, del joven Príncipe de Asturias en aquellas circunstancias tan terribles. «... Y su firme repulsa a este último atentado terrorista que tan directamente ha afectado a la familia Blanco Garrido y que nos ha sobrecogido a todos».

Don Felipe se expresa de forma contundente con un mensaje nítido. «Era una sensación muy fuerte porque todos revivíamos continuamente esos pasos terribles y esa sensación de angustia colectiva que se produjo de forma muy impresionante en toda España e incluso fuera».

«Las víctimas del terrorismo –continúa– deben estar muy en el centro de los mensajes y en el centro de la memoria. Porque hay generaciones que no vivieron el terrorismo ya, que son prácticamente adultos, y deben ser que esta convivencia democrática y esta vida que compartimos ahora tuvo un camino muy duro de sufrimiento, de dolor, de pérdida de vidas. Y es ciertamente sorprendente y de alguna forma intolerable que todavía haya personas que jaleen a los responsables de todo ese dolor», sentencia Felipe VI.

El documental de Jon Sistiaga, en su parte final, cuestiona a José María Aznar y Jaime Mayor Oreja sobre si hicieron lo correcto: «Es difícil hablar sin emoción de la familia Blanco. Ellos comprendieron todo lo que había que hacer y todo lo que el Gobierno estaba haciendo», responde Aznar.

Tampoco hay lugar a la duda en Jaime Mayor Oreja. «Creo que hubiese tenido un problema de conciencia si hubiese hecho lo contrario de lo que hice en aquella fecha, no tengo ninguna duda. El asesinato de Miguel Ángel Blanco no es responsabilidad del Gobierno; el asesinato es de los asesinos. Alguna vez me dijeron que si hubiesen secuestrado a mi hijo, mi comportamiento hubiese sido distinto. Que si hubiese sido un hijo de Aznar, hubiésemos hecho otra cosa».

El propio Aznar zanja la cuestión con claridad meridiana: «Hace faltar tener una calidad moral demasiado baja para hacer ese comentario».

El documental vuelve en ese instante a Mayor Oreja: «Si a ti te secuestran a tu hijo, probablemente en ese momento si quieres negociar o dialogar, lo primero que tienes que hacer es dejar el Gobierno».

Más acertada resulta la forma en que Sistiaga y Juanjo López abrochan su documental. Primero, con el testimonio impagable de Marimar Blanco. «Mi madre dijo una frase: 'si la muerte de mi hijo ha servido para acabar con ETA, bienvenida sea'. Cuando va pasando el tiempo, y el dolor te deja ver un pequeño punto de luz, esa es la frase que más puede honrar a una madre». Después, con Sistiaga visitando el cementerio donde reposa Miguel Ángel Blanco, que no es el de Ermua.

«La tumba de Miguel fue constantemente vandalizada. La familia lo trasladó a Galicia, donde descansa en el camposanto de una pequeña aldea cerca de Orense. Que sepas que tu asesinato nos hizo perder el miedo. Que aquellas 48 horas lo cambiaron todo. Que tu muerte, ya me jode decírtelo así, fue el principio del fin de ETA. Descansa en paz», concluye Jon Sistiaga.

Queda, mientras aparecen los títulos de crédito, la imagen del polideportivo por el que Miguel Ángel Blanco luchó como concejal de Ermua y que los asesinos de ETA ('Txapote' fue el ejecutor, 'Amaia' y 'Oker' los otros secuestradores ), como tantas otras cosas de la vida que le arrebataron vilmente, no le dejaron ver.

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