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Russell Crowe ganó el Oscar al mejor actor por Gladiator

Cine

El secreto de Ridley Scott y Russell Crowe que convirtió 'Gladiator' en una película perfecta

Detrás de la épica venganza de Máximo Décimo Meridio se esconde la caótica y peligrosa trastienda de una superproducción que rozó el desastre antes de hacer historia en el cine

El aclamado director británico Ridley Scott se puso al frente de una superproducción como Gladiator, con 100 millones de dólares de presupuesto y con un guion alarmantemente incompleto de apenas 21 páginas y sin un desenlace definido, viéndose obligado a construir la trama sobre la marcha debido a las implacables exigencias del calendario de producción.

La tensión en el plató no impidió que el neozelandés Russell Crowe, quien inicialmente dudó en aceptar el papel porque venía de filmar El dilema (1999) con sobrepeso, derrochara una inesperada y relajada costumbre: contar chistes para amenizar las esperas, incluso cuando se encontraba a escasos pies de cinco tigres reales que participaban en la filmación. La sangre fría del actor se puso a prueba en una toma especialmente peligrosa en la que, al caer hacia atrás, uno de los felinos fue liberado y se aproximó a tan solo dos pies de su cuerpo, provocando que el propio Scott gritara aterrorizado desde la dirección ante la inminencia de una tragedia.

Para evitar cualquier percance fatal en la arena, un domador permanecía constantemente oculto detrás de las cámaras armado con dardos tranquilizantes, listos para intervenir en una producción que originalmente planeaba incluir un enfrentamiento contra un rinoceronte, idea que terminó descartándose por la imposibilidad de recrear al animal de forma realista con los efectos digitales de la época.

El accidentado destino de la cinta sumó un trágico contratiempo con el inesperado fallecimiento del veterano actor Oliver Reed, quien interpretaba al carismático Próximo. Conocido por su afición a la bebida, Reed cayó fulminado por un ataque al corazón en un bar de Malta tras haber retado a unos marineros de la Armada británica a ver quién aguantaba más alcohol; el intérprete ganó la apuesta, pero el fatal desenlace obligó a reescribir a toda prisa sus líneas pendientes y a recurrir a la tecnología digital para completar sus escenas.

Ante tales circunstancias, el libreto definitivo se convirtió en un rompecabezas en constante evolución donde tanto Ridley Scott como el propio Russell Crowe tuvieron que aportar ideas, en las madrugadas entre una y otra sesión de rodaje, para dotar de alma a la historia, incluyendo cambios tan cruciales como el asesinato de la esposa e hijo de Máximo, una genialidad de guion que no figuraba en los primeros borradores y que se añadió exclusivamente para justificar la inquebrantable sed de venganza del general contra el retorcido emperador Cómodo, interpretado de forma brillante por Joaquin Phoenix. Años más tarde, el protagonista recordaría con humor que la filmación fue la forma más estúpida posible de rodar una película, ironizando sobre cómo lograron esquivar una bala creativa tan monumental.

Russell Crowe en Gladiator

Pese a haber avanzado a ciegas y a contrarreloj, el milagro cinematográfico se consumó con un éxito rotundo que revitalizó el género del péplum a las puertas del siglo XXI. La combinación de secuencias de acción viscerales, una sobrecogedora emotividad reflejada en monólogos ya míticos y la inolvidable banda sonora compuesta por Hans Zimmer y Lisa Gerrard conquistó por igual a la crítica y a los espectadores de todo el mundo. El esfuerzo y las dantescas anécdotas del rodaje se vieron justamente recompensados en la gran noche de la industria, donde Gladiator no solo compitió con doce candidaturas, sino que terminó alzándose con cinco premios Oscar, incluyendo el galardón a la Mejor Película y la única estatuilla como Actor Principal para un Russell Crowe que logró inmortalizar para siempre el nombre de Máximo Décimo Meridio.