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Avispa velutina

Avispa velutinaGetty Images

El ingenioso invento con inteligencia artificial de tres estudiantes para acabar con las avispas velutinas

La idea está especialmente pensada para los apicultores, ya que las avispas asiáticas son una de las mayores amenazas para las abejas melíferas

La avispa asiática o avispa velutina ha copado titulares en los últimos años en España debido a su extensión por nuestro país y a su impacto, tanto en la apicultura como a las personas, que pueden llegar a morir como consecuencia de su picadura. Esta especie entró en España, según informa el Ministerio para la Transición Ecológica (Miteco) en un informe, por Amaiur/Maya, población de la comarca Navarra del Baztán, procedente de Francia.

Su aspecto es más oscuro en comparación a las avispas autóctonas de nuestro país, con la cabeza negra, la cara amarilla-anaranjada y las patas de color anaranjado en su tramo final. Su tamaño oscila entre los 17 y los 32 milímetros de largo. Procede del sureste asiático, y su rango de distribución natural incluye Bangladés, Bután, China, India, Indonesia, la República de Corea, Laos, Malasia, Birmania, Tailandia y Vietnam. El origen de su llegada aún no se conoce con certeza, aunque los datos recopilados apuntan a que una o varias reinas hibernantes podrían haber sido introducidas de forma accidental desde China. Desde entonces, la expansión del avispón asiático en el país vecino ha sido muy rápida.

Para paliar su presencia en Europa, son muchos los científicos que intentan dar con la tecla para promover su desaparición o, al menos, evitar su propagación. El último invento viene desde Francia: un grupo de estudiantes de Rennes han desarrollado un prototipo con inteligencia artificial (IA) que detecta y localiza nidos de avispones asiáticos al rastrear la trayectoria de estos.

La solución que plantean, bautizada 'Safe to bee' permite localizar nidos dentro de un perímetro de 20 metros cuadrados. En concreto, el dispositivo incorpora un sistema selectivo que permite el paso únicamente a estos insectos mediante una malla con orificios de un tamaño específico. Además, cuenta con pequeños paneles solares que le proporcionan la energía necesaria para funcionar de manera autónoma. Una vez atrapados, las avispas muertas caen en un recipiente equipado con sensores de luz, una tecnología que ya se había empleado en Rennes para optimizar la recogida de residuos.

La idea está especialmente pensada para los apicultores, ya que las avispas asiáticas son una de las mayores amenazas para las abejas melíferas. Y es que una sola avispa puede cazar entre 25 y 30 abejas al día, capturándolas en pleno vuelo: les cortan la cabeza y las extremidades y se quedan con el tórax, que es la parte más rica en proteínas para alimentar a sus larvas.

Además, cuando las abejas detectan la presencia de avispas, se atemorizan y dejan de salir a buscar néctar y polen, por lo que la colmena se debilita, se reduce la producción de miel y se pone en riesgo la supervivencia de todo el panal. Por ello, son los apicultores los primeros interesados en acabar con la presencia de velutinas, que se han expandido por amplias zonas de Europa en los últimos años.

Se comercializará por unos 390 euros

Gracias a una aplicación ideada por los estudiantes franceses, el apicultor recibirá información en tiempo real sobre la ocupación de las colmenas y estará conectado a una red de exterminadores. El sistema, que se probará en los próximos meses, podría funcionar a distancias de entre 500 metros y un kilómetro.

«Nuestro enfoque se basa en datos», explican los creadores del proceso en su sitio web, «una vez saciado, el avispón regresa en línea recta. Aprovechamos este fallo de comportamiento. Gracias a una red de sensores y algoritmos de triangulación, cruzamos los vectores de vuelo para identificar la posición exacta de la colonia con precisión métrica».

Aunque parezca que esta medida es laxa para acabar con las avispas, resulta esencial, ya que la búsqueda de un nido de velutinas suele ser una tarea muy compleja. Requiere mucha observación y tiempo en el campo y, en ocasiones, es imposible determinar la ubicación exacta del nido.

En estos momentos, el coste de producción de cada trampa asciende a 175 euros, aunque todavía no se ha calculado cuánto supondría la mano de obra. La previsión es comercializarla por 395 euros, a los que se añadiría una suscripción anual de 90 euros para utilizar la aplicación vinculada al dispositivo.

No obstante, el modelo de financiación todavía está por definir. Entre las opciones que se barajan está la posibilidad de que Rennes Métropole contribuya económicamente al proyecto o que el Estado francés subvencione parte del coste de las trampas para los apicultores.

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