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Minerva Piquero, en su entrevista en la redacción de El DebateMaría Bereijo

Televisión

Minerva Piquero: «Me ofrecieron presentar Pasapalabra, pero hubo circunstancias en contra de mi voluntad»

La presentadora, historia de la televisión en España, conversa con El Debate sobre sus años en Antena 3 y su ejemplar historia de superación que relata en su libro No estoy loca: cómo sobrevivir a la menopausia y sentirte poderosa

Es historia (muy viva) de la televisión en España. La mujer que, sin ser meteoróloga, revolucionó la forma de presentar la información del tiempo desde que, en los comienzos de Antena 3 (la del gran Manuel Martín Ferrand, Miguel Ángel Nieto, Luis Ángel de la Viuda, Jorge del Corral y los hermanos Rafael y Manuel Jiménez de Parga), se asomó a nuestros hogares para contarnos la previsión meteorológica. Minerva Piquero lo hizo durante toda la década de los 90, y los primeros años del nuevo milenio, con tanta naturalidad, simpatía, frescura, profesionalidad y cercanía, con tanta sencillez como claridad, que enseguida se ganó un hueco en las casas y en el corazón de los espectadores.

Todas esas virtudes, y otras como su capacidad para comunicar y su sinceridad, encuentran reflejo en su libro No estoy loca: cómo sobrevivir a la menopausia y sentirte poderosa (Grijalbo), donde vuelca su experiencia para ayudar a quienes pasan por ese proceso, en no pocas ocasiones sin ser conscientes desde el principio, con la misma generosidad y empatía que ha demostrado siempre ante las cámaras, ya fueran las de Antena 3 como chica del tiempo o, como en estos últimos años, las de Telemadrid como presentadora del magacín Disfruta Madrid. A sus 58 años, Minerva sigue enamorando como el primer día a la cámara y a los espectadores que siguen demostrándole un cariño que permanece intacto. El mismo cariño que siente por ellos, que ha puesto en su libro y que demuestra en cada reflexión que comparte con El Debate.

Minerva PiqueroMaría Bereijo

–¿Cómo es ese proceso en el que se da cuenta de que no es usted misma, de que hay algo que falla?

–Pasaron años. Depende mucho de cada persona. Hay entre uno y 1,5% de mujeres asintomáticas en el planeta. He tenido mujeres en los 49 años que están de manual en la perimenopausia y que me han dicho lo siento, no voy a reconocer ni asumir a menos hasta que pase de los 50. Me niego a estar vieja. Hay un estigma social tan grande que empieza por nosotras mismas y que luego existe en el resto de la sociedad. Si preguntamos qué es una mujer menopáusica, siempre es una señora mayor con sofocos, con llantina. Yo no he tenido sofocos y no creo que tenga especialmente mala leche. Y de repente tu cuerpo decide que va por libre y ya no responde a tus hábitos. Soy muy fuerte y fui arrastrando con fuerza y tirando de una separación y de unos hijos que todavía eran pequeños porque tenía que tirar. Hasta que un día paras y dices: 'ya'.

–Ha tenido que venir usted tenido para contarlo... Es pionera en la tele, pero también en dar visibilidad al problema. ¿Lo siente así?

–Me han dicho que no encontraban ninguna persona que, siendo conocida, estuviera feliz de colgarse el cartel de menopáusica en España y abanderarlo. Estoy encantada. Muchas mujeres, con el libro, me dicen: 'gracias por ser tan valiente'. Y yo no supe, hasta que ya lo había publicado, que aparentemente estaba saliendo del armario. Esto no viene más que a confirmar que efectivamente hace falta normalizar esta conversación y quitarnos tonterías de la cabeza. No hay nada que esconder. No nos hacemos viejas. Nos hacemos distintas. No es el fin de nada. Es una transformación.

–Eso es un premio ahora, pero antes hay también un castigo. En su caso fue cómo se metieron con usted cuando aumentó de peso...

–Por un motivo, porque eres conocido y eres carne de cañón. Estás obligada a estar siempre guapa y divina.

Minerva Piquero ha presentado Disfruta Madrid en TelemadridMaría Bereijo

–¿Cómo vivió aquellos días y cómo le afectaron esas faltas de respeto?

–Yo seguía siendo la misma que soy ahora. Es verdad que no me deleitaba en los espejos, pero cuando de repente el mundo me devolvió esa imagen con esas críticas y fue tan escandaloso, de repente pensé: 'ostras, si que debo estar horrible. Yo era consciente de mi realidad. No necesitaba que nadie viniese a ponerme un espejo delante. Pero me avergoncé de mi misma. Empecé a ver las fotografías personales de otra manera. Soy tres veces mi hija. Ese tipo de cosas. Lo pasé mal. Me llevó tiempo.

–¿Cómo se sale de ahí? ¿Qué le diría a esa gente que se siente identificada con usted y con lo que cuenta en su libro?

–He recibido muchos correos de personas en esta situación. Hasta por LinkedIn recibo mensajes de personas que se abren y me cuentan. Yo lo probé todo. Probaba las dietas, iba a endocrinos y me daban dietas. Tenía que contar los pesos, contar los gramos que comía, contar las calorías. No me funcionó. Cuento trucos que todos deberíamos saber en el libro. Tiene que ser un viaje feliz y que tengo que tener recompensas. Por lo tanto, yo me inventé mi propio método, que es el que cuento en este libro, pero que no pretendo que nadie copie. Yo comento en el libro: levántate una mañana y antes de coger el autobús o el metro vas a levantarte una hora antes. En lugar de desayunar ese café que te tomas rápido con tres galletas te vas a preparar un desayuno de me quiero porque me apetece y cuando salga de casa, en lugar de coger el autobús y el metro voy a ir andando porque nunca camino por aquí. Hay que empezar por despertar tu yo. Luego ya eres imparable.

–¿Cómo gestionó el diagnóstico de cáncer que recibió?

–Ahora que pasa el tiempo, con poquísimo drama. Siempre es un momento malo, pero llegó un momento en el que ya venía de estar muy mal por otras cosas. Tenía sobrepeso, una separación y había vivido todo el trauma de cambiar de vida, de la mudanza, de las relaciones. Todo era complicado. De otras enfermedades, accidentes. Tampoco se lo conté a nadie. Ni en mi casa. Mis hijos lo supieron ahora que he publicado el libro. No quería hacer de esto un drama ni que tuvieran miedo porque yo no lo tenía. Me salió bien y podía haber salido mal.

Minerva Piquero, en un momento de la entrevistaMaría Bereijo

–¿Cómo se ha sentido en su vuelta a la televisión con Disfruta Madrid en Telemadrid? ¿Es otra Minerva o es la Minerva de siempre?

Disfruta Madrid llegó cuando yo pensé que ya no iba a hacer tele. Me pareció un regalo porque es un programa bueno. Ha cambiado un poco la última etapa, pero ha sido un programa blanco, fresco, para un público de nuestra quinta, relajado, y el equipo es muy lindo. Disfruta Madrid llega a su fin y yo considero que debo cerrar esta etapa, pero estoy lista para otras cosas. Quiero hacer otras cosas y yo siempre he sido así. Voy abriendo y cerrando. La etapa más interesante y más divertida de mi vida fueron los primeros diez años, por supuesto, en Antena 3 porque tuvimos el privilegio de estar en el sitio adecuado en el momento adecuado, con una libertad absoluta. Tenía millones de españoles que se conectaban porque tenían hambre de ver algo nuevo y distinto que les parecía divertido. Yo trabajaba siete días a la semana, todas las horas del mundo, y lo hacía feliz. Yo sabía cuándo entraba por la mañana y no sabía cuándo salía. Y tuve a un gran maestro como Manuel Martín Ferrand y Jorge del Corral, que siempre fueron mis papás en la tele. Tampoco fui consciente del impacto que tuvo mi imagen, mi trabajo, en la gente. Eso lo supe también mucho después. Pero sé que así es ahora, cuando encuentro a personas diez años más jóvenes que yo, y de ahí para arriba, y que me dicen: '¡eh, Minerva!' . Y yo digo: 'qué regalo'. El cariño está intacto, la cercanía de ser esa casi vecina, cuñada, amiga, porque es como me han tratado siempre con esa familiaridad y que se mantenga ahí, aunque ahora tengamos arrugas y tenemos canas. Y también me doy cuenta de que cuando estoy con ellos, ellos tienen un viaje y vuelven a sus veintes. Eso es maravilloso. Es su mirada la que ahora me mantiene viva en ese recuerdo. Y ese cariño, porque yo no era consciente de esas cosas. No había redes, eran otros tiempos.

–¿Por qué se acabó esa parte de su vida tan tan importante? ¿Lo decidió usted?

–Llevaba 15 años en Antena 3 y dije que me gustaría hacer otra cosa, que no era meteoróloga, sino periodista y me encantaría tener la oportunidad de hacer otra cosa en esta cadena que es mi casa. Hubo un día en el que dije: pues yo voy a probar. Y aunque tenía ya una cría de cinco años y una hipoteca, me lancé. Gloria Lomana se enfadó mucho conmigo. Me decía: 'no quiero que te vayas'. Coincidí con ella hace poco y ya me ha perdonado. Pero yo necesitaba volar.

–Se me ocurre un programa donde creo que hubiera encajado a la perfección: Pasapalabra. ¿Se veía usted también ahí como presentadora?

–Me lo llegaron a ofrecer.

–No sabía... ¿Qué pasó?

–Me lo llegaron a ofrecer, pero no se dio. Tuve una reunión con Manuel Campillo, que entonces era el CEO de Boca a Boca, la productora que lo estaba haciendo, y me llegué a reunir con la directora de programas de Antena 3. Los tres me dijeron: 'oye, nos encantaría que en esta siguiente etapa lo hicieras tú. Te vemos, la verdad'. Pero hubo otras circunstancias en contra de mi voluntad que no lo hicieron posible, en contra de la voluntad de ellos también, que lo deseaban, y no fue posible. Quien me conoce sabe que soy bastante trasto y un poco traviesa. Puedo hacer una entrevista seria y también puedo hacer un concurso o algo más liviano porque a los que nos dedicamos a la comunicación lo que nos gusta son las personas.

–¿Cuándo tuvo esa posibilidad?

–Al principio, muy al principio. Antes de Christian Gálvez.

–¿Me está diciendo que no le dejaron presentar Pasapalabra?

–No lo sé. Creo que sí, habría estado bien. Christian Gálvez hizo un trabajo espectacular en Telecinco. Y qué decir ahora de Roberto Leal, que lo lleva a otro nivel. Eso sí, voy mucho como invitada. Cuando entro por Antena 3 hay algo ahí que me dice mi casa. La última vez que fui, una chica muy amable de producción me decía: 'mira por aquí está maquillaje'. Esa puerta fue mi camerino. Diez años. Esas paredes y esos pasillos vieron tantas cosas... Ahora hay otras personas que están construyendo estas nuevas historias. Me crie aquí. Y pasas a la que fue tu casa.

Minerva Piquero es autora del libro No estoy loca: cómo sobrevivir a la menopausia y sentirte poderosaMaría Bereijo

–Con TVE, donde estuvo poco tiempo, no le pasaría lo mismo...

–Solo estuve en Prado del Rey. Estuvo bien. Trabajaba con José María Íñigo, que tenía una forma de hacer televisión con la que fue líder absoluto y un visionario. Un precursor de muchas cosas en los 60, 70 y 80. Pero con quien yo ya no me sentía tan cómoda en esta época de los 2000, que es cuando yo trabajé con él. Yo no entendía algunas cosas de su forma de hablar y me respetaba una barbaridad porque crecí viendo a este señor en la tele. Y además si no pasabas por el programa de Íñigo y cantabas, no eras nadie, España no te conocía. Pero cuando me tocó estar allí sentada con él, mano a mano, noté que teníamos generaciones distintas y lenguajes distintos y quizás también objetivos distintos. Aún así, muy agradecida por la oportunidad y pensando que podía ser un paso que me permitiera romper con el modelo al que estaba acostumbrada el espectador y hacer otro tipo de cosas. Lo que pasa es que un cambio político inesperado nos puso a todos a la calle en tres meses y todos los programas que se hubieran firmado. Fue el año en el que tuvimos la desgracia de los atentados de los trenes y unas elecciones en vísperas y sin saber lo que habría pasado. La primera decisión al llegar a Moncloa es cambiar al director general de TVE. Se puso a la semana a un nuevo director y todo lo que se firmó en la última etapa con la antigua dirección se suspendió. Recuerdo que Íñigo decía: 'no puede ser. Llevo en este casa 40 años'. Así que nada, fue una aventura corta.

–Cuando ahora ve TVE, con el sesgo de los programas de actualidad defendiendo al Gobierno, ¿qué siente como profesional de la televisión y como espectadora?

–Cuando yo me fui de la tele voluntariamente, sentía que no tenía un sitio para mí. No veía nada fuera del tiempo en lo que yo creía que pudiera estar cómoda. Y esa percepción al final ha ido creciendo. Yo he visto en la redacción cómo había que cambiar textos y cosas por una llamada. Siempre lo he vivido muy de cerca y es verdad que yo perdí un trabajo por una decisión política que no tenía nada que ver conmigo, porque yo jamás me he pronunciado públicamente en cuanto a política. No lo he hecho nunca porque me gustaría poder trabajar para todo el mundo. Ahora mismo no haría un informativo ni muerta. No me metería en un debate político. Lo que pienso realmente de la televisión ahora mismo es que hemos dejado de ser libres. Hace mucho tiempo que siempre que das tu opinión corres el riesgo de ser castigado. Me da mucha rabia que la televisión, que es la única ventana al mundo para millones de personas, tenga que estar tan politizada y tener siempre dueño. Y se va a crear una nueva cadena para cubrir ese vacío que progresivamente va a quedar de apoyo político. Y qué quieres que te diga, para mí la tele es otra cosa. Creo que tiene que haber opinión, pero desde la libertad.

–Ha trabajado en una televisión pública del ámbito autonómico como Telemadrid . ¿Entiende que RTVE no cumple con su servicio de televisión pública?

–Es que no la veo. Yo creo que la televisión pública debería tener otro tipo de contenidos. Y también entiendo que ahora mismo han creado unos contenidos que responden a una ideología política que vende unos derechos, las libertades sociales, que cree que necesita representar. Y lo hace de manera burda, en mi opinión exagerada, cuando no es necesario. Ni Juani ni Juan, antes estaba muy mal también y ahora nos hemos ido al otro extremo. Es una televisión que se gestiona con el dinero de todos y por lo tanto debería responder a los intereses y a las necesidades de todos los españoles y ser plural. La balanza está demasiado hacia un lado que solo representa a un sector. Yo conozco mucha gente que no es. No abanderan políticamente ni están todo el día con discurso político, en especial de un lado ni de otro. Pero que si me han dicho es que no me siento representado. Es que me he llegado a sentir ofendido. La televisión pública sigue siendo el showroom del partido político que esté gobernando. Y esto lo digo para cuando venga el otro, me da igual. Algo estamos haciendo mal porque estamos dejando a la mitad fuera, pero lo estamos pagando entre todos.

–¿Qué presentadores y programas le gustan de lo que ve ahora?

–Me gusta mucho Vallés. Me parece valiente y elegante. Es más, parecía mucho más joven de lo que es. Vi su edad. Me sorprendí. Estás estupendo, Vicente (ríe). Y, sinceramente, no veo informativos. Leo medios todos los días. Estoy suscrita a diferentes medios. A veces busco la misma noticia en tres o cuatro, solo por ver cómo cambian las versiones. Pero yo sé lo que quiero escuchar y ver. Me gusta mucho Carlos Alsina, me gusta mucho Herrera, y luego me encanta que venga gente fresca. Me encanta la humanidad, me encanta un Roberto Leal cuando me habla de cualquier cosa, porque es una buena persona y te habla diferente. Me gusta la gente que le echa ovarios, como María Rey. Y me encanta Miguel Manso y sus entrevistas en Cuatro.

–¿Qué le gustaría hacer ahora después de presentar Disfruta Madrid?

–Hay cosas vinculadas a la comunicación. Hago bastantes convenciones y presento congresos. Pero por supuesto, quiero seguir haciendo tele. Si me quieren, yo quiero.