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Claire Foy, protagonista de la película Ink (Tinta)EFE

Cine

La película que ha abierto con fuerza el Festival de Venecia 2026

Danny Boyle inaugura de forma arrolladora el certamen con el filme Ink (Tinta)

La película INK (Tinta) del británico Danny Boyle inauguró con ímpetu arrollador el 83º Festival Internacional de Venecia recordando uno de los fenómenos periodísticos de la segunda mitad del siglo pasado cuando un tabloide de poca monta, como The Sun, que en Gran Bretaña apenas vendía en 1969 800.000 copias diarias, pasó a vender en pocos años tres y cuatro millones usando las tres Ss (sex, sport y sensación) y convirtiéndose en una exitosa empresa editorial y al mismo tiempo la vergüenza del periodismo serio inglés con sus grandes titulares y fotos topless de hermosas modelos en la tercera página. Reflejándose como en un espejo en ese diario, que bien puede ser definido un pasquín, con el ritmo rimbombante que no deja respiro al espectador, Danny Boyle sirve a las mil maravillas un extraordinario guion de James Graham, inspirado en su propia exitosa pieza teatral, ganadora de dos premios Tonys y el Laurence Olivier, que reconstruye el progresivo pero casi instantáneo éxito del «Sun» que apelaba a los más bajos instintos de un público desprovisto de toda cultura que buscaba solo escapar de su rutina diaria, regodeándose en la desgracia ajena.

El «Sun» es también el ingreso del outsider australiano Rupert Murdoch en un mundo para él desconocido pero que utilizó para acumular dinero y poder y sentó las bases para una deriva reaccionaria y antidemocrática que terminó expandiéndose por todo el planeta. Murdoch, en ayunas de periodismo, supo descubrir el instituto manipulador de un periodista de segunda, Larry Lamb, que no solo cumplió sus deseos sino que incluso los superó, modelando una especie de lector que renunciaba al espíritu crítico y al deseo de información, transformándolo en un receptáculo de emociones cada vez más primitivas. Dos formidables y veteranos intérpretes como Jack O’Connell y Guy Pearce dan vida propia a Murdoch y Lamb, protagonistas de su propio éxito pero con el consiguiente peligro de hacer que el espectador del film se identifique con ellos y de alguna manera justifique todos esos excesos y ese mal gusto que pesó sobre el «Sun» a lo largo de toda su existencia y que lo convirtieron en el mal ejemplo que ningún periodista digno de ese nombre debería seguir.

Una inesperada sorpresa, el filme australiano Agata the Writer de Kuba Dorabialski, del cual se conocía solo su ópera prima Connection of the Sticks, rodada en familia, inauguró la sección paralela independiente «Giornate degli Autori». Al igual que en ese primer film, que desde la lejana Australia recorría varios países de la Europa Oriental para predecir un inminente futuro místico y revolucionario, también en «Agata the Writer», Dorabialski, autor también del guion original, ambienta en la Bosnia Herzegovina y, específicamente, en la Sarajevo de la masacre de indefensos musulmanes en Srebrenica, una parábola sobre la inutilidad de revivir esa masacre si eso no permite prevenirla ni impedirla.

Agata es una escritora polaca que vive en Australia cuando su editor le propone ir a vivir una temporada en Sarajevo y ambientar allí su nueva novela. Aunque su intención es escribir una historia de amor durante el asedio de la ciudad, en realidad es inevitable no hablar de Srebrenica, una zona protegida de las Naciones Unidas, poblada en su mayoría por bosnios musulmanes, de los cuales más de ocho mil fueron asesinados inermes, entre el 6 y el 25 de julio de 1995, por el ejército al mando de Ratko Mladic, condenado a perpetuidad y fallecido en prisión pocos días atrás y todavía considerado héroe nacional por parte de las autoridades serbias. Y por lo tanto, en busca de datos sobre el asedio de Sarajevo, Agata encontrará a diversos sobrevivientes que le harán cambiar de idea sobre su novela.

Dorabialski se identifica con la protagonista y en su película hará uso de un lenguaje cinematográfico original, donde en vez de recrear la masacre se limita a describirla con las mismas palabras del libro, terminando la narración en un tiempo muerto de cinco minutos, donde se ven pasar coches por una carretera, confirmando la imposibilidad e inutilidad de revivir una masacre.

Pero el acontecimiento de esta jornada inaugural fue la entrega del León de Oro a la carrera al mítico George Clooney quien, presentado por su colega Laura Dern, confirmó sentirse muy honrado en recibir este galardón, el cual «no solamente es un honor, es también la señal inexorable de que estoy envejeciendo». Clooney, 65 años el pasado 6 de mayo, es un habitual de la Mostra, no solo como actor sino también como productor y director. Y como productor figura también en el festival veneciano, en la sección fuera de concurso Venice Spotlight, con Furies, del libanés Rami Kodeih, sobre el desastre económico y la crisis bancaria en Líbano, confirmando su compromiso con el cine de denuncia y de crítica.