Nanni Moretti en el festival de Venecia
La vuelta de Moretti al festival de Venecia sin un aplauso realmente sentido
El cineasta italiano estrenó en la competición oficial Sucederá esta noche, donde vuelve a explorar el mundo literario del israelí Eshkol Nevo
La vuelta del cineasta italiano Nanni Moretti al concurso del festival de Venecia, después de 37 años de ausencia, dedicados a frecuentar el de Cannes, más importante comercialmente que el de su propio país, es el acontecimiento de la cuarta jornada de la Mostra veneciana, aunque el aplauso al final de la proyección oficial pareció más formal que sentido verdaderamente.
Succederà questa notte (Ocurrirá esta noche), con la que Moretti vuelve a explorar el mundo literario del israelí Eshkol Nevo, que ya le había inspirado en 2021 Tre piani, es una obra no totalmente lograda, tal vez porque se reparte en varias historias de amor que se entrelazan complicadamente a lo largo de los años y que solo en la media hora final logra implicar emocionalmente al espectador. En esta triple producción, en la que España tiene una cuota minoritaria pero que se concreta egregiamente en la excelente música de Alberto Iglesias, sigue la historia de un joven (Louis Garrel) que se enamora perdidamente de una mujer (Jasmine Trinca) a la que conoció fugazmente el día en la que esta se casaba con otro hombre, persiguiendo ese fantasma a lo largo de los años y que se concreta finalmente de una manera fortuita cuando los dos ya han formados familias a las que le es imposible renunciar.
Con sus colaboradoras habituales, Valia Santella y Federica Pontremoli, Moretti traduce en la pantalla la precisión y la complejidad con la que Nevo describe a sus personajes pero al derivarlos de distintos cuentos del volumen Corazón hambriento, los acumula desparramando la atención del espectador.
Y así personajes como los padres del protagonista (Hyppolyte Girardot y Angela Finocchiaro), entrañables y con una personalidad y una historia paralela propia, entorpecen la narración y desvían el foco de la pareja principal, retardando la identificación que llegará en la media hora final. En el medio están los tics narrativos de Moretti que, a sus 73 años forman parte de su inconfundible lenguaje, y que lo convierten en un cineasta perfectamente identificable que ha decidido renunciar a mensajes y denuncias políticas para concentrarse en historias de amor, interpretadas por un elenco en el que descuellan sobre todo Trinca y Girardot.
Lance Oppenheim
Completaba el concurso de hoy Primetime del norteamericano Lance Oppenheim que evoca una controvertida página de la televisión estadounidense cuando un programa se dedicó (con mucho éxito por cierto) a desenmascarar el oscuro mundo de las chats de encuentros sexuales entre adultos y adolescentes, sirviéndose de falsos perfiles que atraían a pedófilos a una cita y los filmaban cuando eran detenidos por la policía.
Robert Pattinson es el presentador de este programa que mezcla entretenimiento con pornografía, sed de justicia con invasión de privacidad, sensacionalismo y manipulación y donde se sugiere que el límite entre la perversión y las buenas costumbres es más que esfumado y donde el que denuncia puede tener más secretos que esconder que los mismos denunciados.
Sorprende que un cineasta como Oppenheim, más conocido hasta el momento como documentalista y por lo tanto uno que apunta a respetar la realidad, haya recurrido en su primera obra de ficción a una manipulación exagerada de la narración, hiriendo la vista y la mente del espectador con una excesiva dosis de imágenes deformadas, un montaje desordenado y una cámara exasperada, permitiendo la constante sobreactuación de Pattinson, explicable sabiendo que éste es uno de los productores del film.
La jornada fue salvada en parte fuera de concurso por el film francés Jupiter del debutante Alexandre Smia, escalofriante predicción de la tercera guerra mundial, precipitada por un probable intento de asesinato de un líder ruso por parte de un país por él invadido y que de represalia en represalia llevará al mundo a la aniquilación nuclear. Lo que conmueve en el film en sus apretados y concisos 87 minutos es la semejanza absoluta con la realidad actual pero sobre todo por la ineluctabilidad de los hechos que nadie es capaz de interrumpir.