Los característicos títulos de crédito de las películas de Woody Allen
Cine
¿Por qué Woody Allen utiliza siempre los mismos títulos de crédito en sus películas?
Desde que hizo Annie Hall en 1977 no ha utilizado otros
El diseño de los títulos de crédito de Woody Allen es siempre el mismo: texto blanco sobre fondo negro, centrado, sin imágenes de fondo, acompañado de música clásica o jazz y con el elenco actoral presentado por orden estrictamente alfabético. Pero las razones que hay detrás de esa decisión meramente estilística obedecen a la particular forma de pensar del cineasta que lleva usando el mismo formato desde hace casi 50 años.
En 1977, Woody Allen trabajaba en la postproducción de la que sigue siendo para muchos su mayor obra maestra, Annie Hall, cuando decidió remontarla entera con lo que los costes se estaban disparando. Así que, para ahorrar, decidió hacer unos títulos de crédito menos sofisticados de lo que era habitual en la época y optó por una solución tipográfica simple y barata: rótulo blanco sobre fondo negro.
Títulos de crédito de Annie Hall
Unos días después de esta decisión, Allen se encontró en una cafetería con el legendario tipógrafo Ed Benguiat, creador de las fuentes de Stranger Things, El planeta de los simios o el logo de Esquire. El cineasta le preguntó cuál era, a su juicio, el tipo de letra más elegante que había y el otro contestó, sin dudarlo, la Windsor creada en 1905 por Eleisha Pechey y que le maravillaba por su aire clásico, ligeramente bohemio y atemporal. El neoyorkino decidió utilizarla para los créditos de su película, pero en su versión más ligera, es decir la Windsor Ligth Condensed. Allen se enamoró del resultado final y nunca más ha vuelto a cambiar.
Dicho esto, es absolutamente innegable que esta decisión estilística tiene un montón de lecturas a nivel creativo y de industria. Para empezar, porque con ella, Woody Allen, un cineasta más próximo al cine teatral y literario que al cine espectáculo, subraya sólo con esta decisión tipográfica un tono literario y de «efecto cubierta de libro» que enseguida se convirtió en una seña de identidad. Allen aproxima así al espectador a una experiencia íntima, que se «lee», no a un gran show de fuegos artificiales.
Además, no distraen al espectador del tono de la historia, pues el fondo negro actúa como un espacio de silencio visual que nos prepara para el primer plano de la película. Esta estandarización de los créditos crea, además, una firma gráfica de Allen y una sensación de atemporalidad evidente: Sus películas -sus películas- no pasan de moda y esos primeros acordes de Benny Goodman, Django Reinhardt o George Gershwin trasladan inmediatamente a una película del «universo Woody Allen».
De hecho, lo único que cambia en sus créditos es la música que, en realidad, marca el tono del filme porque al reducir al mínimo la expresión visual, el espectador no se distrae de la parte sonora. Así, el aria Una furtiva lagrima de la ópera L'elisir d'amore de Gaetano Donizetti utilizado en Match Point introduce en un mundo totalmente distinto al de El vuelo del moscardón de Nikolai Rimsky-Kórsakov que empleó para los créditos de Días de radio.
Y a ello se añade por último que, a diferencia de las producciones convencionales de Hollywood, donde el orden en los créditos iniciales se negocia ferozmente en los contratos de las estrellas, quien trabaja con Woody Allen conoce su regla estricta: los nombres del reparto aparecen siempre en estricto orden alfabético. Esta magnífica idea no sólo acaba con las jerarquías, sino que elimina los egos de sus actores a los que da el mismo tratamiento visual en pantalla, desde el protagonista absoluto hasta el secundario que tiene una sola frase.
En definitiva, lo que nació como una decisión de economía de recursos, se convirtió en una seña de identidad, de coherencia estética y de posicionamiento artístico como pocas veces se dan en el cine gracias a un elemento gráfico. Una austeridad que contrasta de manera magnífica con la complejidad y riqueza de sus personajes y tramas. Pero esa… es otra historia.