Fundado en 1910

John Ford dirigió a Ava Gardner y Clark Gable en MogamboGTRES

Cine

Las dos películas que Ava Gardner no pudo hacer para John Ford

La actriz y el director se hicieron grandes amigos durante el rodaje de Mogambo en 1953 y siempre quisieron volver a trabajar juntos

John Ford y Ava Gardner trabajaron juntos en Mogambo en 1953. Él venía de hacer Río Grande y El hombre tranquilo y ella, Las nieves del Kilimanjaro y Los caballeros del Rey Arturo. Ambos, en la cima, ambos enormes. Sin embargo, Hollywood les traía bastante sin cuidado. La industria y sus imposiciones les molestaban y odiaban los compromisos y las luchas por una financiación o un papel. Se entendieron enseguida.

El rodaje de Mogambo no fue en estudios como la mayoría de las grandes producciones de esa época. La Metro y John Ford convinieron desde el primer momento que aquella película de aventuras africana se rodaría en exteriores, por lo que, a finales de 1952, un equipo de más de 200 personas se trasladó al corazón del continente africano. Durante más de cuatro meses, Uganda, Kenia, Nairobi y Tanzania (entonces, Tanganica) contempló el rodaje de una de las películas más queridas del director que contó con un reparto de estrellas único en su carrera: Clark Gable, Grace Kelly y Ava Gardner.

Clark Gable y Ava GardnerGTRES

El equipo se enfrentó a un entorno impredecible y hostil que convirtió el rodaje en uno de los más exigentes de sus respectivas carreras y es que las temperaturas sofocantes, la humedad aplastante de la selva y las lluvias torrenciales complicaban el plan de rodaje casi a diario. Además, prácticamente todos ellos pillaron disentería, malaria o fiebres tropicales y sufrieron varios ataques de insectos y reptiles y en mitad de la producción se hallaron inmersos en medio de un levantamiento armado de la tribu Mau Mau contra el dominio colonial británico.

Ford acababa las jornadas harto y enfurecido, sin querer hacer nada más que sentarse a oscuras y beber. Sólo aceptaba la presencia de Ava Gardner en su tienda. El director la admiraba desde el primer día de trabajo por su volcánico temperamento que la hacía no amilanarse jamás ante los desplantes -cuando no, humillaciones- de Ford con sus actores. El director admiraba su sentido del humor irreverente y la manera deslenguada con que se refería a los grandes magnates de Hollywood y muchas de sus estrellas.

John Wayne protagonizó La taberna del irlandés

Tanto es así, que Ford le permitió improvisar lo que quisiera en el rodaje como en la famosa escena en la que juega con un bebé hipopótamo o las respuestas que le da a Gable mientras se ducha en la selva. El resultado fue la única nominación al Oscar en la carrera de la actriz y una amistad férrea entre ambos que duraría toda la vida, además de una película que es, para muchos fans del director, de las mejores de toda su carrera.

Así que diez años después, cuando Ford se hallaba inmerso en la preproducción de La taberna del irlandés, pidió a su amigo guionista Frank S. Nugent que escribiera el guion pensando en ella. Gardner, que por entonces vivía en España, llevaba casi tres años sin trabajar y estaba sufriendo un deterioro físico evidente debido a sus excesos con el alcohol. Y aunque Ford hizo todo lo posible por incluirla en el cartel principal de la película para la que ya tenía contratados a John Wayne y Lee Marvin, la Paramount se negó a aceptar el calendario de rodaje de la actriz que quería moverse de Madrid lo menos posible y mostraba grandes reticencias al rodaje en Hawái. Así que, finalmente, ella hizo 55 días en Pekín para Samuel Bronston Productions y él contrató a Elizabeth Allen, actriz de limitada carrera y de limitadas dotes interpretativas.

Con todo, el cineasta no cejó en su empeño de volver a trabajar con la actriz y tres años después volvería a tocar a su puerta, esta vez para dar vida a la protagonista de Siete mujeres, la Dra. Cartwright, una aguerrida mujer atea, fumadora, desenfadada y libre que llega a una misión en China para sacudir los cimientos religiosos del lugar. Pero, en aquella ocasión, la actriz tuvo que rechazarlo no por motivos de agenda o de salud, sino fiscales. Y es que, al residir en Europa, no podía pasar más de la mitad del año trabajado en Estados Unidos, aparte de que la Metro no quería pagarle su elevadísimo caché porque elevaría enormemente los costes de producción. Así que el decepcionado director se lo ofreció a Patricia Neal que lo aceptó entusiasmada, aunque padeció un derrame cerebral poco antes de empezar el rodaje y ya no pudo incorporarse a él, razón por la cual lo acabaría interpretando Anne Bancroft, magnífica actriz, aunque demasiado moderna, quizá, para el cine del maestro.

Sea como fuere, siempre nos quedará en el recuerdo la única película que John Ford y Ava Gardner realizaron juntos. Aquella en la que «el animal más bello del mundo» sale, seguramente, más guapa que nunca.