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Fotograma de Sunny Dancer

Crítica de cine

'Sunny Dancer', la nueva película que aborda el cáncer entre el drama y la comedia

Historias de esperanza y superación en la lucha contra una grave enfermedad

Del Reino Unido nos llega una película que está a caballo entre el drama y la comedia que aborda un argumento que a priori suele echar para atrás y que sin embargo nos ha dejado brillantes títulos en el cine contemporáneo. Nos referimos a historias de niños y adolescentes que padecen enfermedades graves, frecuentemente el cáncer. Efectivamente, Sunny Dancer sigue la estela de películas como Maktub (P. Arango, 2011), Lo que de verdad importa (P. Arango, 2017), Planta 4ª (A. Mercero, 2003), Bajo la misma estrella (J. Boone, 2014), Ahora y siempre (O. Parker, 2012), Uno para todos (D. Ilundain, 2020) o la serie Alexa & Katie (2020), entre otras. Historias de esperanza y superación en la lucha contra una grave enfermedad, a menudo letal.

Ivy (Bella Ramsey) es una adolescente que parece haber dejado atrás un cáncer. Sus padres, al llegar el verano, la inscriben contra su voluntad en un campamento para menores que han superado recientemente esa misma enfermedad. Ivy tiene un carácter rebelde e impertinente y llega al campamento con mala predisposición, sobre todo cuando comprueba que sus compañeros ya se conocen de otros años y forman una pandilla de amigos a la que ella no pertenece. Pero enseguida la acogerán e Ivy aprenderá a mirarse y a mirar a los demás de otra manera.

L a cinta de George Jaque constituye su segundo largometraje después de otra historia juvenil, Black dog (2023). Por un lado, el guion nos cuenta las típicas vivencias adolescentes de una chica que descubre la amistad, que quiere empezar a vivir su sexualidad, que es inconformista y rebelde y que descubre su primer amor. En este sentido la película es fresca y ligera, pero también previsible y poco original.

Lo que ocurre es que esta línea argumental se entrelaza con el drama de quien vive marcado por el sambenito del cáncer, el miedo a recaer y el cansancio de vivir «dando pena» a los demás. Ivy se abre a los demás cuando conoce el sufrimiento de los otros, cuando se pone en el punto de vista de sus compañeros o monitores del campamento.

Sin embargo, la película se queda corta en su perspectiva antropológica, que no va más allá de una complicidad sentimental y un optimismo algo voluntarista. En plena edad del despertar de las grandes preguntas y la búsqueda de sentido se echa de menos una mayor hondura frente a la cercanía de la muerte o un desarrollo de los conflictos más profundo.

La película se sostiene muy bien con la excelente interpretación de Bella Ramsey, una actriz muy alejada de los cánones de belleza juvenil, y que ha triunfado -quizá también por ello- en la serie distópica The Last of us. También la vimos en la pasada temporada en la divertida comedia Las ovejas detectives. Ramsey está rodeada de un brillante elenco de secundarios que funcionan como un mecanismo recién engrasado. Quizá la madre de Ivy es un personaje demasiado histriónico, que rompe un poco el tono del film. El resultado es interesante, entretenido, pero deja con ganas de algo más.