Alfredo Landa, en El crack
Historias de película
La película de Garci que cambió la vida de Alfredo Landa
Después de 20 años haciendo comedia, José Luis Garci fue el único director en apostar por otros registros interpretativos del actor
Entre 1962 y 1980 Alfredo Landa intervino en 80 películas. Las primeras 40, en la década de los 60 y entre ellas están algunas de las películas más taquilleras de su tiempo, desde su debut en Atraco a las 3 a películas corales como 40 grados a la sombra o Novios 68. Pero en los 70, la popularidad de Landa no hizo si no crecer y crecer hasta el punto de ser él estrella indiscutible de casi todas sus películas como Cateto a babor, ¡Vente a Alemania, Pepe!, Vente a ligar al Oeste, París bien vale una moza, Un curita cañón, Manolo la nuit o Jenaro el de los 14. El dominio del actor en la comedia española de la década de la que él fue su máximo exponente hizo que sus películas se circunscribieran a un género oficioso llamado el landismo. Y entre ellas estuvo la película española con mayor número de espectadores del siglo XX: No desearás al vecino del quinto, de 1970.
Sí, Alfredo Landa era el rey de la comedia.
Por eso, a todo el mundo cogió a desmano la película que protagonizó en 1981. El actor había empezado la nueva década con una película pequeña mexicana y dos comedias españolas, El alcalde y la política y El canto de la cigarra que, alejadas quizá un poco de sus comedias más setenteras, era un poco más de lo mismo. Sin embargo, José Luis Garci lo cambió todo. El director y el actor habían trabajado juntos en 1979 en Las verdes praderas, una comedia dramática que, a través del humor satírico, miraba a la clase media española reflexionando sobre la falsa felicidad y la alienación social. Pero todo narrado muy a lo Garci, con mucha delicadeza y sin grandes discursos.
Pero El crack era distinto. Con guion de Garci y Horacio Valcárcel, la película contaba la vida de Germán Areta, un detective privado de Madrid que recibía el encargo de encontrar a la hija de un empresario de Ponferrada. El género era una suerte de mezcla entre el neo-noir americano y el poliziesco italiano, con mucha decadencia y personajes roncos y turbios. Y su protagonista absoluto… Alfredo Landa.
La película fue un éxito y funcionó muy bien desde el primer día en las salas comerciales y tuvo casi un millón de espectadores. Se celebró desde el primer momento la habilidad de Garci para adoptar los viejos códigos del noir al Madrid de la Transición y se valoró especialmente la atmósfera, la iluminación y la solidez de un guion redondo. No tardó en convertirse en una película de culto. Pero es innegable que la presencia de Landa fue fundamental para obrarse este milagro.
Landa se mostró siempre agradecido al cineasta por aquella oportunidad. En muchas ocasiones dijo que «la gente no entendía que quisiera dejar la comedia, que era muy rentable, para meterme en un terreno tan arriesgado» para añadir, también, que «Garci fue el único que tuvo los cojones de darme el papel que cambió mi vida. Vio en mí algo que los demás productores ni se planteaban. Con El crack me regaló el respeto absoluto de la profesión y de la crítica, me demostró que podía ser el actor que siempre quise ser».
Y es que aquella forma de interpretar, tan alejada del histrionismo de sus papeles del landismo, fue un verdadero desafío para el actor. Así lo explicó: «Yo venía de hacer personajes hiperactivos, de moverme mucho, de gritar, de gesticular con las manos. José Luis me dijo: 'Alfredo, no muevas un solo músculo. Areta lo dice todo con los ojos y con el cansancio que lleva encima'. Descubrí que conteniéndome era capaz de transmitir muchísimo más que haciendo aspavientos».
Aquel personaje único, alejado del héroe de acción, solitario e íntegro, que no buscaba medallas sino, sencillamente, hacer bien su trabajo, cambió para siempre su vida. Porque después llegarían El crack 2, Los santos inocentes, La vaquilla, El bosque animado, La marrana, Canción de cuna e Historia de un beso. Pero todo empezó con Areta en aquel bar de carretera en el que Landa convirtió en inmortal la frase con que se presentaba su personaje: «Dame el mechero o te quemo los huevos».