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El cabo del terrorGTRES

Cine

El grandioso personaje de Robert Mitchum que De Niro intentó mejorar y Bardem destrozó

Max Cady es uno de los psicópatas más inquietantes y sádicos de la historia del cine

En 1957, el escritor estadounidense John D. MacDonald publicó la novela Los ejecutores que cuenta la pesadilla por la que pasa Sam Bowden, un apacible abogado de un pueblo de Florida cuando reaparece en su vida Max Cady, un exconvicto que ha pasado 14 años en prisión por un delito de agresión sexual. Bowden, cuyo testimonio fue determinante para la condena, no sospecha que Cady se ha propuesto acosarle sistemáticamente hasta arruinar su vida y la de su familia. Publicada por la editorial Simon & Schuster, la novela tuvo una acogida comercial inmediata y vendió millones de ejemplares consolidando a MacDonald como uno de los autores de literatura de suspense y thriller más rentables de Estados Unidos.

En 1961, Gregory Peck, estrella indiscutible del cine de Hollywood de la década de los 50 que tenía en su haber algunas películas imprescindibles como Moby Dick, Mi desconfiada esposa y Horizontes de grandeza compró los derechos de la novela a través de su productora. Tras ello, contrató al guionista James R. Webb al que indicó que escribiera para él el papel del villano. Sin embargo, cuando Universal-Internacional entró en el proyecto como coproductora persuadieron a Peck para que no manchara su nombre asociándolo con el del psicópata acosador.

Al asumir el rol de Bodwen, Peck no lo dudó y ofreció el papel para infundir la brutalidad necesaria del personaje a Robert Mitchum. Éste lo rechazó inicialmente por resultarle demasiado sádico y le preocupaba que perjudicase su imagen, pero Peck le persuadió a basa de bourbon y cenas y en pocos días aceptó el papel.

Posteriormente, el actor le ofreció la dirección a Alfred Hitchcock, pero después de que lo rechazase por estar en plena preproducción de Los pájaros, pensó en el director británico J. Lee Thompson con quien acababa de trabajar en Los cañones de Navarone. El realizador aceptó sin leer el guion entusiasmado ante la idea de dirigir en Peck y Mitchum en una película tan opresiva. Bernard Herrmann creó una banda sonora inolvidable y la fotografía y el diseño de producción contribuyeron a crear una de los thrillers más oscuros y angustiosos de su tiempo.

La crítica, entusiasmada, alabó todo del filme, pero sobre todo el inolvidable trabajo de Robert Mitchum. El New York Times publicaría: «Interpreta al villano con la arrogancia más descarada y malvada, y con el aura de sadismo más implacable que jamás haya logrado generar»; la revista Variety diría: «Mitchum interpreta al exconvicto con una arrogancia aterradora y malévola que le da a la película su impulso primario» y Time Magazine apuntaba: «Rezumando amenaza sexual, es la esencia de una fuerza siniestra e imparable».

Cady, uno de psicópatas más fascinantes de la historia del cine, era un personaje demasiado goloso como para que no llegaran nuevas versiones con el tiempo. En 1991 fue Martin Scorsese el que quiso revisar la historia dándole a Robert De Niro el inquietante papel. Pero, lejos de la contención de Mitchum para construir al personaje que proyecta una sexualidad bruta y sin aspavientos, el de De Niro era una especie de analfabeto funcional que citaba con el mismo fervor versículos del Antiguo Testamento que del Código Civil. Este Cady era físicamente aterrador, con un cuerpo cincelado por las pesas y lleno de tatuajes y De Niro le dio un toque grotesco y teatral, a veces inverosímil, sobre todo al final de la cinta cuando parece que una especie de fuerza sobrenatural le hace resistir el dolor de manera poderosa. Es aterrador sí, pero menos humano.

No parecía pues, que tras el remake de Scorsese -que fue un pelotazo de taquilla pese a una crítica irregular- nadie pudiera tener ganas de volver sobre el drama de la familia Bodwen. Sin embargo, Apple TV con la producción ejecutiva del propio Scorsese y Steven Spielberg, estrenó en 2026 la serie de diez episodios en la que, evidentemente, todos los personajes tienen un arco dramático más extenso.

En el papel del sádico Cady está en esta ocasión Javier Bardem que se presenta como una víctima del sistema judicial y que se aproxima a la familia Bodwen no como un elemento disruptivo, sino como un manipulador que explotará la vulnerabilidad de sus miembros desde dentro. El español opta por una interpretación hierática y pausada, que trata de inquietar desde una gravedad forzosa cambiando por completo el espíritu del personaje irradiando una psicopatía que, lejos de ser genuina, recuerda demasiado a la del personaje que exploró en No es país para viejos, aunque con una constante sonrisa de superioridad.

De lo que no parece haber duda es que entre el psicópata manipulador y frío de Bardem, el delirante y desatado de De Niro y el indolente y sensual de Mitchum, el de este último sigue siendo el más recordado. No sólo porque su Max Cady es el que se aproxima más al descrito en la novela original, sino porque dibujó uno de los personajes más inquietantes y aterradores de la historia del cine. Apenas mirando desde el otro lado de la calle…